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n°322 abril 2006
Internacional
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nes de dólares el presupuesto para combatir
este tipo de bombas, y por primera vez desde
el inicio de la ocupación, se ha reconocido que
la empresa armamentística israelí Rafael esta-
ría ayudando al Pentágono en este campo. Es-
tos datos confirmarían que, pese a las medidas
de autoprotección y desarrollo de nuevas téc-
nicas, la resistencia iraquí está siendo capaz de
mantener un nivel ascendente de actuación,
incluido en el sur del país. Ciertamente: de
nuevo según datos del Pentágono, el número
de ataques "significativos" por parte de la re-
sistencia se había incrementado en un 30%
respecto a 2004, hasta más de 34.000, es de-
cir, casi 100 diarios.
De estos ataques, apenas el 1% fueron ata-
ques suicidas o coches-bomba, ambos tipos de
acciones achacados por la propia resistencia
iraquí a la red Al-Qaeda en Iraq, a tramas vin-
culadas a los ocupantes y las nuevas autori-
dades iraquíes, o a terceros países. Es decir, el
esfuerzo esencial de la actividad armada re-
cae en los ataques directamente dirigidos con-
tra las fuerzas de ocupación por parte de la
resistencia y que, pese a centrarse en ellos la
atención pública internacional, los atentados
masivos y sectarios son muy escasos compa-
rativamente, aunque sus efectos sean muy gra-
ves. Es más, medios árabes y occidentales
confirman los ya abiertos enfrentamientos ar-
mados desde noviembre de 2005 en la provin-
cia occidental de Al-Anbar (y en su propia
capital, Ramadi) entre organizaciones de la re-
sistencia iraquí y la red de Al-Qaeda en Iraq de
Al-Zarqaui, que se estarían extendiendo a otras
provincias del país (por lo pronto a Diyala y Sa-
ladino, al norte de Bagdad
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.
Según la Institución Brookings de Was-
hington, las fuerzas estadounidenses en Iraq
habrían dado muerte en los tres meses de agos-
to, septiembre y noviembre de 2005 a una me-
dia "aproximada" de al menos 3.000
combatientes. Si se recuerda la estimación ofi-
cial del Pentágono de que la resistencia iraquí
podría estar integrada por unos 20.000 efec-
tivos, ello querría decir que EE.UU. ha elimi-
nado a casi la mitad de sus integrantes. Pero
lo cierto es que las cifras no cuadran. La rea-
lidad diaria en Iraq confirma que la resisten-
cia, antes que estar en receso, está imbatida:
"El número de ataques de la resistencia sigue
en aumento y que no hay previsión de una re-
ducción [...] debido a que [sus miembros] son
parte intrínseca de la población iraquí", según
declaraciones de un oficial estadounidense des-
tinado en Iraq recogidas en el documento de
6 de febrero de 2006 citado de GAO. Respues-
ta: detenciones masivas y represión generali-
zada. Según la Red de ONG de Derechos
Humanos de Iraq, 250.000 iraquíes han pasa-
do por centros de detención estadounidenses
o iraquíes, para ser liberados sin cargo y tras
haber sido, cuando menos, maltratados. Se-
gún el último informe de febrero de 2006 de
la denominada "Misión de Asistencia de Na-
ciones Unidas para Iraq", UNAMI, en este país
hay 29.565 presos, de los cuales 14.229 están
bajo control de las fuerzas de ocupación, una
cifra que no deja de aumentar.
En su informe para el Pentágono, el gene-
ral Andrew Krepinevich describía hace pocas
semanas el despliegue de las tropas estadou-
nidenses en Oriente Medio como "una delga-
da línea verde" a punto de quebrarse. Apenas
una veintena más de países, incluido Reino
Unido -con 8.000-, contribuyen con poco más
de 20.000 soldados a la ocupación de Iraq. La
Administración Bush mantiene hoy en Iraq
136.000 efectivos, una cifra ligeramente in-
ferior al contingente máximo desplegado du-
rante las elecciones de diciembre de 2005. Tan
alto número de efectivos sólo se puede man-
tener con rápidos retornos a Iraq, la prolon-
gación más allá de un año de la permanencia
en el escenario de combate y el recurso abu-
sivo a miembros de la Guardia Nacional y la
Reserva del Ejército, mal preparados por el
combate. Por primera vez en años, en 2005 el
reclutamiento descendió por debajo de las pre-
visiones y hasta 50.000 soldados han visto
prorrogado contra su voluntad su servicio en
el Ejército.
Mientras apenas se avanza en el proceso
de creación del nuevo ejército iraquí (ningu-
no de sus 100 batallones ya formados y en-
trenados se considera apto para combatir en
solitario), tras un otoño de intensísimos ope-
rativos a lo largo del río Éufrates, EE.UU. está
procediendo a una repliegue efectivo sobre el
terreno a fin de limitar el número de bajas. El
Pentágono cuadruplicó en los últimos meses de
2005 los bombardeos aéreos y con misiles so-
bre Iraq, mientras acuartela a sus tropas en
100 bases distribuidas por todo el país -si bien
comienza a hablarse de una reducción a cua-
tro macrobases-.y cerca con muros ciudades
rebeldes (ya cinco: Samarra, Rutba, Mosul, Tal
Afar y Siniya). Es el modelo del último opera-
tivo militar estadounidense, está vez en las
proximidades de Samarra y denominado Ope-
ración Swarmer, iniciado el pasado 16 de mar-
zo. Se trata de la mayor cortina de humo
propagandística de EE.UU. en los últimos me-
ses, coincidente además con el tercer aniver-
sario de la invasión de Iraq. No casualmente,
ha coincidido también con la concesión de un
nuevo crédito del Congreso de EE.UU. para pro-
longar la guerra en Iraq, además de la de Af-
ganistán, partida aprobada el mismo día 16 de
marzo: más 77 mil millones de dólares, casi
57 mil millones de euros.
El resultado de todo ello es imaginable: el
incremento de destrucción y de víctimas civi-
les, además de la pérdida efectiva del control
territorial, ya precario incluso en la capital.
La cifra de civiles muertos es desconocida, pero
las proyecciones del estudio de la Universidad
John Hoskins de Baltimore, publicado en oc-
tubre de 2004 en la revista Lancet, sitúan en
una orquilla de entre 125.000 y 250.000 el nú-
mero de iraquíes muertos en estos tres años de
ocupación.
Hegemonía del confesionalismo chií.
El único alivio que le restaría a EE.UU. y Rei-
no Unido tampoco se materializa: la consoli-
dación del proceso político interno, ase se abría
con las elecciones de diciembre de 2005. En es-
tos comicios, llevados a cabo sin supervisión
internacional alguna, la lista confesional chií
Alianza Unida Iraquí (AUI), vertebrada en tor-
no a la figura del gran ayatollah Al-Sistani y
cuyos dos principales integrantes son las for-
maciones Dawa y el Consejo Supremo de la Re-
volución Islámica en Iraq (CSRII), si bien no
obtuvo la mayoría absoluta, salió revalidada
como la fuerza hegemónica de las nuevas ins-
tituciones, tan solo contrapesada por el bloque
kurdo. Ambas listas coinciden en su voluntad
federalista, consagrada en el borrador de Cons-
titución de agosto de 2005, que incluye de fac-
to la disolución del marco jurídico estatal y
graves restricciones en libertades y derechos
civiles al establecer la preeminencia jurídica
de la ley islámica. A tres meses de las eleccio-
nes aún no hay nuevo Gobierno, y el parla-
mento se ha reunido finalmente para no poder
ni tan siquiera designar a su presidente.
Incluso antes de iniciarse la invasión,
EE.UU. otorgó a las formaciones del confesio-
nalismo político chií un papel en la gestión de
la ocupación de Iraq que inevitablemente abría
-como así ha sido- el país a la directa influencia
iraní. Ocupado Iraq, a fin de poder presentar
en casa resultados tangibles, el presidente Bush
se empecinó en mantener el calendario del
proceso político, aún en contra de sus tradi-
cionales aliados opositores al régimen de Sa-
dam Husein. Antiguos interlocutores de EE.UU.
y Reino Unido como Iyad Allawi, Ahmad Cha-
labi, Yalal Talabani y Masud Barzani pidieron
a la Administración Bush que se aplazaran los
primeros comicios de enero de 2005 ante la
previsión de un triunfo electoral de la candi-
datura chií pro-iraní, en buena medida logra-
do por el fuerte apoyo financiero y coercitivo
iraní, además de la alteración del censo y el es-
crutinio. El resultado inevitable ha sido con-
vertir a las formaciones confesionales
proiraníes de la lista AUI (a la que en las elec-
ciones de diciembre se ha unido el llamado
"clérigo radical" Al-Sader) en fuerzas hege-
mónicas en las nuevas instituciones iraquíes.
A día de hoy aún no se ha podido formar
nuevo Gobierno -ya para cuatro años- por la
negativa de la AUI a reconsiderar su designa-
ción de Al-Yaafari como primer ministro, tras
haber ocupado este mismo cargo en el ante-
rior Gobierno de transición, tal y como exigen
las formaciones kurdas y sunníes, al parecer
con pleno respaldo de EE.UU.
Pero la crisis interna se agudiza. A la con-
frontación de estos tres años entre la resis-
tencia, de un lado, y los ocupantes y fuerzas
colaboracionistas, del otro, se ha superpuesto
en los últimos meses un nuevo fenómeno de
violencia cuya lógica y objetivos parecen aten-
tar tanto contra la integridad y convivencia
comunitaria de Iraq, como contra la pretensión
de EE.UU. y Reino Unido de estabilizar la si-
tuación interna. Se trata de la aparición de los
escuadrones de la muerte, que están perpe-
trando matanzas y asesinatos selectivos entre
la comunidad sunní y el campo anti-ocupa-
ción, muy particularmente en Bagdad y sus
alrededores, área donde habrían sido asesina-
das hasta 7.000 personas en los últimos me-
ses, según fuentes hospitalarias. Como ha de-
nunciado abiertamente el responsable de De-
rechos Humanos de Naciones Unidas, John
Pale, tras visitar Iraq, tras los escuadrones de
la muerte están los cuerpos especiales de la
nueva policía (entre otros, el denominado Ba-
tallón Lobo), formados íntegramente por mi-
licianos chiíes de la antigua Organización Badr,
brazo militar del mencionado CSRII y directa-
mente vinculada a Irán a través de su ads-
cripción a la Guardia Revolucionaría.
Por ello, no es descabellado apuntar que
quizás tras la estrategia desestabilizadora y
sectaria generada por los escuadrones de la
muerte, que está situando a Iraq (gracias tam-
bién a las acciones homólogas de Al-Qaeda o
las tramas de terceros países que se ocultan tras
la evanescente figura de Al-Zarqaui) al borde
del estallido, puede que se halle la intención
de Irán de forzar a EE.UU. abrir una negocia-
ción global. Los datos de los últimos días así
lo confirmarían.
Según informaba un portavoz de la Casa
Blanca el pasado 16 de marzo, la Administra-
ción Bush ha autorizado al embajador esta-
dounidense en Iraq, Zalmay Jalilzad, a abrir un
diálogo directo con Irán "sobre cuestiones re-
lacionadas con Iraq". Sería así el primer con-
tacto oficial entre ambos países desde la crisis
de los rehenes de la embajada de EE.UU. en Te-
herán de 1979. La idea parece haber surgido
de Irán, pero quien la ha formulado ha sido Ab-
dul Aziz al-Hakim, máximo dirigente del CS-
RII. La clave del proceso, si es que avanza en
él, se basaría en el complejo juego de intere-
ses que afectan a EE.UU. e Irán. No es así de
extrañar que el primer interlocutor iraní que
ha expresado públicamente el apoyo de Tehe-
rán a la idea de negociaciones irano-estadou-
nidenses directas sobre Iraq haya sido Ali
Larijini, el portavoz iraní en el tema nuclear,
quien ha indicado que el gobierno iraní ya ha
retirado algunas condiciones previas para abrir
una negociación con EE.UU. sobre el futuro de
Iraq. Como ha señalado tras este anuncio un
analista iraní "actualmente Irán está en una
situación de fuerza debido a que EE.UU. no lo-
gra un consenso en el Consejo de Seguridad so-
bre el dossier nuclear iraní, lo que podría dar
pie a una negociación doble: sobre Iraq y so-
bre la cuestión nuclear iraní".
Ciertamente a la Administración Bush le
restan pocas opciones en Iraq. Atrapado mili-
tarmente, el alivio que podría suponer el afian-
zamiento del proceso de institucionalización
interno puesto en marcha por Bremer en el
otoño de 2003 no se da. La opción de recono-
cer a Irán como interlocutor en relación a la
crisis de la ocupación de Iraq puede ser ex-
tremadamente complicada para la Adminis-
tración Bush, pero sería también un mal menor
resultado final, como hemos dicho, de la de-
cisión de EE.UU. de conceder un estatuto de
aliado privilegiado a organizaciones y milicias
confesionales chiíes directamente vinculadas
a Irán.
Notas:
[1] El FDI es una instancia de gestión presu-
puestaria de Iraq establecida por resolu-
ción del Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas en 2003, que otorgaba
entonces a los ocupantes, bajo la super-
visión de los organismos financieros in-
ternacionales, la gestión de los haberes
iraquíes, incluidos el fono de dinero re-
mante del programa "Petróleo por Ali-
mentos".
[2] El punto álgido de estos
enfrentamientos lo ha constituido el
asesinato el 5 de febrero de 2006 del
alcalde de Faluya, Kamal Shakir Al-
Nazar Al-Duleimi, sheij de su principal
mezquita, acción atribuida a Al Qaeda.
C. Varea coordina la Campaña Estatal contra
la Ocupación y por la Soberanía de Iraq
(www.iraqsolidaridad.org).
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Pese a las medidas de autoprotección y desarrollo
de nuevas técnicas, la resistencia iraquí está
siendo capaz de mantener un nivel ascendente de
actuación
Incluso antes de iniciarse la invasión, EE.UU. otorgó
a las formaciones del confesionalismo político chií
un papel en la gestión de la ocupación de Iraq
La estrategia desestabilizadora y sectaria generada
por los escuadrones de la muerte, que está
situando a Iraq al borde del estallido, puede que se
halle el intención de Irán de forzar a EE.UU. abrir
una negociación global

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