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¡Claro que existen muchos y muy variados
motivos para que arda el monte! De hecho
hay tantos que no aparecerá un solo culpa-
ble de la debacle veraniega.
Comencemos por la industria maderera,
que mediante la mafia de compra y reventa
(administración mediante) saca de ahí los
palets y la madera de andamiaje. Si Galicia,
Asturias o Huelva son inmensos eucalipta-
les será para algo (o mejor dicho, para alguien).
De los animales ni se habla.
Sobre la especulación urbanística, un mes
antes de la gloriosa jornada con 150 incen-
dios casuales (claro, claro), el cotilleo era que
Florentino Pérez y demás infraseres urbanís-
ticos habían fijado su ojo de fuego en la costa
gallega. Total, para los guiris adinerados el lema
de "Una casa en la soleada eppaña" vale igual.
Y para eso Don Manuel (como algunos lla-
man al asesino de Fraga en su tierra) sembró
la costa de "dinamizadores" puertos depor-
tivos. Puedes quemar para comprar barato y
esperar, para fastidiar tierras comunales, para
que toda futura construcción sea en la costa
(si todo el resto está quemado), en fin, los
caminos de la especulación son insondables.
Y también está la política, claro. El crear
malestar, y discutir sobre tramas, aunque en
una aldea del Salnés sus jubilados subieran
a vigilar el monte justo antes de que estallara
el cachondeo. En las aldeas todo se sabe. A
la primera manifestación (inesperada por el
poder y donde la CNT tuvo algo más que bas-
tante que ver) siguió un contraataque rápi-
do (lema básico: "Dimisiones No") por parte
de la UPG (organización "china" cortadora
de bacalao y fagocitadora de Nunca Máis), y
ya después el guión previsto, esto es, el bau-
tizo de la plataforma agit-prop del PP. Total,
tras todas las civilizadas protestas del Prestige
(sólo se tiraron dos alcaldes al mar) la esqui-
na noroeste sigue sin barco anticontamina-
ción, remolcadores adecuados, planes de
emergencia o demás concesiones adminis-
trativas. Bueno, algo sí quedó, un montón de
carteles de aquel Plan Galicia al que la CNT
llamó públicamente "mentira".
Y tus clientes ponen la mano de obra.
Casi veinte años manipulando subvenciones
dan para levantar una enorme red clientelar
de gente que te debe favores. En una tierra
que devolvió fondos estructurales por "no
tener donde gastarlos", los incendios son un
negocio como cualquier otro, con currelas
escogidos a dedo por el de turno, el "Estilo
Tragsa" que a buen seguro recordarán. No, no
me extraña que el PP diera instrucciones a sus
ayuntamientos para dilatar la contratación
de brigadistas. Imaginen la escena: "No, si claro
que contamos contigo, como siempre, pero
es que la Xunta no nos da el dinero...".
Pues sí. Lo habitual en el capitalismo de
súbditos. Entre todos la mataron, y ella sola
se murió. ¿Y dónde descansa la tierra?
66 años después de su entronización como
caudillísimo, excelso matarife y déspota
superlativo, 31 años después de la desapari-
ción física del generalazo, le siguen desca-
balgando de sus pedestales y sus patéticas
estatuas ecuestres (nunca daba la talla del
caballo y si reducían al équido quedaba en
poney) marchan camino del desguace acom-
pañadas por un decrépito coro de plañideras
nostálgicas con sus descerebrados nietecillos
que lucen sus esvásticas como logos de moda,
marcas registradas de su idiotez congénita.
En los prolegómenos de la campaña elec-
toral, los socialistas madrileños, más vale tarde
que nunca, exigen al consistorio que retire
de avenidas, calles y plazas de la Villa, las
infamantes placas, trescientas por lo menos,
que celebran y honran la memoria de otros
tantos criminales de guerra y de posguerra,
de sus cómplices y de sus sangrientas efemé-
rides. Un buen amigo, cuyo nombre no cito
para no acrecentar su bochorno, vive desde
hace tiempo, acomplejado, en un conforta-
ble piso de la calle del General Yagüe, muy
cerca de la plaza de Perón. Mi amigo, llamé-
mosle R se avergüenza cada vez que tiene que
dar su dirección en público o escribir su remi-
te en una carta, ha prescindido de las tarje-
tas de visita y pide a los taxistas que le dejen
en la esquina de una calle menos ofensiva
para no pronunciar el nombre maldito del
inmundo carnicero. En los años cincuenta
publicó la revista humorística La Codorniz una
iniciativa original y novedosa para aclarar el
embrollo de los cambios de nombre del calle-
jero que se producían con los recambios de
gobierno, o de régimen. El anónimo humorista
sugería que se conservaran los viejos nom-
bres de los prohombres callejeados, pero aña-
diéndoles un adjetivo peyorativo o admirativo
según los vientos políticos. Si el general
Gutiérrez, caía en desgracia por un quítame
allá ese golpe fallido, en vez de borrar su
nombre infame y sustituirlo por el de su cole-
ga y enemigo acérrimo, el general Peláez, con
el consiguiente lío, bastaba con añadir el epí-
teto correspondiente, verbigracia: Calle del
Malvado General Gutiérrez.
Si mi amigo R pudiera remitir sus cartas
desde la calle del cabronazo del General Mola,
se terminarían sus problemas y se preserva-
ría la memoria histórica. Por desgracia aún
se conservan estupendamente, sin complejos
y con poderes, símbolos vivientes y supervi-
vientes de aquellos años de plomo, aún se
sientan en los parlamentos y en los consejos
de administración, sin estatuas, sin pudor y
sin vergüenza.
Símbolos
Moncho Alpuente
Ningures
cnt
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Octubre 2006
VI época - Madrid
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ISSN. 1135-173X D.L.: M-36436-79
Fº Carpintero
Secretaría de Acción Sindical y Social de la
CNT de Adra
A
ntonio Vargas Rivas, como miles
de jóvenes de aquella generación
tiene tras sus espaldas un exten-
so bagaje de lucha en pro de la
emancipación de la clase traba-
jadora. Tras proclamarse el 14 de abril de 1931
la Segunda República empieza a interesarse
por las cuestiones sociales. En 1933 ingresa
en las Juventudes Libertarias organización
que pretende difundir las ideas emancipado-
ras del anarquismo entre los más jóvenes, un
año más tarde es detenido, con apenas 15
años acusado de celebrar reuniones clandes-
tinas y leer literatura ácrata. Participa meses
más tarde, junto con otros compañeros en la
constitución de un sindicato de la CNT, la
gran central anarcosindicalista, donde bien
pronto se curtirá en las luchas sindicales.
El estallido de lo que dio en llamarse
Guerra Civil le sorprende trabajando de pana-
dero, ocupa junto a los demás compañeros
libertarios un puesto de vanguardia en la
lucha contra la sublevación militar, tanto en
Adra como en Almería. Días después, junto
cientos de milicianos parte hacia la Alpujarra
donde ganarán para la causa pueblos como
Albuñol, Albondón, Ugíjar, Cádiar etc.
Durante la contienda desempeñó cargos
de responsabilidad, tanto en el frente como
en la retaguardia, formando parte del Comité
de Guerra, Comité de la Colectividad de la
Industria Pesquera y del Consejo Municipal.
Al final de la contienda, que culminó con
la victoria de los ejércitos de Franco logra
escapar, en un barco pesquero a Orán, otros
compañeros de ideas no tendrían tanta suer-
te y acabarían siendo fusilados por las nue-
vas autoridades.
Después de tres años de permanencia en
el campo de concentración de Djelfa en
Argelia, es liberado por las tropas británicas
en 1942. Como muchos españoles se alista
voluntario en las Fuerzas Armadas Británicas
contribuyendo en la Segunda Guerra Mundial
a la derrota del nazismo en Europa. Acabada
la contienda es desmovilizado con 4 conde-
coraciones, instalado en Londres, junto con
multitud de exiliados españoles no cejará en
sus actividades anarcosindicalistas y de
denuncia del nuevo régimen.
Desde el exilio mantendrá contacto orgá-
nico con los compañeros cenetistas de Adra
que se mueven en la clandestinidad. Regresa
a Adra definitivamente en la década de los
ochenta, desde entonces siempre ha mante-
nido contacto con la CNT abderitana, tanto
en su andadura por los turbulentos años
ochenta así, como en su reconstitución defi-
nitiva en 1996.
Antonio Vargas,
un anarcosindicalista incansable
Memoria Viva
Clientes
Si Galicia, Asturias o
Huelva son inmensos
eucaliptales será
para algo
Si mi amigo R pudiera
remitir sus cartas
desde la calle del
cabronazo del General
Mola, se terminarían
sus problemas y se
preservaría la
memoria histórica

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