Economía
cnt
n°325 julio 2006
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Los amigos de Ludd
La cuestión de la energía remite a los albores
de la crítica libertaria. En general, podemos
afirmar que esta cuestión está íntimamente li-
gada a los fenómenos de la industrialización y
el crecimiento tecnológico. En otras palabras,
sin organización del trabajo productivo no hay
vía para la emancipación. Pero antes de acep-
tar dócilmente la racionalización técnica, se
trata de preguntarnos por el qué y el cómo del
trabajo y, sobre todo, por sus objetivos finales
y cómo se logrará su integración en el marco
de la naturaleza. Las cuestiones sobre las que
el marxismo científico pasó sin mayor cuida-
do, deben cobrar ahora toda su importancia.
Distinguimos cuatro grandes momentos o
apartados en la evolución de la cuestión de la
energía en relación con el pensamiento ácrata
y la utopía social.
El primero se abre con los planteamientos
sobre la industrialización productiva ya enun-
ciados por Engels. En los autores de la órbita
marxista existe una preocupación sincera por
cuestiones como la división del trabajo, la pro-
ductividad o la integración entre campo y ciu-
dad. Sin embargo, en los programas políticos
de la socialdemocracia de corte marxista, es-
tas cuestiones se amoldarán acríticamente a las
tendencias industrialistas. Será un pensador
libertario como Kropotkin el que recoja todos
estos temas y les dé forma en una serie de ar-
tículos que luego se conocerá como su libro
Campos, fábricas y talleres, publicado en 1898.
Kropotkin analizaba allí con datos empíricos
la situación de la producción agrícola y fabril
en regiones de Inglaterra, Francia, Estados Uni-
dos y otros lugares. En sus ensayos, Kropotkin
abogaba por la descentralización, la revitali-
zación de la agricultura y la multiactividad,
pero se mostraba exageradamente optimista
en cuanto a los logros de la tecnología indus-
trial y la agricultura climatizada, entre otras
innovaciones. El punto débil de sus exposicio-
nes es, como podemos imaginar, la inversión
energética y las consecuencias de su consumo
masivo sobre el entorno.
La descentralización -en el modelo de Kro-
potkin- conlleva desde luego ventajas sociales,
económicas y humanas en relación con las es-
tructuras concentracionarias del capitalismo,
pero se queda en mera abstracción si no in-
tenta explicar cómo se producirán, sin incre-
mentar vertiginosamente los costes, grandes
cantidades de trabajo físico, cómo se sostendrán
las redes de transporte, de dónde y cómo se
obtendrán los combustibles. Cómo se evitarán,
en suma, los efectos de degradación unidos a
la producción industrial, ahora diseminada,
pero igualmente amenazante.
Esta ingenuidad frente a la viabilidad de las
fuentes de energía, consagradas a la nueva uto-
pía social, contagiará los escritos de pensado-
res libertarios clásicos como Morris, Malatesta,
Ricardo Mella o Pierre Quiroule. En la novela
utópica La ciudad anarquista americana, pu-
blicada por Quiroule en 1912, podemos ver el
mismo tipo de sociedad fantástica alimentada
por fuentes de energía inagotables e inocuas,
vagamente descritas.
El segundo apartado que abrimos en esta
breve historia se encarna en los proyectos utó-
picos de los urbanistas bolcheviques que habí-
an sido influidos por Engels y Kropotkin, y que
soñaron con construir ciudades socialistas "de-
surbanizadas", integradas en el campo. Estos
teóricos creían que la descentralización pro-
ductiva vendría acompañada por el milagroso
uso de las redes eléctricas. Como es sabido, la
electricidad, y la electrificación del territorio,
era la obsesión de Lenin y de los bolcheviques.
Urbanistas como Ohitovitch intentaron plas-
mar el ideal descentralizador de Kropotkin en
sus diseños. Para acabar con la urbe monstruosa
del capitalismo, derrochadora, sucia e inhu-
mana, Ohitovitch proyecta una enorme red, un
tejido productivo extendido y sostenido por la
red de electricidad. Como él mismo escribía:
"La red suplantará al centro. El paso de la uti-
lización de centros de energía al de una red
trastocará por completo el problema del ago-
tamiento de fuentes de energía en el mundo,
por cuanto la red permite reunir los centros de
energía más pequeños, mientras que la utili-
zación de grandes centros implica la pérdida de
grandes fuentes de energía."
La utopía de los urbanistas soviéticos arras-
traba los mismos problemas del proyecto kro-
potkiniano, esto es, cómo integrar las
tecnologías de alta energía en la producción y
en el consumo sin multiplicar todos los efec-
tos derrochadores y nocivos que dicha tecno-
logía conlleva. Por otro lado, las ideas de
Ohitovitch y sus compañeros serían margina-
das y desechadas a partir de 1930 por la línea
oficial del Partido.
El tercer momento en que se abrió un de-
bate importante entre límites energéticos, in-
dustrialismo y utopía libertaria ocupó los años
previos a la guerra civil española. Los años
que van de 1931 a 1937 señalan tal vez el mo-
mento más fértil de las discusiones sobre eman-
cipación y diseño económico de una sociedad
futura. Estas cuestiones quedaron reflejadas
en las publicaciones anarquistas de la época.
Autores tan significados dentro del panorama
libertario como Isaac Puente, Abad de Santi-
llán, Leval, Higinio Noja, Civera, Toryho, en-
tre otros, intentarán dar respuesta a las
urgencias de un plan económico e industrial
para la sociedad anarquista del porvenir. El in-
terés que pueden conservar estos debates es
que se producen en la inmediatez de la revo-
lución libertaria de 1936, donde durante al-
gunos meses fugaces se abrió la posibilidad de
construir una nueva sociedad. En las discu-
siones económicas de aquellos años se habían
dejado atrás algunos de los esquemas fanta-
siosos de antaño, para caer en una aceptación
general de los esquemas industrialistas. Aho-
ra se intentaba enfocar de una manera más ri-
gurosa y sistemática cuales eran las
posibilidades de construir una sociedad eman-
cipada con los modelos económicos y técni-
cos derivados de la economía capitalista. Se
podía decir que el industrialismo había venci-
do a grandes rasgos. Por lo que respecta a la
energía, los pensadores anarquistas se centra-
ban sobre todo en la cuestión de la indepen-
dencia energética, el agotamiento del petróleo,
la mejora de la explotación carbonífera, la bús-
queda de combustibles alternativos como el
petróleo sintético, etc. El historiador Eduard
Masjuán, en su libro Urbanismo y ecología en
Cataluña, recuperaba hace años la figura del
geólogo anarquista Alberto Carsi, que duran-
te el año 1937 produjo estudios sobre recur-
sos industriales (agua, minería) por encargo
del gobierno revolucionario. Carsi pudo com-
pensar su vocación industrialista con una vi-
sión más integral de la naturaleza y con una
manera diferente de aprovechar el agua o las
fuentes de energía. Como relata Masjuán: "A
los trabajos dedicados al estudio de las aguas
y materiales, que se conocen de Carsi, hay que
añadir su esfuerzo científico para conseguir el
aprovechamiento de fuentes de energía reno-
vables como el aire. Para ello llegó a diseñar
su prototipo reducido de molino de viento para
incrementar los servicios públicos y la indus-
tria catalana, estos molinos estaban pensados
para ser instalados en algunas de las monta-
ñas de Cataluña."
Estos esfuerzos son, sin duda, discutibles,
pero en cualquier caso quedaron como los pa-
sos perdidos de una sociedad que se disponía
para afrontar una transformación inédita en la
historia.
La última etapa de nuestro recorrido se abre
con las crisis ecológicas de los años 60 y 70 del
pasado siglo, en medio de la efervescencia de
la llamada nueva izquierda, la contracultura o
los movimientos obreros autónomos. Esta eta-
pa está marcada por la aparición de una con-
ciencia más clara en cuanto a la devastación
causada por el modelo industrial, liberal o so-
viético, y por tanto, por el planteamiento de
nuevas perspectivas de debate. Pensadores de
signo libertario, algunos herederos de Kropot-
kin, como Paul Goodman, Roel Van Duyn o
Theodore Roszak, encuadrarán sus ideas en el
marco de la crítica de la sociedad industrial.
En realidad, el campo de su reflexión es ya
plenamente el escenario saqueado por la ex-
pansión de la economía tecnificada en el que
casi todos nos hemos hecho adultos. Por tan-
to, es fácil establecer una continuidad con sus
discusiones: la sociedad que nacía entonces
no ha variado en lo sustancial, sino sólo ha pro-
fundizado y acentuado sus peores tendencias.
Dentro de esta corriente de pensamiento crí-
tico que une la cuestión de la anarquía con la
crítica ecológica, los escritos de Murray Book-
chin fueron los más difundidos durante los
años setenta. Sin embargo, Bookchin no ha
podido esquivar el dogma progresista y su pro-
puesta se basa en un anarquismo de la abun-
dancia, con el considerable apoyo de
tecnologías de gran consumo. Los debates so-
bre energía, viabilidad técnica, perspectivas
utópicas, proliferaron en los años setenta, es-
pecialmente a partir de la crisis de 1973. Du-
rante casi dos décadas estos debates habían
dejado de ocupar titulares, pero la nueva épo-
ca que se abre parece que los hará volver con
mayor intensidad.
Consideramos, pues, de gran urgencia una
discusión abierta en los medios libertarios so-
bre el pasado, presente y futuro de la energía,
ya que dentro de esta cuestión se encierran
muchas de las claves de la decadencia acelera-
da del mundo moderno. Es necesario que es-
bocemos una nueva utopía, pero para ello es
necesario que nos deshagamos de muchas ilu-
siones que arrastramos del pasado.
Para profundizar:
- Foley, Gerald (1981): La cuestión energética,
Ediciones del Serbal, Barcelona.
- Illich, Ivan (1974): Energía y equidad, Barral
Editores, Barcelona.
- Masjuan Bracons, Eduard (2000): La ecolo-
gía humana en el anarquismo ibérico: Ur-
banismo "orgánico" o ecológico,
neomalthusianismo y naturismo social, Ica-
ria Editorial, Barcelona.
- Naredo, Jose Manuel (1979): "Energía y cri-
sis de civilización", en Cuadernos de Ruedo
Ibérico, 63/66, marzo-abril, París.
- Paniagua, Xavier (1982): La sociedad liberta-
ria: agrarismo e industrialización en el anar-
quismo español (1930-1939), Crítica,
Barcelona.
La utopía de los urbanistas soviéticos arrastraba
los mismos problemas del proyecto kropotkiniano,
esto es, cómo integrar las tecnologías de alta
energía en la producción y en el consumo sin
multiplicar todos los efectos derrochadores y
nocivos que dicha tecnología conlleva
Consideramos, pues, de gran urgencia una
discusión abierta en los medios libertarios sobre el
pasado, presente y futuro de la energía, ya que
dentro de esta cuestión se encierran muchas de las
claves de la decadencia acelerada del mundo
moderno
Nos gustaría contribuir al debate sobre la energía, aunque fuera de forma modesta. Para
ello, y siguiendo la interesante senda abierta en estas páginas de cnt en los números de
abril y mayo, con sendos artículos firmados por Gaspar F. P., ofrecemos aquí una
sinopsis de un texto más amplio que preparamos sobre la relación entre energía y
sociedad libertaria.
¿Cómo será la energía
en la sociedad libertaria?