Contraportada

España exporta material de tortura 

Vivir en Disneylandia

Mientras los gobiernos siguen de brazos cruzados, los torturadores de todo el mundo se están armando con un equipamiento cada vez más sofisticado y, según un nuevo informe hecho público por A.I., el comercio de este material va en aumento.

En una carta entregada al Secretario de Estado de Comercio, acompañada de grilletes simbólicos made in Spain, A.I. denuncia que tampoco España escapa a tan siniestro comercio. De hecho el pasado mes de octubre se descubría que la empresa vasca Larrañaga y Elorza podía haber exportado grilletes a Ruanda -país sobre el que pesa un embargo de Naciones Unidas tras el genocidio de 1994- sin la pertinente autorización del gobierno, requisito indispensable según la legislación española.

Según la información facilitada por el gobierno, esta empresa no fue sancionada por violar la legislación vigente (Ley de Represión del Contrabando) y únicamente tuvo que inscribirse en el Registro Especial de Exportadores de Material de Defensa de Doble Uso.

Además, investigaciones posteriores han revelado que Larrañaga y Elorza venía exportando habitualmente este tipo de material desde una partida arancelaria muy distinta a la de Armas y municiones. Productos como los grilletes se emboscaban en partidas como candados, cerraduras y cerrojos. Y entre los clientes de grilletesLarrañaga y Elorza figura no sólo Ruanda, también forman parte de su cartera países con expedientes tan oscuros de derechos humanos como Israel, Líbano, Emiratos Árabes, EE.UU., Yugoslavia, Túnez, Egipto, Venezuela, Ecuador o Brasil.

Estos grilletes permiten encadenar a las víctimas por los tobillos, encadenarles la cintura e incluso atarles de pies y manos uniendo esposas y grilletes con una cadena, vulnerando las Reglas Mínimas para el Tratamiento de Reclusos y Detenidos de la ONU. La sección española de A.I. reclama al gobierno que prohíba el material policial y de seguridad cuyo uso sea intrínsecamente cruel, degradante o inhumano.

Es precisamente el secreto y la falta de control de este comercio lo que facilita que grilletes, barras y esposas lleguen a manos de los torturadores y que éstos los utilicen. El gobierno español se comprometió hace ya cuatro años a informar periódicamente, a través de una partida específica, de las transferencias militares, de seguridad y policiales que se produjeran desde España. Una promesa que, a día de hoy, sigue incumplida. A.I. ha exigido un control parlamentario previo de exportaciones de armas y ha pedido al gobierno español que informe al Congreso de los Diputados de las armas y el material de seguridad exportados y de sus destinatarios.

Igualmente, A.I. aboga por la introducción de medidas de control de los intermediarios y transportistas de armas en el ámbito de la U.E., a fin de evitar casos como el de Larrañaga y Elorza. En particularA.I. pide a los gobiernos:

1. La prohibición de la fabricación, uso y promoción de material policial y de seguridad cuando dicho uso sea, por su propia naturaleza, cruel, inhumano o degradante. Esta medida incluirá grilletes con barra, cinturones paralizantes electrochoque, las esposas dentadas para los pulgares...

2. La suspensión del uso de dispositivos electrochoque, las esposas para pulgares, grilletes, planchas de inmovilización, sillas de sujección y armas de gas y de pimienta. Asimismo se suspenderán las transferencias de este tipo de material a otros países hasta que se realice una investigación rigurosa sobre sus efectos.

3. Garantías de que no se transfieran conocimientos, técnicas y tecnologías a otros países que puedan servir para practicar torturas.

Amnistía Internacional

Los Estados Unidos de América son un gigantesco parque temático, una proyección real de la pueril utopía virtual de un mercader de la "inocencia", apóstol de una infancia eterna. Los que no sean como niños no entrarán en el paraíso Disney, concebido como un megacentro comercial, un hipermercado del juguete y del entretenimiento.

Los niños de hoy, parafraseando a Perogrullo, que es el filósofo de moda, serán los consumidores del mañana, el mercado del futuro, y, cuanto más niños sigan siendo, mejores consumidores serán.

La corporación Disney, la nación Disney, la "corponación Disney", a través de sus holdings, controla en Estados Unidos cinco estudios cinematográficos, 20 cadenas de televisión y una cadena de radio que ofrece sus programas a 3.400 emisoras, a lo que hay que sumar más de seiscientas tiendas, editoriales, equipos deportivos, compañías de seguros, parques temáticos, publicaciones y franquicias, más una inversión muy significativa en el mundo de la educación en colaboración con universidades, institutos y colegios. Walt Disney, y no Stalin como pensaba Orwell, es el auténtico Gran Hermano, y digo es porque, según su leyenda, el Mesías fue congelado y criogenizado después de su muerte, y algún día resucitará para ponerse al frente de su imperio.

Cuando, una vez, le preguntaron a Disney por qué no se presentaba a las elecciones de la alcaldía de Los Ángeles, éste respondió: "¿para qué quiero ser alcalde si ya soy rey".

La forma de vida preconizada por el creador de Mickey Mouse se concreta en la parodia de la realidad de sus parques temáticos y en una pequeña ciudad norteamericana llamada Celebration, utopía liofilizada, sueño hecho realidad de una clase media y blanca estadounidense. Una ciudad sin delincuencia, sin violencia, sin mendicidad y sin libertad, pues sus habitantes dejan en manos de los sacerdotes de Disney todos sus derechos para vivir en este sucedáneo del paraíso en la Tierra.

Las películas de Disney proclaman los peores estereitipos, más o menos encubiertos, del racismo, del sexismo y el neoliberalismo. En sus "inocentes" fábulas animales, se justifican las castas y los gobiernos patriarcales y autoritarios.

Walt Disney está sentado a la derecha de Dios Padre y Patrón y dirige los destinos de la infancia en todo el mundo presuntamente civilizado. Mickey Mouse, dice el presidente de la Compañía, derribó con sus propias manos el muro de Berlín y ofreció a los ciudadanos del Este la visión de un Edén de dibujos animados, buenos sentimientos y pensamiento único.

Todo esto y mucho más lo cuenta Henry A. Giroux, un profesor norteamericano en un libro de reciente publicación, El ratoncito feroz (Disney, o el fin de la inocencia), un libro de obligada lectura para todos aquellos que siguen pensando que los dibujos animados son cosa de niños, inocuos y ejemplares.

Moncho Alpuente