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Carlos Varea
Combatiente iraquí.
EE.UU. y Reino Unido transitan por su cuarto
año de ocupación militar de Iraq en una co-
yuntura extremadamente delicada, pese a la
reciente designación del nuevo gobierno de
Nuri al-Maliki. El fracaso de los ocupantes es do-
ble: en lo militar, por cuanto no han podido
erradicar a una resistencia que se nutre de los
mayúsculos errores cometidos y del deterioro
de las condiciones básicas de vida de la pobla-
ción; en lo político, por cuanto se han visto
atrapados en la propia lógica sectaria que im-
primieron al proceso de institucionalización in-
terna, diseñado en su día por Paul Bremer.
Precisados de triunfos, EE.UU. y el nuevo
gobierno iraquí han presentando la muerte de
al-Zarqaui, el evanescente líder de Al Qaeda en
Iraq, como un "punto de inflexión" en la si-
tuación interna iraquí
1
. Como ha ocurrido en
anteriores ocasiones -por ejemplo, tras la cap-
tura de Sadam Husein- los hechos demostrarán
inmediatamente que no es así. Las dimensio-
nes de la actividad armada contra los ocupan-
tes no pueden atribuirse al grupo de al-Zarqaui,
que, según documentos recientes de la propia
organización, apenas cuenta con unas pocas
decenas de militantes. La resistencia en Iraq y
su mantenimiento es un fenómeno genuina-
mente interno. El repaso a algunos datos ofi-
ciales del Pentágono permite así confirmarlo.
El apoyo a la resistencia.
Hace pocos días, el secretario de Defensa de
EE.UU., Donald Runsfeld, reconocía ante el Se-
nado que no cabe imaginar una reducción sig-
nificativa de tropas estadounidenses a lo largo
de 2006, en la actualidad, 133.000 efectivos.
En estos meses se mantiene la cifra media de
entre dos y tres soldados estadounidenses
muertos al día en combate, mientras que el
número total de heridos supera los 17.000, de
los cuales 8.000 no han podido retornar al
combate por sus graves secuelas. Siempre se-
gún datos del Pentágono, el número de ataques
armados en Iraq se incrementó en 2005 en un
30% respecto a 2004, hasta más de 34.000, es
decir, casi 100 diarios. De ellos, menos del 1%
fueron ataques suicidas o coches-bomba, ac-
ciones atribuibles en buena medida a la red Al
Qaeda, cuando no a opacas tramas de servicios
secretos.
Según la Institución Brookings de Was-
hington, las fuerzas estadounidenses dan muer-
te cada mes a una media aproximada de al
menos 3.000 combatientes iraquíes. El pasado
21 de abril el Alto Comisionado de Derechos
Humanos de Naciones Unidas para Iraq, Gian-
ni Magazzeni, indicaba en Bagdad que casi
30.000 personas están detenidas en Iraq (más
de 14.000 bajo control de las fuerzas de ocu-
pación), una cifra que no deja de aumentar
pese a las recurrentes excarcelaciones
2
. Si se re-
cuerda la estimación oficial del Pentágono de
que la resistencia iraquí podría estar integra-
da por unos 20.000 combatientes, las cifras no
cuadran: o bien el número de iraquíes involu-
crados en la resistencia es muy superior al re-
conocido, o bien su capacidad de renovación -
su apoyo popular, en suma- es admirable. "El
número de ataques de la resistencia sigue en
aumento y no hay previsión de una reducción
debido a que [los grupos de la resistencia] son
parte intrínseca de la población iraquí", sinte-
tizaba un alto oficial estadounidense destina-
do en Iraq en un documento del Congreso de
EE.UU. del pasado 6 de febrero
3
.
Mientras apenas se avanza en el proceso de
creación del nuevo ejército iraquí (ninguno de
sus 100 batallones ya creados se considera apto
para combatir en solitario), tras un otoño de
intensísimos operativos a lo largo del río Éu-
frates, EE.UU. está procediendo a una replie-
gue efectivo sobre el terreno a fin de limitar el
número de bajas. El Pentágono ha cuadrupli-
cado en los últimos meses los bombardeos aé-
reos y con misiles sobre Iraq, mientras acuartela
a sus tropas en bases
4
. El resultado de todo ello
es imaginable: el incremento de destrucción y
de víctimas civiles, además de la pérdida efec-
tiva del control territorial, ya precario incluso
en la capital. Las proyecciones del estudio de
la Universidad John Hoskins de Baltimore, pu-
blicado en octubre de 2004 en la revista Lan-
cet
, sitúan en la actualidad en una orquilla de
entre 125.000 y 250.000 el número de iraquí-
es muertos desde el inicio de la ocupación
5
.
Sectarismo.
El único alivio que le restaría a EE.UU. y Reino
Unido tampoco se materializa: la consolidación
del proceso político interno, cuya última fase
ha sido la designación del nuevo gobierno de
al-Maliki cinco meses después de las eleccio-
nes de diciembre de 2005. En estos comicios,
llevados a cabo sin supervisión internacional
alguna, la lista confesional chií Alianza Unida
Iraquí, si bien no obtuvo la mayoría absoluta,
salió revalidada como la fuerza hegemónica de
las nuevas instituciones, apenas contrapesada
por los bloques kurdo y sunní. De las 37 car-
teras del nuevo gobierno, 19 han ido a miem-
bros de formaciones confesionales chiíes
6
. Esta
situación es hoy particularmente desasosegan-
te para EE.UU. y Reino Unido, dado que sus
principales interlocutores en Iraq mantienen
vínculos directos con Irán, quedando con ello
cautivos ambos Gobiernos del conjunto de la ne-
gociación de la agenda iraní, concretamente de
la resolución del problema del desarrollo del
programa nuclear iraní
7
.
Los primeros meses de 2006 muestran ade-
más claros indicios de que los ocupantes están
perdiendo el control interno a favor de sus so-
cios del campo confesional chií. La lógica de
aplastamiento militar directo de la resistencia,
demostrada ineficaz, está siendo reemplazada
por otra no menos terrible de asesinatos y te-
rror ejecutada por Escuadrones de la muerte
insertos -como denuncia Naciones Unidas- en
los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes. Has-
ta 7.000 personas han sido ejecutadas, tras ser
secuestradas y torturadas, desde febrero solo en
el área de Bagdad
8
.
Sin duda diferentes sujetos internos y ex-
ternos están interesados en llevar a Iraq a un
estallido violento. Matanzas sectarias y evi-
dentes provocaciones están alentando una con-
frontación civil en Iraq, sin duda con el ánimo
de que el país bascule definitivamente hacia
su división efectiva en entidades confesiona-
les, lo cual, dada la complejidad y mixtura so-
cial de Iraq, solo podría lograrse con un
terrorífico baño de sangre. La pregunta de si los
ocupantes han generado conscientemente este
horizonte de confrontación civil puede resul-
tar ya retórica a estas alturas. La pregunta re-
levante es, más bien, cómo va a afrontar la
propia sociedad iraquí esta terrible espiral de
violencia inoculada.
Sin embargo, nada hay en la historia de Iraq
que permita vaticinar como inevitable una gue-
rra civil. Todo lo contrario: las virtudes de este
pueblo, su larga historia compartida de creati-
vidad y laboriosidad, de abnegación ante la in-
justicia y las penalidades, son -junto con la
retirada de los ocupantes- los resortes que pue-
den permitir a Iraq salir adelante y esquivar ese
destino que, interesadamente, se considera ine-
ludible. Pero el tiempo corre en contra de ello.
Notas:
[1] Véase en IraqSolidaridad: Pedro Rojo: La
ejecución sumaria de al-Zarqaui y su pa-
pel real en Iraq.
[2] Véase en IraqSolidaridad: El número de
presos en Iraq sigue aumentando. Se ex-
tiende la oleada de asesinatos de los `Es-
cuadrones de la muerte`
[3] Rebuilding Iraq. Stabilization, Reconstruc-
tion, and Financing Challenges, de la
agencia gubernamental estadounidense
United States Government Accountabi-
lity Office, GAO, de 6 de febrero de 2006.
[4] Véase en IraqSolidaridad: Las bases mili-
tares de EE.UU. en Iraq. EE.UU. ha gasta-
do 1.100 millones de dólares en
instalaciones militares en Iraq y Doug
Lorimer: EE.UU. incrementa los bombar-
deos contra ciudades iraquíes. Al menos
18 ciudades fueron atacadas en 2005 por
aviones estadounidenses - Carlos Varea:
Aumenta el número de heridos en com-
bate de EE.UU. en Iraq.
[5] Véase en IraqSolidaridad: Nicolas J. S.
Davies: Enterrar el informe Lancet... y
con él a las víctimas civiles de Iraq. En-
tre 120.000 y 500.000 iraquíes habrían
sido asesinados por las fuerzas de ocu-
pación y Carlos Varea: Ocupación y resis-
tencia: las bajas propias y ajenas de la
guerra de Iraq.
[6] Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea:
Nuevo gobierno en Iraq: inestable repar-
to sectario - La lista del nuevo gobierno.
[7] Véase en IraqSolidaridad: Pedro Rojo y
Carlos Varea: ¿Está jugando Irán a la `re-
sistencia` en Basora? y enlaces relaciona-
dos.
[8] Véase en IraqSolidaridad: Andrew Bun-
combe y Patrick Cockburn: Miles de per-
sonas han sido asesinadas en los últimos
meses por los `Escuadrones de la muerte`
- Carlos Varea: El pueblo iraquí considera
mayoritariamente que la ocupación em-
peora la situación interna | Sabah Ali:
`Escuadrones de la muerte` uniformados:
aterrorizar a Iraq hasta su disgregación.
Cada mes aparecen 1.500 cadáveres con
muestras de torturas | El número de pre-
sos en Iraq sigue aumentando. Se extien-
de la oleada de asesinatos de los
`Escuadrones de la muerte`.
Carlos Varea es coordinador de la Campaña Es-
tatal contra la Ocupación y por la Soberanía
de Iraq (CEOSI - www.iraqsolidaridad). Este tex-
to ha sido asimismo publicado en www.rebe-
lion.org (http://www.rebelion.org/noticia.php
?id=32899) el pasado 12 de junio.
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n°325 julio 2006
Internacional
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Iraq, tras la muerte de al-Zarqaui
"Precisados de triunfos, EE.UU. y el nuevo gobierno iraquí han presentando la muerte
de al-Zarqaui, el evanescente líder de Al Qaeda en Iraq, como un `punto de inflexión' en
la situación interna iraquí. Como ha ocurrido en anteriores ocasiones -por ejemplo, tras
la captura de Sadam Husein- los hechos demostrarán inmediatamente que no es así.
Las dimensiones de la actividad armada contra los ocupantes no pueden atribuirse al
grupo de al-Zarqaui, que, según documentos recientes de la propia organización,
apenas cuenta con unas pocas decenas de militantes. La resistencia en Iraq y su
mantenimiento es un fenómeno genuinamente interno."
La resistencia en Iraq y su mantenimiento es un fenómeno genuinamente interno
Matanzas sectarias y evidentes provocaciones están
alentando una confrontación civil en Iraq, sin
duda con el ánimo de que el país bascule
definitivamente hacia su división
Rueda de prensa de las fuerzas de ocupación tras la muerte de al-Zarqaui .
/ AGENCIAS

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