Agapito de Cruz Franco*
L
a filosofía política de Bookchin, a
quien las ecologistas bien podemos
considerar como uno de nuestros
abuelos, influyó en la práctica como
ciudadanos políticos en muchos de
nosotros, y en Tenerife, a través de organiza-
ciones como TEA o IpO se han escenificado y
se escenifican sus tesis -o al menos se ha acer-
cado y se acerca a ellas- en muchos aspectos
de la cultura comunitaria.
El día que se escriba la historia del ecolo-
gismo tinerfeño de los últimos 20 años, más
de una persona va a tener que repasar el guión
de películas que ha visto y que sigue sin com-
prender. Más aún, que algunos intentan igno-
rar, cuando no censurar por poco ortodoxas,
y poco amigas del establishment burocrático,
del dirigismo ambiental y del oficialismo sub-
vencionado.
He releído las 6 tesis municipalistas de
Murray, y ha sido un placer encontrarme con
el futuro, más que con el pasado. En la tarea
que nos mueve en los municipios hoy en día,
tiendes a analizar si los ayuntamientos se están
convirtiendo en organismos alienantes simila-
res al lugar de trabajo regulado o al de la fami-
lia fosilizada. En su camino de Concejo
comunitario a Empresa jerárquica dominada
por la economía, la ruptura del sentimiento de
persona y de comunidad bajo el marco de la
burocratización legal es algo que muchas veces
se palpa y me espanta. Ayuntamientos que
bajo el magisterio de las contraprestaciones
sociales devienen en sujetos de intereses cre-
ados, en supermercados con clientelas fieles,
gobierne el partido que gobierne.
La ciudad como escenario de lo político-
social, y como contraposición a lo político esta-
tal y el reino de los partidos con sus cúpulas y
estructuras autoritarias, es muy fácil visionar-
la en los actuales municipios, nuestro ecosis-
tema vital, aunque cada vez más, nuestra urbe
autista, que sólo parece reconocerse a sí misma
una vez al año en la Fiesta del Pueblo. La ges-
tión de la vida privada y comunitaria (lugar de
trabajo, asociaciones, familias diversas... ) fren-
te a la abstracción que supone la dependencia
del Estado y la jerarquización de un poder
externo en una también externa ciudad vir-
tual, es una tarea más irrenunciable que nunca.
Reniego y deniego del votante como mero
habitante de la Villa que cotiza al Estado, como
mera criatura suya, como masa social-estatal,
como "impositor sujeto a gravamen", mientras
me enamoro cada día más del ciudadano/a
político que decide por sí mismo.
¿Ayuntamiento pervertido o Asamblea
Municipal? Y en ese sentido hay que abogar por
la Educación como formación de una persona-
lidad racional y deliberativa capaz de decidir en
comunidad y que transforme al individuo, de
socio-político-estatal pasivo a ciudadano-polí-
tico activo. Autogestión y libertad en todas las
esferas de la vida urbana: económica, ética,
sociopolítica, libertad personal...
Nos enfrentamos a un municipalismo
secuestrado por el más allá de la urbe, donde
sigue siendo una utopía la supremacía de la
Asamblea para que prevalezca la política fren-
te al estatismo, ese que destruye la comuni-
dad, el vecindario, el pueblo, la aldea, en
donde la vida privada se va ligando lentamente
con la vida pública. La Democracia Directa
frente a la Democracia representativa, partici-
pativa o no. La traslación al Municipio del
Municipio mismo.
Municipio, donde el concepto actual de
pueblo, como conjunto de los intereses gene-
rales surgidos de los Nuevos Movimientos
Sociales (NMS) como ecologismo, pacifismo,
derechos humanos, sociales, sexuales, identi-
tarios, personales, ambientales, laborales,
migrantes ..., y que agrupan todos los intere-
ses cruzados entre los individuos, frente al
pueblo antiguo con todas las clases sociales
abocando hacia unos "ismos" imposibles y que
poblaron los siglos XIX y XX. La Asamblea
Libertaria, como encuentro del Pueblo en su
concepto actual, es posible.
Y por esa vía, la Municipalidad se vuelve un
contrapoder revolucionario al Poder del Gran
Hermano. Los Plenos de verdad, las
Mancomunidades reales, los Barrios, las
Asambleas de los Barrios, el asociacionismo
autogestionado ... frente a la Dictadura mono-
corde del Grupo Gobernante, la Burocracia
legal de la FECAM, los Distritos electorales
numéricos, las Asociaciones de Vecinos -versus
Juntas Directivas politizadas-, las Asociaciones
culturales o ambientales domesticadas, sub-
vencionadas... El Ayuntamiento como
Asamblea de la Ciudad: la política del munici-
palismo libertario como un doble poder fren-
te al Estatismo y la Jerarquía. Es posible...
Como todas las utopías, es posible ver rever-
decer la sociedad, amigo Bookchin, algún día...
* Agapito de Cruz Franco es miembro de CNT-
Tenerife y Concejal por Iniciativa por La
Orotava (IpO).
cnt
n°327 octubre 2006
2
255
Opinión
mos que el conductismo es, lejos, la mejor
forma de educar a los niños. Al igual que las
escuelas, en las iglesias con sus escuelas domi-
nicales, entre juego y juego, se aprende el
miedo al infierno, si uno se aleja de los desig-
nios de dios (que son las normas represivas
contrarias al placer). De esta forma, toda esa
carga inconsciente que se acumula a través
de años de educación, de normas familiares,
de castigos, de reproches, de refuerzos, etc.,
moldean la personalidad flexibilizándola para
responder de forma sumisa a la disciplina, es
más, la disciplina se ve como una forma dese-
able y practica de existencia. Al crecer, no
sabemos como andar por el mundo si no exis-
ten reglas, normas y leyes; es más cuando no
existen las creamos. Nos sentimos extraviados
socialmente sin reglas, mientras más estric-
tas mejores.
Con esto, tenemos un campo abierto para
obligar a las personas a morir y matar por lo
que sea: patria, religión y propiedad.
La disciplina en la resistencia a la disciplina.
En la sociedad industrial, los peones, antiguos
nómadas campesinos que iban de campo en
campo sin más propiedades que sus vesti-
mentas, fueron llevados a zonas industrializa-
das o mineras, donde su relativa insumisión a
las leyes y organización fue transformada en
sumisión. Llevada a cabo por los propietarios
a golpe de cepo y otros castigos corporales.
En la industria, el campesino se encuentra
con horarios marcados por una sirena de entra-
da y de salida, se va constituyendo la res-
puesta conductista a un estímulo, dado desde
la explotación industrial donde su relación con
los demás se configura como una relación de
clase, sin embargo, pasará tiempo antes que
se configure como conciencia de clases. Al sur-
gir las ideas de resistencia y posteriormente de
organización revolucionaria, nuevamente, se
estructura desde la disciplina para la clase tra-
bajadora, la cual es aceptada concientemente
en las mutuales, sociedades de resistencia, sin-
dicatos, partidos, etc. Pero si analizamos la
constitución de las primeras organizaciones de
trabajadores (a partir de las mutuales) estas se
estructuran de forma jerárquica, más dadas a
hipotecar la autonomía individual con pro-
mesas de un futuro mejor.
Las promesas de un futuro mejor, se pue-
den parangonar con la esperanza de los cris-
tianos en un paraíso supraterrenal en anta-
gonismo con el sufrimiento en la tierra.
Tenemos la impresión que el disciplinamien-
to social, el súper yo social, internalizado
desde la primera infancia y traspasado por la
relación con nuestros padres y estos por sus
padres, es un hecho en sí mismo, lo que se
expresa en que cualquier actividad humana
está traspasada por el poder y la dominación.
Pocas posibilidades de imaginar una vida sin
disciplina, sobre todo cuando la concepción
social es cada día más práctica, el beneficio de
la sumisión es mejor que la reconstitución de
nuestra personalidad, con un trabajo de
renuncia a todo cuanto forma nuestro carác-
ter y nuestra conducta.
Reinventarnos, es una tarea que pasa por
desconstruir la socialización, volver o rein-
ventar una simbología de libertad, no como lo
antagónico a la dominación, sino una liber-
tad en la cual recuperemos la dinámica del
"ello" es decir de las pulsiones del placer, del
Eros, en contra del Thanatos social. En esa
búsqueda de recuperar una experiencia de
libertad, está la de generar tensión anarquis-
ta, cuestionar la estructura disciplinaria que
automáticamente tendemos a formar como
medio y fin, es decir, vertical o donde distri-
buimos el poder de forma horizontal (en apa-
riencia), pero continuando con la dinámica
del viejo mundo autoritario. La disciplina.
Toda nuestra dinámica social, esta traspa-
sada por la estructura inconsciente del poder,
ejercido contra nosotr@s a través de nuestros
cuerpos, nuestras mentes y sobre todo sobre
nuestra conducta. Escapar a esta dominación
desde lo social, es algo difícil, pues es la socia-
lización la que nos pone al arbitro del poder
con la internalización de las normas sociales
vía familia y escuela.
Notas:
[1] Partidarios de formas estructuradas y
jerarquizadas de organización que apun-
ten a un fin político libertario común del
cual ellos son los representantes y voce-
ros.
[2] http://antropos.galeon.com/html/etno-
logia.htm
[3] Idem.
[4] Foucault, M. Historia de la sexualidad.
[5] W. Reich, Materialismo dialéctico y psico-
análisis.
[6] Idem.
El caballo de Troya y los ayuntamientos
"Nosotros los verdes, nosotros los anarquistas", decía el ecolibertario, sindicalista y
anarquista Murray Bookchin, ideólogo de la asamblea, del movimiento verde, del
municipalismo libertario, precursor del ecologismo radical y fundador de la ecología
social, y que se nos acaba de ir del tiempo, desde el país de nunca jamás en los EE.UU.
de América del Norte.
A Murray Bookchin, (1921-30/07/2006)
viene de la página 24
Reniego y deniego del votante como mero habitante
de la Villa que cotiza al Estado, como mera
criatura suya
Reinventarnos, es una tarea que pasa por
desconstruir la socialización, volver o reinventar
una simbología de libertad
Murray Bookchin.