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Ago. - sept. 2005
VI época - Madrid
www.periodicocnt.org
Edita: Confederación Nacional del Trabajo
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Administración: R. Alcalde, J. Reyero
Redacción: J. Blasco, M.G. Blázquez, M. Cobo, L. Gómez,
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Distribución: F.L. de Madrid
ISSN. 1135-173X D.L.: M-36436-79
A nuestros antepasados les asustaban con lo
esotérico: diablos, almas en pena, fantas-
mones, duendes. Pronto se vio que no era bas-
tante, y las grandes fuerzas apretaron con
cepos, palizas, hogueras. No sé cómo lo hici-
mos, pero seguimos con nuestra voluntad
de resistencia. Aunque nos llevara a Siberia,
a Buchenwald, al campo de Albatera, o al
de Nanclares de Oca (Alava: hoy hay cárcel
y psiquiátrico). Un poder necesita de una ciu-
dadanía asustada. Hoy se asusta incluso con
la libertad: para ser libre tenemos que acep-
tar perder las libertades y hasta sentirnos acu-
sados por nuestros iguales que se afilian al
lado del terror y de esa forma se sienten
libres. El terror actual -en el mundo libre- con-
siste en hacernos sentir culpables de nues-
tra propia muerte. Toda la campaña del
tráfico amenazador, que en estas fechas es
más peligroso, se alza contra la víctima:
habrá bebido, no habrá revisado la presión
de sus ruedas, lleva niños sueltos en el coche,
no habrá obedecido la limitación de veloci-
dad. Hay carteles que dicen cuántas perso-
nas murieron en ese punto el año pasado.
Es posible, pero no es todo: faltarán guar-
dias, o curvas por peraltar, o baches por
cubrir, o pequeñas carreteras abandonadas.
Es sólo algo de lo que pasa. Tenemos que
temblar ante nuestros amigos árabes, no
confiar en ningún vasco, asustarnos de la opo-
sición unas veces, o del Gobierno las otras;
no debemos comer cualquier cosa, ni dejar
a nuestros hijos entrar donde venden golo-
sinas. Otras veces hay vacas locas o pesca-
dos portadores de microbios que matan; o
mosquitos que los reparten.
Recibo una circular -"Querido anciano"-
que me incita a beber agua continuamente,
pero que no sea gaseosa; si no salgo a la
calle durante esta ola de calor, podré alar-
gar mi vida; si salgo, debo llevar un som-
brero, una gorrita de béisbol -prefiero morir
a llevar esa gorrita-, un bastón para saltar
las obras de Gallardón -son las mismas de
Manzano-, poner los pulsos al agua corrien-
te... Y llevar un periódico a mano para cubrir-
se el estómago si entramos en un sitio
excesivamente refrigerado.
Bien, ya tengo miedo, y ya debo esperar
de nuestras numerosas autoridades -las auto-
nomías las han duplicado- que me prote-
jan. No me da tiempo -ni ganas- a pensar en
las irresponsabilidades que puedan tener
conmigo; debo ser un ciudadano normal
hasta la cerviz inclinada.
Los "simpáticos" policías ingleses, que no
llevaban armas ayudaban a las ancianitas,
invidentes y niños a cruzar la calle, ahora
disparan cinco balazos a la cabeza de los
sospechosos, inmigrantes y ciudadanos bri-
tánicos de piel oscura. El color de la piel
puede ser sospechoso por sí mismo, por lo
que se recomienda a los hijos de la blanca
Albión que no se expongan demasiado a la
acción de los rayos solares, no vaya a ser
que el bronceado infunda sospechas a los
celosos y asustados policías de gatillo fácil
o con problemas visuales. Lo mejor sería que
no salieran de Europa este verano, que pres-
cindieran de visitar el Mar Rojo, las
Pirámides, o los santos lugares. Pero en las
grandes ciudades europeas sigue habiendo
peligro para ellos, en Roma, París, Berlín, o
Madrid también pueden estallar las bombas
y salirse de madre los agentes de ese orden
que se impone ahora a título póstumo. Otra
recomendación, ésta para turistas de países
cálidos que piensen visitar el Reino Unido
este verano, es que aguanten a cuerpo des-
cubierto las bajas temperaturas relativas, sin
gabardinas, ni chaquetones como hacen los
nativos de las Islas, es preferible congelar-
te a que un policía paranoico piense que lle-
vas la prenda de abrigo forrada de explosivos.
El ser friolero fue lo que le costó la vida al
inmigrante brasileño abatido sobre el pavi-
mento londinense por los descerebrados que
le volaron la cabeza. Hubo un tiempo en el
que se decía que los británicos trataban a sus
inmigrantes como a sus perros pero que no
era tan grave porque a sus perros lestrata-
ban estupendamente. Hoy para combatir los
brotes de rabia fundamentalista,los británi-
cos hacen lo que harían si sospecharan que
sus canes podían estar infectados por la
hidrofobia: exterminarlos.
Los "civilizados" y flemáticos jefes del
prestigioso "Scotland Yard", se han conta-
giado de la histeria general y aunque han
pedido corteses excusas a los familiares de
la víctima, se han vuelto a pronunciar a
favor de la vieja práctica de disparar prime-
ro y preguntar después. Lo sentimos, pero
volveremos a hacerlo, han dicho, y además
seguiremos disparando a la cabeza porque
los explosivos los llevan en el torso y si les
tiramos a las piernas pueden caerse y explo-
tar. Los tabloides británicos, diarios sensa-
cionalistas, portavoces de la opinión de
millones de ciudadanos jalean a su gobier-
no y a la policía para que no deje de dispa-
rar sobre todo lo que se mueva
sospechosamente. Ahora son ellos los perros
rabiosos y acabarán mordiéndose los unos a
los otros encerrados en un estado perrera de
alta seguridad y saliendo a la calle solo para
hacer sus necesidades (laborales).
Perros rabiosos
Moncho Alpuente
Eduardo Haro Tecglen
Los tabloides
británicos, diarios
sensacionalistas,
portavoces de la
opinión de millones de
ciudadanos jalean a su
gobierno y a la policía
para que no deje de
disparar sobre todo lo
que se mueva
sospechosamente
Hoy se asusta incluso
con la libertad: para
ser libre tenemos que
aceptar perder las
libertades y hasta
sentirnos acusados
por nuestros iguales
que se afilian al lado
del terror y de esa
forma se sienten
libres
El miedo
http://www.eduardoharotecglen.net/blog/
El capitán Pumar, un héroe estilista de pañuelo caqui, quiso demostrar su patriotismo
apuntando con los cañones antiaéreos de su compañía contra el grueso de la "Marcha
verde". Así defendería la unidad de España, que en 1975 llegaba hasta el Sáhara. Pero
mandaba más su general y no pasó de la observación debida, con lo que, años después,
penó disparando contra el fantasma enemigo invisible en las Cañadas del Teide, isla de
Tenerife, con los mismos cañones antiaéreos que le impidieron defender las Leyes
Fundamentales del Movimiento, controlado en aquellos meses por el Equipo Médico
Habitual, en el territorio que debía ser libre y que acabó atrapado en el fundamentalis-
mo monárquico del primo del primo. Otros años después, los pasó contribuyendo al pro-
greso de la Patria, ya de comandante, quedándose en sus bolsillos con buena parte del
dinero destinado al cátering de los muchos cócteles y ágapes del Ministerio de Defensa.
Con la democracia instalada, la Patria ya era una cagada y se apuntó al que reparte que
se lleve la mejor parte. En estado senil, pero con el pañuelo caqui anudado al cuello, sigue
pensando que debió disparar, que un guerrero es mejor que se lleve siempre a alguien
por delante. Quizá así España seguiría siendo África y ahora los saharauis estarían
reformando su estatuto de autonomía, definiéndose como pueblo y reclamando el dere-
cho a ser libres y soberanos sobre la tierra que les tocó pisar. Cosa que les impediría la
Constitución. Aunque nos estaría permitido, para compensar el amado olvido, poner
cada año a un saharaui en nuestra piscina de verano. Jenofonte
Vacaciones de verano
la fotomatona
la fotomatona

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