Siendo ya Jerusalén una ciudad vieja, se cuen-
ta que David conquistó Canaán ca. 1004 a.C.,
dando lugar a unos 73 años del reino de Israel
y a 414 años de reinos judíos independien-
tes. En el S.II los romanos expulsan a los judí-
os, en el S.VII llegan los árabes y después el
Imperio Otomano. A fines del S.XIX se funda
el sionismo, y en 1916 los británicos toman
Palestina. Su Declaración Balfour (1917) abría
la puerta a un territorio judío en Palestina,
que no atentara contra los derechos civiles o
religiosos de las demás comunidades.
Tras la II GM, el terrorismo sionista y la
presión estadounidense logran de la ONU su
resolución 181 (Noviembre, 1947): partición
de Palestina en dos estados, judío y árabe, con
unión económica y capital en una Jerusalén
internacional. Y mientras los palestinos lla-
man a una huelga general contra la parti-
ción, los sionistas ocupan las ciudades de la
parte palestina, al tiempo que comienza la
destrucción de aldeas para forzar un exilio.
El 9 de Abril del 48 y bajo las órdenes de
Menájem Beguin (primer ministro en 77-83),
se fusiló premeditadamente a más de 250
hombres, mujeres y niños en Deir Yassin.
El 14 de Mayo del 48, un día antes de la
retirada británica, los dueños legales del 8%
de la tierra (30% en población) proclaman el
estado de Israel, sin ningún tipo de consul-
ta popular. La Liga Árabe envía tropas para
proteger Palestina, con órdenes de no enfren-
tarse a los asentamientos judíos. En Julio,
Isaac Rabin (primer ministro 74-77, 92-95) y
sus compinches masacran a otros 250 civiles
y expulsan a los 70.000 habitantes de Lidda
y Ramleh a punta de pistola, confiscan sus bie-
nes personales y aplastan sus hogares. Hasta
350 aldeas siguen el mismo camino El terror
causado por los crímenes de guerra, las masa-
cres y las violaciones sacan por patas a 750.000
palestinos, que pasan ese invierno al raso
mientras el estado de Israel expropia sus tie-
rras llamándolos "propietarios ausentes". La
ONU afirma (resolución 194, 11/12/48) su
derecho a volver a casa y un año después se
hace cargo de más de 60 campos de refugia-
dos. Y así hasta hoy, 58 años después. Los
sionistas, practicando ya el doble lenguaje, lla-
man a esto Guerra de Independencia.
En 1949, Israel acepta la repatriación de
refugiados y se firma la paz. Mintió. Con la
condición del cumplimiento de las resolu-
ciones 181 y 194, Israel es admitida en la
ONU. Mintió. Israel dice ser una democracia.
Miente: en 1989 su Corte Suprema prohibió
la presencia en elecciones de partidos polí-
ticos que aboguen por la igualdad de dere-
chos entre árabes y judíos.
Hoy, 9.000 hombres, mujeres y niños
están detenidos sin cargos, el 85% de ellos
serán torturados. Ahora vemos la tercera
(como mínimo) invasión del Líbano, y Yahvé
sabe lo que ocurre en Gaza (1.500.000 habi-
tantes encerrados en 365 km
2
, menos de 1/5
de Guipúzcoa). El silencio es cómplice. La
mentira es cómplice. Y el estado de Israel
está enfermo de rabia: infección aguda y
contagiosa del sistema nervioso central en los
animales de sangre caliente, casi siempre
mortal si no se administra vacuna. Ni esta-
dos ni fronteras.
Los sueños del capitalismo son nuestras pesa-
dillas. La rapacidad, sin límites ni frenos, de
los constructores y sus cómplices políticos ha
levantado una muralla china de hormigón y
ladrillos que circunda el maltratado
Mediterráneo, maremágnum que no mare nos-
trum. Una ardilla, en el caso improbable de
que hubiera sobrevivido alguna en los bosques
cercanos a la costa podría ir saltando de terra-
za en terraza, de bungalow en bungalow de
la Punta de Tarifa hasta la frontera de Port-
Bou sin demasiados alardes acrobáticos. En el
interior, lejos del mar pero no a salvo de la
codicia de los hombres, en las sierras y los pra-
dos, las llanuras y las riberas, en los alrede-
dores de las grandes ciudades y de sus
satélites, más murallas, cinturones que asfi-
xian el campo y que no alivian la claustrofo-
bia de las urbes. La playa y el campo son
sujetos de una furiosa urbanización y de una
privatización galopante. Políticos corruptos
recalifican terrenos rústicos, mutilan parques
nacionales y reservas de la biosfera, abusan
de los recursos hidráulicos, expolian la natu-
raleza y a sus naturales. En la península, en
las Baleares y en las Canarias el sector de la
construcción vive en alza perpetua, eufórico
y descontrolado. Miles de emigrantes, sub-
contratados o malcontratados, se afanan en
la edificación de bloques de viviendas y ris-
tras de chalés en los que nunca habitarán. La
actividad incesante de la marabunta inmobi-
liaria marcha en paralelo al maremoto de las
grandes obras públicas, una marea de asfal-
to que cauteriza los campos con negros cos-
turones, una tormenta eléctrica que deja su
imborrable huella en los trazados de los ferro-
carriles de alta velocidad; y flotando por enci-
ma de ella, insumergibles y acorchados pira-
tas de costa y bandoleros de montaña.
Toda España es Marbella, capital de Babel,
laberinto creado por aquél minotauro furio-
so, el tremebundo y "ostentóreo" Jesús Gil,
compendio de chanchullos y catálogo de esta-
fas. El hilo tejido por el gran arácnido de
Marbella, pacientemente desenredado estos
días en los tribunales, amenaza con destripar
una parte del entramado que no tardará en
regenerarse y en fortalecerse, aunque proba-
blemente los parásitos del gran pastel inmo-
biliario tomen más precauciones hoy que sus
burdos predecesores que desconfiaban, por
ignorarla, de la informática y lo apuntaban
todo en sus libretas y agendas, como los vie-
jos capos de la mafia, tipejos que colgaban
Mirós en el cuarto de baño y aceptaban los
tigres como animales de compañía antes de
ser enjaulados.
Ladrillazos
Moncho Alpuente
Ningures
cnt
326
Ago. - sept. 2006
VI época - Madrid
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Secretaría de Prensa y Comunicación
CNT Gipuzkoa
"
Y
luego nos llevaron al campo
de concentración de
Mauthausen". Marcelino
Bilbao, 86 años, ex - com-
batiente en la CNT. "Me fui
con la CNT, porque fueron los primeros en
pasar por la fábrica, y me dieron un arma".
Tenía 16 años. Pensaba que le iban a matar
en mil ocasiones en los años que siguieron:
en el frente de Bizkaia, en Gijón, de donde les
sacó un barco a última hora al que llegaron
nadando de noche. En el frente del Ebro, en
Cataluña. Cruzó la frontera un día después de
que lo hiciera lo que quedaba del Gobierno de
la República. Preso en Francia y luego la
deportación al infierno de Mauthausen.
Hoy el 18 de Junio de 2006, a sus 86 años,
anda algo nervioso. Ha venido desde Francia
para participar en el homenaje que se rea-
liza, demasiado tarde, a aquellas y aquellos
que se enfrentaron al alzamiento fascista.
"¿Queda alguien más del Batallón Isaac
Puente?", pregunta Marcelino. Quedan pocos,
muy pocos de este batallón que rompía cercos
para continuar luchando. Siempre luchando y
retrocediendo, sabiendo que no podían ganar.
Con un comandante que iba armado con
un palo porque no quería matar a nadie.
Hoy les han organizado el homenaje en el
Monte Artxanda. Con reconocimiento oficial.
Marcelino agita la carta de invitación de CNT
en el coche. Habla, cuenta, convierte el viaje
de Donostia a Bilbao en una clase de histo-
ria. En el homenaje, no le dejan hablar, ahí
se explayan los políticos. El PNV se atribuye
el protagonismo que no tuvo en los primeros
meses del enfrentamiento, tan críticos para los
republicanos. "En Donostia el PNV se dedica-
ba a vigilar iglesias a las que nadie atacaba",
contaba Manuel Chiapuso. Luego les arrolló la
avalancha fascista y compartieron el destino
de los demás: guerra, persecución, exilio o
muerte. Así, hoy, todos los políticos citan a
algún familiar perseguido, quien les otorga
la autoridad moral de hablar en nombre de los
verdaderos protagonistas de la historia.
Marcelino, como los demás, calla, escu-
cha. Sea como sea es, finalmente, el recono-
cimiento tan esperado durante tanto tiempo.
Con las banderas de la CNT detrás.
No interferimos, no provocamos, nos "por-
tamos". No es nuestro día, es el suyo.
En el local, Marcelino vuelve a hablar. Del
horror de Mauthausen, de los 8.000 españo-
les que mataron ahí, de las humillaciones, los
experimentos médicos, el frío, la cantera, los
crematorios. Nos transfiere un capítulo de
esta memoria histórica, como debe contarse.
En primera persona. Con toda su crudeza. Sin
olvidar nada.
Ya, en el coche, nos cuenta el final de uno
de los comandantes de Mauthausen. Algunos
de los supervivientes, ya libres y motorizados,
le localizaron tomándose tranquilamente un
café en el pueblo próximo al campo. Fueron
a por él, para darle lo merecido. Aun así, el
horror continua con ellos desde entonces.
Marcelino nos lo ha podido contar y por ello
ha merecido la pena ese día de homenaje.
Un homenaje de verdad
Memoria Viva
La rabia
Políticos corruptos
recalifican terrenos
rústicos, mutilan
parques nacionales y
reservas de la biosfera,
abusan de los recursos
hidráulicos, expolian
la naturaleza