Manuel A. Oliva
CNT - La Puebla del Río
C
onductas de riesgos podemos apreciar en diferentes ámbitos laborales. El obrero
de la construcción que a seis metros de altura trabaja en un pretil, sobre él, sin
medidas de ningún tipo. El administrativo o administrativa que no tiene la pre-
caución de poner la pantalla del ordenador como se recomienda para un buen uso.
El jardinero/a que no utiliza los EPI adecuados para evitar riesgos con el uso de
herramientas cortantes. El personal sanitario que no usa medidas preventivas ante enferme-
dades contagiosas. Como todo esto podemos observar decenas de ejemplos casi a diario y hasta
nos preguntamos como es que no ocurren más accidentes laborales si se toman tan pocas pre-
cauciones.
Las diferentes ciencias sociales tienen el fin, entre otros, de explicar las conductas huma-
nas. Las diversas corrientes o escuelas de cada disciplina se han esforzado y esfuerzan en con-
vencernos que su explicación es la mejor y la más verdadera. Decenas de Teorías sociales pululan
por las bibliotecas intentando hacernos ver que tal o cual hecho social o acción colectiva es
así por esto u lo otro. Sin entrar en un asunto tan complicado y casi sin solución intentare-
mos explicar muy por encima el porqué se dan conductas de riesgo. Entremos en materia.
La personalidad puede definirse de manera somera como la organización en el individuo de
predisposiciones para actuar. Se manifiesta fundamentalmente en la edad adulta por efecto de
la socialización. La conjunción de la personalidad, o la actitud según varias corrientes, y la situa-
ción concreta dan lugar a una conducta determinada. Ya tenemos una primera apreciación de
importancia: diferentes personalidades en determinadas situaciones pueden tener y tie-
nen conductas diferentes.
Debido a la complejidad del tema nos centraremos en los supuestos expuestos por el inte-
raccionismo, integrador de diferentes corrientes. Estos son:
- La conducta es función de un proceso continuo de interacciones recíprocas entre la perso-
na y la situación en la que se encuentra.
- La persona es un agente intencional y activo en este proceso de interacción.
- En cuanto a la personalidad los factores cognitivos serían los determinantes esenciales de
la conducta, en menor grado los factores motivacionales.
- Respecto a la situación, lo más importante es el significado psicológico que la persona le
atribuye.
Desde la psicología de la personalidad se establecen 16 factores que identifican una perso-
nalidad concreta. Factores que poseen también diferentes grados entre ellos. No todas las per-
sonas son igual de sociables o emocionales. Incluso en diversos ámbitos pueden prevalecer
unos factores u otros, es decir: dependiendo del contexto uno puede comportarse de un modo
u otro. Veámoslos para tener una referencia de lo que estamos hablando:
Reservado versus Sociable.
Menos inteligente vs. Más inteligente.
Emocional vs. Estable.
Humilde vs. Asertivo.
Sobrio vs. Despreocupado.
Oportuno vs. Escrupuloso.
Tímido vs. Aventurero.
Realista vs. Idealista.
Confiado vs. Suspicaz.
Práctico vs. Imaginativo.
Franco vs. Astuto.
Plácido vs. Aprensivo.
Conservador vs. Experimentador.
Vinculado al grupo vs. Autosuficiente.
Causal vs. Controlado.
Relajado vs. Tenso.
Según el psicólogo R. B. Cattell no basta con conocer el modo en cómo hacemos las cosas,
sino que también debemos conocer por qué lo hacemos. Para él la personalidad es aquello que
nos permite predecir lo que una persona hará cuando se encuentre en una situación determi-
nada. Esto es fundamental determinarlo si queremos erradicar los comportamientos arriesga-
dos y hasta los altamente peligrosos.
Veamos ahora un cuadro con diferentes categorías de combinaciones para tener presente la
cantidad de personalidades que se pueden dar.
Por otro lado la situación no es menos importante para ver por qué se producen conductas
de riesgo por parte de los trabajadores y trabajadoras en el mundo laboral. Dada la creciente
precariedad en los puestos de trabajo, los contratos basura, las abusivas condiciones de traba-
jo que se dan entre contratados e incluso entre los indefinidos que ven mermar día a día sus
derechos laborales bajo la pesada bota de los intereses empresariales. Además en las adminis-
traciones públicas se dan casos de este tipo pues no podemos olvidar que las situaciones abu-
sivas se están dando en el ámbito de las administraciones estatales, autonómicas, municipales
e incluso en otras como las diputaciones o cabildos.
La situación de flexibilidad, entendida como un empeoramiento de las condiciones de tra-
bajo, ha de verse claramente como un factor determinante en la creación y/o mantenimiento
de conductas de riesgo a las que los trabajadores y trabajadoras poco podemos hacer en soli-
tario. Debemos entender, a eso nos pueden ayudar las ciencias sociales, que existen efectos
perversos en nuestra propia conducta perjudiciales para uno mismo. Un ejemplo claro de ello
es el número de fumadores de hace 15 años. El 50% de la población era fumadora, hoy sólo
fuma el 30% de la misma. La sociedad se ha concienciado en estos últimos años de los riesgos
evidentes para la salud en el simple, sociable y hasta placentero acto de fumar.
Es importante también comprender que el medio laboral es un medio altamente conflicti-
vo y dado a tensiones de todo tipo, entre las personas, entre los individuos y el grupo, entre
la jefatura y un colectivo determinado, etc. La misma alta jeraquización, los diferentes y com-
plejos procesos de relación entre las diferentes áreas de trabajo, los distintos intereses entre
las clase sociales que se dan en el medio laboral hacen difícil la convivencia social. Entendamos
además que los diferentes modelos organizativos de la fuerza de trabajo, o recursos humanos
como se dice ahora desde el neoliberalismo, han pretendido de un modo u otro controlar el
saber hacer de los obreros y obreras.
Un proceso a tener en cuenta en todo lo que estamos hablando es el proceso de socializa-
ción. A través de este proceso las normas se inculcan de tal modo que llegan a convertirse en
parte de la personalidad del sujeto. La persona interioriza y aprende los valores y normas socia-
les en el medio, o cultura, que le ha tocado vivir. Es un proceso continuo y se van desempe-
ñando papeles o roles diferentes y hasta a la vez (madre, jornalera, pintora, jubilado, conductor,
etc...). El trabajo es considerado un agente socializador.
Conceptos como el de alienación, enajenación, sobresocialización, extrañamiento o domes-
tización pueden ayudarnos a entender lo que está pasando cuando un trabajador o trabajado-
ra tiene una conducta de riesgo. Algo tan humano, sencillo y difícil como ser dueño de su propia
vida resulta a veces hasta raro en nuestro medio social. El asalariado o asalariada no suele reco-
nocerse como hombre libre o mujer libre tan fácilmente, el control sobre ellos los ejerce, entre
otros, la ley de la oferta y la demanda, especialmente a través del llamado mercado de traba-
jo. Las relaciones que mantiene con el empresario o administración es potencialmente de con-
flicto y con otros trabajadores es habitualmente de competencia. Estos conceptos son un tanto
Prevención
cnt
n°325 julio 2006
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Es habitual culpar a los trabajadores y trabajadoras que no cumplen con las normas legales de prevención. Entre los
mismos trabajadores, libres, al parecer, del corporativismo de otros colectivos humanos, se da esta acusación.
Cuando se produce un accidente y el trabajador incumple la norma, inmediatamente es culpado sin tener en cuenta
otros factores y sin apreciar la culpabilidad de cada factor, actor o agente. Ya hemos explicado en diferentes artículos
que siendo en ocasiones y en parte responsable (no culpable) el trabajador, por la precaución que sobre su salud debe
tener, las razones de las conductas de riesgos no se deben sólo y exclusivamente a la conducta del obrero.
Conductas de riesgo
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Dimensiones de la
personalidad
Emocionalmente
estable
Emocionalmente
inestable
Extravertidos
Sociable,
comunicativo,
sensible,
despreocupado, vivaz,
dominante
Activo, optimista,
impulsivo, alterable,
inquieto, agresivo,
excitable
Introvertidos
Cuidadoso,
controlado, reflexivo,
pasivo, tranquilo,
ecuánime, pacífico
Silenciosos, mal
humorado, pesimista,
ansioso, sobrio,
solitario, rígido,
reservado