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Mitin en Casas Viejas. Contra la mercantilización
de la historia libertaria ................................................. 14
Irregularidades en la cárcel de Monterroso. ............. 15
Actualidad
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n°320 febrero 2006
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M. Cobo /Redacción
La nueva ordenanza "de convivencia" del Ayun-
tamiento de Barcelona se vende como la he-
rramienta que permitirá perseguir con mayor
eficacia a los infractores de las normativas mu-
nicipales sobre el uso de la vía pública, así
como disponer de "mecanismos de castigo" que
hasta ahora eran de difícil aplicación. Entre las
infracciones y las correspondientes sanciones
que contemplará la ordenanza se observan con-
ductas y fenómenos de reciente aparición y
otros que ya aparecen como prohibiciones en
las actuales ordenanzas. Los ocho capítulos de-
dicados a concretar las infracciones y a esta-
blecer el régimen sancionador incluyen los
grafitis; las actitudes que "perturben la convi-
vencia, tengan el carácter de incívicas o afec-
ten al mobiliario urbano"; el comportamiento
en parques, jardines y grandes espacios urba-
nos; los juegos y apuestas en la vía pública; la
mendicidad y la prostitución y captación de
clientes en la calle, y la contaminación acús-
tica. Asimismo la nueva ordenanza tendrá un
capítulo cajón de sastre que especificará otras
conductas consideradas por el Ayuntamiento
como reprobables o incívicas, desde el top man-
ta, la venta de latas de cerveza o la práctica del
tarot en la calle hasta la ocupación indebida de
la vía pública por vehículos y personas, la mú-
sica en la calle y los cánticos o gritos que pue-
dan perturbar el descanso de los vecinos.
La ocupación "mala" del espacio urbano.
Algunas medidas recogidas en la nueva norma:
- Atentados contra la dignidad de las per-
sonas. Bajo este título genérico la normati-
va quiere evitar prácticas discriminatorias de
contenido xenófobo, racista o sexista.
- Grafitis y pintadas. Se prohíbe hacer grafi-
tis y pintadas y colocar en las paredes y ele-
mentos públicos pancartas, carteles y folletos
sin los permisos correspondientes.
- Juegos. No se permite la práctica de juegos
en la vía pública que puedan ocasionar mo-
lestias o poner en peligro la integridad de
las personas, como juegos con patín o mo-
nopatín fuera de áreas establecidas.
- Mendicidad. Se pretenden evitar las con-
ductas de mendicidad insistente y agresiva,
especialmente la acción de los limpiadores
de parabrisas o la utilización de menores y
de personas con disminución con esta fina-
lidad.
- Necesidades fisiológicas. Se prohíbe defe-
car, orinar, vomitar o escupir en la vía pú-
blica.
- Consumo de bebidas alcohólicas. No se per-
mite el consumo en la calle, a excepción de
las terrazas y durante la celebración de fies-
tas con autorización.
- Comercio ambulante. Se prohíbe la venta
ambulante y también se castiga la compra a
vendedores ambulantes de cualquier tipo de
alimentos, bebidas u otros productos.
... Y la ocupación "buena".
En este apartado deberíamos meter todo lo que
el gobierno local considera de interés público
para todos los ciudadanos: lonas publicitarias
de docenas de metros cubriendo edificios en
restauración, publicidad exhaustiva en vitri-
nas, autobuses municipales, marquesinas, an-
denes y vagones de metro... todo de entidades
empresariales. Nunca de asociaciones vecina-
les, organizaciones políticas o sociales. Los po-
líticos quieren además hacernos pagar sus
propios desmanes inmobiliarios: persiguen el
movimiento okupa, permitiendo que barrios
enteros se caigan a pedazos antes de que haya
un colectivo con iniciativas sociales en la zona.
También podríamos catalogar como bueno
y necesario la contaminación lumínica -espe-
cialmente la navideña-, la sustitución de zo-
nas verdes por parkins subterráneos con cuatro
árboles raquíticos sobre el cemento, la cons-
trucción de centros comerciales en la perife-
ria y barrios residenciales adyacentes sin nin-
gún tipo de comercio, con lo que las carrete-
ras se saturan para ir a comprar -solución: más
carreteras- en lugar de hacer barrios con las
tiendas integradas en los inmuebles, la obsta-
culización a las fiestas populares de iniciativa
vecinal, la progresiva eliminación de fuentes
públicas (las usan los yonkis), aseos públicos
(ídem) y bancos públicos (sólo sirven para que
duerman los mendigos), y un largo etcétera
destinado a que el ciudadano se sienta incó-
modo en la calle y que esta sea un lugar de
tránsito hacia un lugar de consumo.
Vagos, putas y maleantes.
Los argumentos que se esgrimen a favor de
una mayor represión y presencia policial son
variopintos: la gente es incívica y tira sus des-
perdicios fuera de los espacios previstos para
ello, hay bandas de jóvenes antisistema que se
han enseñoreado de la ciudad, hay demasia-
dos turistas que quieren visitar la ciudad sin
gastar un duro, hay demasiados mendigos,
topmanteros, prostitutas y trileros campando
a sus anchas, demasiados inmigrantes sin pa-
peles que no comparten nuestras costumbres.
La confusión y utilización demagógica que
supone esta amalgama de problemas, astuta-
mente avivada por los medios voceros del po-
der, precisa un esfuerzo más fino de diagnós-
tico y de análisis. Los políticos concentran sus
alternativas (policía y sanciones) en la lim-
pieza de aquellos que, en sus términos, son
los grandes culpables: maleantes, inmigrantes
y radicales. Pero no se puede poner en el mis-
mo nivel la mendicidad o la prostitución con
el ruido de bares y la venta ilegal ambulante.
Ni podemos confundir okupas con inmigran-
tes sin papeles y personas sin techo. Ni se pue-
de admitir que los beneficios del turismo
masivo queden en unas pocas manos priva-
das, mientras los costes de esa masificación
los arrostran directamente los vecinos de los
barrios más afectados.
El espacio público no es estatal
La respuesta de los ciudadanos barceloneses
no se ha hecho esperar y se han constituido
diversas plataformas ex profeso (Afectados por
el Civismo, El carrer és de tothom,...) que re-
alizan acciones de protesta contra este recor-
te de los derechos civiles.
La última convocatoria de estas asociacio-
nes fue una cacerolada popular en la plaza de
Sant Jaume (22/12/05), y la anterior, el día
17, una manifestación masiva en defensa del
espacio público y contra la imposición de or-
denanzas cívicas a la que acudieron unas cin-
co mil personas. Skaters, ciclistas, vecinos,
músicos y malabaristas ocuparon el centro de
Barcelona reivindicando la función de la calle
como espacio público de socialización y de co-
municación social, y tachando la normativa
de mera fachada que sólo pretende limpiar las
muestras externas de pobreza y la expulsión
de las trabajadoras del sexo.
En palabras de uno de los manifestantes, la
ordenanza "significa el desarrollo del urbanis-
mo burgués, que concibe la ciudad como una
colmena de mano de obra, y en la cual la cir-
culación de capital y la "paz social" se debe im-
poner sobre cualquier otra cuestión".
Hacia una expresión estatal y privada.
Lo que preocupa a las organizaciones vecina-
les y sociales de Barcelona es que esta nor-
mativa es una pose para criminalizar y penar
con el amparo de legalidad a las organizacio-
nes que hacen de la calle su foro de expre-
sión, simplemente por el hecho de repartir
unos folletos o pegar carteles anunciando una
convocatoria. En este sentido, la CNT de Bar-
celona ha debido retirar el puesto con infor-
mación que colocaba tradicionalmente en Las
Ramblas. Ya no está permitido. Impera lo po-
líticamente correcto, la pulcritud en la facha-
da (entre otras cosas importantes, una de las
misiones de Clos esta pasada navidad fue eli-
minar de los belenes municipales el tradicio-
nal caganet. ¡No es de buen gusto!).
Leyendo entre líneas podemos llegar a la
conclusión de que lo que molesta a nuestros
intelectuales burgueses no es la miseria o la
marginación, sino tener que verla.
A medida que las necesidades materiales de la autollamada clase media
se recubren de más y más lujo, la opinión pública títere del sistema va en-
caminándose hacia una progresiva, aunque sutil, involución conservado-
ra. Un ejemplo son las nuevas ordenanzas cívicas en ciudades como
Cáceres, Barcelona y Valladolid. Escandalizándose de la degeneración so-
cial que llena las calles de mendigos y vendedores ambulantes (víctimas
de un sistema del que ellos son siervos), los gobiernos locales ponen puer-
tas al campo y legislan sobre la iniciativa popular. Lo que se vende como
castigo al top manta y al gamberrismo es una máscara que oculta la ex-
cusa perfecta para reprimir la acción de movimientos sociales y políticos
de toda índole.
Que el ejército entre en las calles para protegernos de nosotros mismos
y asegurarse de que estamos en casa consumiendo tele o en el centro co-
mercial consumiendo lo que sea es cuestión de tiempo, a juzgar por el sen-
tir de algunos Tejeros frustrados. ¿Habrá que unirse a las filas de la Iglesia
Católica para poder expansionarnos en una manifestación legal?
La calle se vacía de mensajes
Barcelona: nueva Ordenanza de Convivencia del Ayuntamiento
La calle, robada a los movimientos sociales
Comienzan a aplicarse las nuevas ordenanzas cívicas
Esta normativa es una pose para criminalizar y
penar con el amparo de legalidad a las
organizaciones que hacen de la calle su foro de
expresión
Manifestación en Barcelona en contra de las nuevas ordenanzas.
/ Indymedia Barcelona

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