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n°322 abril 2006
Opinión
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J. de la Lama
L
os efectos que produce el neolibera-
lismo son cada vez son más eviden-
tes. Es suficiente con asomarse a la
crónica de sucesos para apreciar hasta
qué punto las relaciones interperso-
nales están afectadas por la ideología neolibe-
ral. La violencia se adueña de hogares, escuelas,
centros de trabajo, calles con una intensidad
que desborda la capacidad de las instituciones
para controlarla. El neoliberalismo nos hace
cada vez más monstruosos.
Participar en el Sistema, con las reglas de
juego que el neoliberalismo impone, implica dejar
de ser persona. De entrada hay que perder todo
lo que tenemos de valor. Conformarnos, por bien
que nos vaya la partida, en no ganar nada que
merezca la pena. Entender la vida como una
cuestión de supervivencia, de uno contra todo,
y pensar que de esa guerra va a emerger una
sociedad más avanzada, es la doctrina social más
estúpida que se ha inventado nunca.
Las reformas laborales que regularmente nos
aplican suponen una adaptación cada vez extre-
ma de ese modelo de aniquilación social. Nos
dicen que para ser competitivos tenemos que
ahondar en la desregulación, flexibilizar el mer-
cado de trabajo, contener los salarios, reducir
las prestaciones sociales y aumentar el tiempo
de trabajo. España es el país europeo con mayor
precariedad laboral, bajos salarios, menores pres-
taciones sociales, más horas de trabajo y más
larga vida laboral. Sin embargo, estamos en la cola
en cuanto a productividad y competencia. Esta
contradicción debiera hacer reflexionar a políti-
cos y empresarios, pero no. Se empeñan en pro-
poner siempre la misma receta, que ya se ha
demostrado ineficaz. A mayor precariedad labo-
ral menor productividad y competencia.
Los/as trabajadores/as españoles son los que
más trabajan y menos reciben y aún así nuestra
economía es la menos competente de su ámbi-
to. La ineficacia del tejido productivo español
hay que buscarla en el otro lado, en un empre-
sariado manifiestamente incapaz de organizar
la actividad productiva de forma competente.
Hay varios aspectos que explican esta con-
clusión:
1. El carácter funcionarial de los empresa-
rios. El 50% de la actividad productiva la
generan las administraciones públicas. Esta
actividad se concreta en infinidad de contra-
tos de las administraciones con las empresas.
Esa contratación se realiza en condiciones de
opacidad, de tal forma que los contratos se otor-
gan a cambio de favores. Para que una empre-
sa sea viable no tiene que ser eficaz, tiene
que gozar del favor de las administraciones.
2. La tolerancia con el fraude. La función ins-
pectora de la administración no existe. La Ins-
pección de Trabajo sólo tiene medios para
atender el 15% de las denuncias que se pre-
sentan. A esto se añade que más del 35% de
la actividad productiva está desarrollada por
empresas ficticias, sin capitalización. Los ins-
pectores de trabajo saben que es inútil san-
cionar a esas empresas, no se va a recaudar
la sanción, ya que para eludir la responsabi-
lidad les basta con cambiar de denominación.
Las empresas grandes tienen una relación
"personal" con los inspectores que hace que
también queden fuera del ámbito sanciona-
dor. Así que la labor inspectora se dirige a
aquellas pequeñas empresas, autónomos o
cooperativas que no pueden burlar, ni com-
prar, la acción inspectora. Cuanto mejor fun-
cionen más van a ser fiscalizadas, ya que son
quienes van a justificar el trabajo y recauda-
ción de la inspección. De esta forma se expul-
sa del mercado a empresas eficaces, y se
promociona a empresarios cuya único méri-
to es eludir la fiscalización y defraudar.
3. La precariedad laboral. El recurso a la con-
tratación temporal y a la externalización es
muestra de ineficacia empresarial. El coste de
la mano de obra contratada a través de una
ETT es un 35% mayor que el contratado direc-
tamente por la empresa. Si hablamos de exter-
nalización los gastos se disparan. Por ejemplo
el coste para un Ayuntamiento de un bombero
es de 2.500 euros mes. Contratar una empre-
sa de prevención y extinción del incendios es
de 8.900 euros mes por trabajador. Esto acre-
dita que el coste de la mano de obra no es un
factor determinante en el resultado de la acti-
vidad económica. No importa que el coste de
la mano de obra se dispare, siempre que no
sea el trabajador quien se beneficie.
4. La subcontratación. La cadena de subcon-
trataciones es prueba de la ineficacia empre-
sarial. Por ejemplo; una empresa intermediaria
es favorecida por la administración con un
contrato para la construcción de una carretera.
Esa empresa ya ha hecho el negocio con la
mera concesión. Ni le interesa ni sabe cons-
truir ella misma la carretera, así que trocea la
obra y subcontrata su construcción con varias
empresas constructoras. Estas empresas desa-
rrollan el proyecto técnico, pero no lo aplican
a pie de obra. Ya han hecho su negocio con
la administración técnica del proyecto, así
que cada una subcontrata con otras empre-
sas la aplicación del proyecto. Así tenemos
que en cualquier obra para llegar desde el
obrero hasta el constructor hay siete sub-
contrataciones. Y cada subcontratación incre-
menta los gastos de ejecución.
5. La facilidad del despido. La reducción de la
indemnización por despido, y la eliminación
de los salarios de tramitación facilitan el des-
pido de los trabajadores. Las empresas no tie-
nen que hacer ningún esfuerzo para tener
una plantilla bien formada, cuidando de su
salud y organizada eficazmente para produ-
cir. Le basta con la amenaza del despido. Esta
política del terror produce un deterioro de la
capacitación profesional de la masa de emple-
ados. No basta con ser buen profesional para
garantizar el puesto de trabajo, cuenta más ser
un `pelotas', es el carácter del sistema. Al tra-
bajador se le puede sobreexplotar fácilmente,
y cuando cae de baja, se le despide y se con-
trata a otro. España es el país con mayor
siniestralidad de su ámbito, y con la mayor pro-
porción de inválidos por cuestiones labora-
les. Las empresas no cuidan de sus trabajadores,
sino que los exprimen al máximo en el menor
tiempo, trasladando luego a la Seguridad
Social los costes de su explotación.
6. El déficit democrático en las empresas.
Los/as trabajadores/as están absolutamente
excluidos del proceso productivo. Se ha cre-
ado un sistema de representación sindical que
excluye la participación de los trabajadores.
Las burocracias de los pseudosindicatos se
han arrogado la representación de los traba-
jadores con el solo objeto de anular su capa-
cidad de decidir e influir en su futuro.
Este es el camino que hemos elegido, y las
reformas laborales que se anuncian ahondan en
esa vía. Este sistema nos ha convertido en el
paraíso de los bajos salarios, la precariedad y la
siniestralidad laboral. Con el tejido empresarial que
se ha ido seleccionando estamos abocados a con-
vertirnos en un país de servicios serviles. Hemos
creado las condiciones de explotación óptima de
los más desfavorecidos, por eso solamente somos
capaces de crear puestos de trabajo para los deses-
perados del Tercer Mundo, que con toda justicia
acuden en masa huyendo del hambre. Las empre-
sas encuentran en ese contingente de mano de
obra barata un nicho que les proporciona cuan-
tiosos beneficios porque trasladan a la Sociedad
el coste de su explotación. Es la Sociedad quien
les asiste y cubre sus necesidades sanitarias, edu-
cativas, de vivienda... Son puestos de trabajo que
malamente permiten subsistir a una persona.
Este tejido empresarial corrupto no es capaz de
crear puestos de trabajo que generen riqueza.
Cualquier persona que trabaje debería tener dere-
cho a percibir una retribución que le permita vivir
dignamente y generar cotizaciones para tener
cobertura social. Es absurdo crear puestos de tra-
bajo que no generen un mínimo que cubra el
coste de supervivencia del trabajador. Así no se
genera riqueza, sino pobreza. La sociedad sub-
venciona al empresario ineficaz, ya que le permite
pagar solamente una parte de los costes que gene-
ra su actividad. Estos puestos de trabajo no ren-
tables en nuestro país, se deberían crear en los
países origen de los inmigrantes, allí sí que serí-
an rentables, y tendrían un efecto multiplicador
sobre la creación de riqueza.
Este modelo económico es insostenible. Más
pronto que tarde la Sociedad tendrá que sopor-
tar unos costes altísimos, y tendrá que reducir
las prestaciones sociales. La degradación de la
enseñanza o sanidad pública es una muestra de
esto. Así que el modelo neoliberal que hemos
abrazado con tanta alegría postmoderna nos
conduce a una sociedad degradada, sin pres-
taciones sociales: pensiones, educación, sani-
dad, vivienda, hasta convertirnos en un país
tercermundista.
Para cambiar el destino que nos espera debe-
mos ser capaces de impulsar reformas laborales
de signo contrario a las que nos ofrecen, por lo
que proponemos.
1. Modificación de la contratación adminis-
trativa. Adoptar un sistema transparente,
donde se prime la calidad de las condiciones
de trabajo, y se potencie la adjudicación a
cooperativas y colectivos de trabajadores.
2. Persecución del fraude empresarial. Elimi-
nando del mercando a las empresas, e inha-
bilitando a sus administradores, que incumplan
la normativa laboral.
3. Prohibición de las ETTs. Y limitación de los
contratos temporales.
4. Establecer la responsabilidad solidaria. La
empresa contratista debe responder solida-
riamente de las obligaciones que contraiga la
subcontrata en materia laboral.
5. Dar la opción por la readmisión al trabaja-
dor despedido improcedentemente.
6. Democratizar las empresas. Residencian-
do en la asamblea de trabajadores/as la capa-
cidad de negociación colectiva, para garantizar
la participación directa de los trabajadores,
y promoviendo iniciativas colectivas auto-
gestionadas como alternativas a la empresa
capitalista.
Si la reforma laboral avanzara por este cami-
no obtendríamos un tejido empresarial moder-
no, con trabajadores cualificados, con capacidad
para crear riqueza optimizando al máximo los
recursos disponibles, en una sociedad con futu-
ro. Solamente creando las condiciones para que
surjan vínculos cada vez más estrechos de soli-
daridad podremos salir adelante.
J. de la Lama es abogado laboralista.
Las condiciones de competencia feroz que establece el neoliberalismo en todos los
ámbitos (geográficos, económicos o personales) hacen que las relaciones sociales se
degraden hasta quedar reducidas a actos de violencia. Sobrevive ni tan siquiera el más
fuerte, sino el que menos escrúpulos tiene para comportarse de forma más abyecta.
Juego de tontos
NEMESIO