Actualidad de la AIT. .................................................... 21
Internacional
cnt
n°327 octubre 2006
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Redacción
Según las organizaciones de Derechos Huma-
nos unas 10.000 personas se encuentran re-
cluidas en cárceles secretas por todo el
planeta. Algunas, sin ser del todo secretas, al-
macenan cientos de presos sin ninguna ga-
rantía jurídica, como es el caso de
Guantánamo. La mayoría de estas cárceles es-
tán en países de Oriente Medio, Afganistán y
el sureste asiático y en ellas se tortura im-
punemente. Pero las dimensiones de este ata-
que masivo contra las Derechos Humanos son
cada día mayores y las investigaciones llegan
a donde nunca se había llegado en Europa.
Directamente se acusa a 14 países europeos
(entre ellos España) de colaboración (por ac-
ción u omisión) con los secuestros ilegales. Y
no solo eso, sino que cuando había sospechas
fundadas de que países del Este poseían pri-
siones secretas donde la CIA secuestraba y
torturaba a sus detenidos, el presidente es-
tadounidense Bush salió en rueda de prensa
a principios de septiembre para reconocer con
desfachatez que, efectivamente, la CIA posee
cárceles secretas fuera del territorio de EE.UU.
Cuando un año atrás escribimos sobre las
prisiones volantes de EE.UU. el escándalo no
sólo era poco atendido por la mayoría de los
medios de comunicación sino que además
aún se desconocía la gran maraña de cárce-
les secretas que la CIA tiene establecidas en
todos los rincones del planeta. En aquella
ocasión solo escribimos sobre los tres casos
más conocidos en aquel momento: el de Abú
Omar, secuestrado en Italia y enviado a Egip-
to (a día de hoy sigue en paradero descono-
cido, aunque podría estar en la prisión
cairota de Al Tora); el de dos egipcios asila-
dos en Suecia, que desde este país fueron en-
viados a Egipto; y, por último, el caso de
Jaled El Masri, secuestrado en Alemania y
enviado a Kabul y que, gracias a su denun-
cia, es el principal promotor de haber saca-
do a la luz todo este gran escándalo.
Equivocadamente a lo que muchos puedan
pensar semejante terror al que todos nos en-
frentamos no arrancó ni con Bush ni con el
11-S. Fue Bill Clinton, anterior presidente
norteamericano, el que a mediados de los
años noventa aprobó que la CIA pudiera se-
cuestrar a sospechosos de terrorismo y en-
viarlos a lugares en los que se les pudiese
interrogar en su idioma y sin las limitacio-
nes legales existentes en EE.UU. Dicho en
otras palabras, enviarles a un país donde se
les pueda torturar sin ningún tipo de corta-
pisa y así lavarse las manos ante cualquier
futura implicación. Un ex agente de la CIA,
Michael Scheuer, ya comentó que Egipto fue
el primer país que accedió a colaborar con es-
tos métodos en 1995. EE.UU. se limitaba a
imponer las preguntas que los torturadores
egipcios debían hacer, que eran los que ha-
cían el trabajo sucio. Así el egipcio Talat Fuad
Qassem, presunto implicado en el asesinato
del jefe de estado egipcio Anuar el Sadat en
1979, fue detenido en Zagreb por la policía
croata y entregado a la CIA, quienes le inte-
rrogaron dentro de un barco que acabaría
fondeando en un puerto egipcio. Nunca más
se supo de Qassem aunque se sospecha que
fue ejecutado.
Fue a partir del 11-S cuando se empezó a
crear la red de prisiones secretas que en es-
tos últimos meses se ha destapado y que ha
obligado a Bush a salir a la palestra. Mientras
se desviaba la atención informativa hacía la
prisión de Guantánamo, otras cárceles estaban
siendo creadas por la CIA junto a los servicios
secretos de otros países aliados. La colabora-
ción, sin embargo, no sólo se limitaba a di-
chos estados sino que puntualmente muchos
países considerados enemigos por EE.UU. co-
laboraban con los norteamericanos. Es el caso
de Libia o Siria, permanentemente acusados
por EE.UU. de colaboradores de los terroristas.
Nos basta un ejemplo. Un ingeniero de tele-
comunicaciones nacionalizado canadiense y
nacido en Siria, Maher Arar, fue entregado
por la CIA a la policía secreta siria. En sep-
tiembre de 2002 regresaba a Canadá con su
familia de sus vacaciones en Túnez y tuvo la
desgracia de hacer escala en Nueva York, don-
de se le acusó de pertenecer a Al-Qaeda. Dos
semanas después, previo paso por Roma y por
Jordania, fue entregado a Siria donde sería
torturado durante un año. Desde el primer día
el caso fue denunciado y después de muchas
gestiones diplomáticas por parte de Canadá
fue liberado y pudo regresar a su país. Lo más
alucinante de este caso acontece al final. Arar
denunció al gobierno de EE.UU. pero la que-
rella fue parada en los tribunales por los abo-
gados del Estado norteamericano bajo el
argumento de que un juicio público "haría pe-
ligrar la seguridad nacional de EE.UU. y sus
servicios de inteligencia".
La conexión europea.
El comisario de Derechos Humanos del Con-
sejo de Europa Alvaro Gil-Robles declaró al pe-
riódico francés Le Monde que había visitado
una cárcel secreta con detenidos islámicos en
Pristina (Kosovo). El comisario español la de-
finió como "una Guantánamo en Kosovo" y
declaró haberla visto en 2002 y que contenía
una veintena de prisioneros vestidos con las
mismas típicas prendas naranjas que llevan
los presos en Guantánamo. En 2002 el comi-
sario recibió una denuncia que decía que la
OTAN tenía prisioneros ilegales en la base
Camp Bondsteel en Kosovo y esto le llevó a
organizar un viaje para comprobar la veraci-
dad de la información. Cuando lo vio con sus
propios ojos y preguntó por qué estaban allí
arrestados esos prisioneros se le respondió
con un lacónico "motivos de seguridad".
El Parlamento Europeo creó una comisión
temporal para investigar las detenciones y
traslados extrajudiciales a cargo de la CIA en
Europa. A principios de junio el pleno del
Parlamento llegó a sus conclusiones y consi-
deró "inverosímil" que algunos gobiernos eu-
Estados europeos colaboran
con el terror de la CIA
Cuando escribimos aquel artículo de hace más de un año (nº 312 de cnt), además de dar
a conocer la conexión española en la trama de las prisiones volantes, no pudimos tratar,
ni mucho menos, los cientos de casos denunciados de secuestros de la CIA. Un año
después el tarro de las esencias se ha vuelto a abrir y comenzamos a saber más de lo
que nos han ocultado.
Según las
organizaciones de
Derechos Humanos unas
10.000 personas se
encuentran recluidas en
cárceles secretas por
todo el planeta
pasa a la página 19
Numerosos estados europeos han colaborado con la CIA en el secuestro y tortura de miles de personas.
/ AGENCIAS