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Secretariado Permanente del
Comité Nacional de la CNT
L
os medios de comunicación han
prestado poca atención a estos he-
chos y se han centrado como siem-
pre, en ensalzar a los políticos de
aquel momento, a las instituciones
de la República y a glosar algunos episodios
militares. Pero olvidan, y muy intencionada-
mente al menos por parte de algunos, cual
fue la tarea revolucionaria que se propuso re-
alizar este pueblo.
la Revolución Española no fue una explo-
sión de ira popular, aunque también las hu-
biera en ella, que se pueda justificar ahora
como una respuesta a las pésimas condiciones
económicas y sociales de los trabajadores de
aquella época. Ni tampoco fue sólo una res-
puesta al golpe de estado, aunque su objeti-
vo inminente fuera la lucha antifascista, como
no podía ser de otra manera. La Revolución que
este pueblo llevó a cabo en las retaguardias y
los frentes fue algo más: el resultado de la lu-
cha de personas que desde varias décadas an-
tes habían consagrado su vida a la defensa del
ideal libertario. Entre ellos y muy singular-
mente, queremos recordar a los compañeros y
compañeras que con su labor hicieron posible
aquella revolución.
Cuando los vientos han venido en contra,
los hombres y mujeres de la CNT han sopor-
tado sobre sus hombros la clandestinidad, la
tortura, las prisiones cada vez que la patronal
y el estado asestaban un nuevo golpe a la lu-
cha obrera. Cuando los vientos eran más fa-
vorables, renunciaron a cualquier privilegio
que les colocara por encima de sus compañe-
ros de clase, conscientes como eran de que no
necesitaban más pago por su esfuerzo que los
logros que se conseguían para todos los tra-
bajadores y trabajadoras.
A muchos de ellos, el tiempo les ha ido
desgranando hacia la muerte. Otros pocos aun
quedan vivos como testigos del ideal. Son
personas sencillas, que no hacen jamás alar-
de de sus victorias personales, sino de las co-
lectivas. Personas que siempre ensalzan a sus
compañeros, de cuyo recuerdo parecen ali-
mentarse. Nunca rememoran sus propios su-
frimientos y siempre son sus allegados, los
que cuentan su a menudo terrible paso por la
guerra, por los campos de concentración, por
el exilio fuera y el exilio interior. Rotos a ve-
ces por la edad y la memoria a veces esqui-
va, sorprende su claridad de criterios y su
convencimiento. Quieren seguir siendo per-
sonas anónimas, y no creen haber hecho más
que lo que debían. Ellos y ellas prefieren con-
tar lo que hizo la CNT. Cómo fue aquella huel-
ga, aquel mitin al que acudió éste o aquel,
cómo organizaron su sindicato, cómo hicieron
frente a los patrones cuando las cosas se po-
nían duras, como colectivizaron su fábrica,
cómo conocieron a compañeros y compañe-
ras, cuándo cayó el primero de ellos. Y cuan-
do el dolor parece vencerles al contar su tes-
timonio, siempre sacan de algún sitio remo-
to la fuerza, el vigor, la convicción y la
entereza de lo que son: los hombres y muje-
res que han llevado a cabo el intento más exi-
toso de revolución social del siglo XX.
Los ahora viejos anarcosindicalistas lucha-
ron siempre contra un poder establecido que
o los consideraba enemigos de la sociedad o
locos de atar sin remedio. Sólo los trabajado-
res que les tenían al lado a las duras y a las
maduras, los que soportaban como ellos un
régimen de explotación y de miseria frente a
la ampulosidad del complejo estado-iglesia-
aristocracia y a las mentiras repetidas de los
políticos de turno, sabían que no hablaban de
un mundo irreal, construido en los libros, sino
de una sociedad real, tangible, que se podía
tocar con las manos como aquellas personas
que la propagaban sin descanso.
Estos hombres y mujeres van muriendo pero
su labor no envejece. Tuvieron el acierto de en-
cauzar la idea revolucionaria de manera que su
destino no dependiera de ellos, para que no se
acabara con el transcurso de sus vidas. Y gra-
cias a todos ellos y ellas estamos nosotros aquí
hoy, en el intento nunca acabado y nunca eli-
minado de buscar la mejora material y espiri-
tual para nuestra clase, la clase obrera. A su
constancia le debemos hoy la existencia y la
presencia de la CNT. Compañeros y compañe-
ras, gracias por vuestro ejemplo, vuestra dig-
nidad y vuestra lucha.
Editorial
cnt
n°326 agosto-septiembre 2006
3
3
Homenaje a nuestros mayores
1936: una revolución
que no envejece
Mutis
Cuando se cumple el 70 aniversario del golpe de estado militar contra la República
Española, los anarcosindicalistas tenemos otra efeméride que recordar: La Revolución
que el pueblo español llevó a cabo desde aquel 18 de julio de 1936 a 1939.
Redacción
E
n el funeral religioso oficiado
por las víctimas del accidente
de metro de Valencia, el obis-
po de la ciudad se preguntó
en voz alta: "¿Por qué ha te-
nido que ocurrir esto? ¿Dónde estaba Dios,
por qué permaneció callado? ¿Por qué per-
mitió este triunfo del mal?".
Si semejante alegato consoló a las fa-
milias asistentes, es algo que no sabemos.
Lo que sí conocemos es el lanzamiento
mediático de patata caliente entre insti-
tuciones civiles, Ferrocarrils de la Gene-
ralitat Valenciana (FGV) y sindicatos
ferroviarios respecto a las causas del ac-
cidente.
La versión oficial de la Consellería da
por concluyente un error humano, ya que
la caja negra del convoy siniestrado reveló
que el tren circulaba a unos 80 kilómetros
por hora, el doble de lo permitido en la
curva en la que se produjo el accidente.
Y baraja la hipótesis de que el conductor
-fallecido en el acto- hubiese sufrido "al-
gún tipo de inconsciencia o indisposición
que impidiera su reacción" -en palabras
del conseller de Infraestructuras y Trans-
porte, José Ramón García Antón-, ya que
en ese tramo, un punto negro de la línea
1, no se puede circular a más de 40 kiló-
metros por hora.
Según García Antón, el maquinista es-
taba perfectamente habilitado para su tra-
bajo tras las 224 horas de prácticas que
realizó (frente a los 14 días que arguye el
Sindicato Independiente Ferroviario), y
ha salido al paso de las críticas que dicen
que el sistema de Frenado Automático
Puntual (FAP) no funcionó porque no es-
taba programado, asegurando que "difí-
cilmente cualquier sistema de frenado, en
una distancia tan corta y a esa velocidad,
habría logrado hacer parar el tren en un
tiempo prudencial".
Algo que ya no se podrá saber, debi-
do a que aún no se ha puesto en marcha
en la línea 1 el plan de FGV que estable-
ce la implantación de un sistema de con-
trol continuo de la velocidad que impide
a los trenes circular a más de lo permiti-
do y los bloquea ante cualquier circuns-
tancia anómala. Un sistema que sí existe
en las líneas 3 y 5 pero no en la anticua-
da línea 1, donde ya en septiembre del
año pasado hubo una colisión con 35 he-
ridos. Pese a la opinión del Conseller, un
sistema más sofisticado de frenado quizá
hubiera podido evitar el accidente; un
quizá de cuya existencia dependen 43
muertes.
¿Habrá que darle la razón al obispo
valenciano y pensar que ha sido una con-
fabulación del mal? Ese Mal que insiste en
cebarse en el pueblo llano, expuesto a la
precariedad económica, y resignarse ante
la fatalidad. Y no exigir demasiado a nues-
tros políticos, confederaciones patrona-
les y medios de comunicación, que ya
tienen suficiente con estar alertas en esa
carrera de acusaciones, zancadillas y su-
cios trueques entre los que discurre su
azarosa vida.
El triunfo
del mal

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