background image
M.G.B. /Redacción
Existe algún arquitecto que ya comienza a de-
cir que, en realidad, se han convertido en
mercenarios y que debe cundir el ejemplo de
la objeción de conciencia o la insumisión a
participar en la agresión al medio. La alianza
entre las firmas que son necesarias para lle-
var un proyecto adelante ha cambiado en po-
cos años el paisaje y las condiciones de vida
de cuantos habitan en un entorno que podría
clasificarse como razonable. Si los modernos
núcleos de población, los barrios nuevos que
salpican de hormigón y ladrillo desquiciados
los alrededores de todas las ciudades, son la
esencia de la incomunicación (a pesar de las
decenas de carreteras, autovías, metros y tre-
nes ligeros que lo entretienen), de la inco-
modidad y el caos, lo que quedaba del hábitat
legado casi en estado puro sería lo más cer-
cano a lo que necesitan los animales que ha-
bitan la cosa (incluido el más desgraciado
animal de todos, el ser, a veces confundido con
el ser humano) para ir transitando mientras
dura la existencia. Pero como ésta se acondi-
ciona para que vivamos, padezcamos y dis-
frutemos al lado de las nuevas iglesias llamadas
"carrefur", "mercadona" o "hipercor", todo se
planifica y acondiciona para que en el más
remoto lugar, por hermoso e inaccesible que
sea, llegue una tuneladora, una grúa de gue-
rra contra la naturaleza, los pisitos vacíos todo
el año menos quince días y el centro comer-
cial y de ocio en el que pasear al niño sobre
el carrito repleto de tetrabricks, latas y plás-
ticos con algo de comida y ver en el interme-
dio de la compra la última de Almodóvar o la
peste de "Los Increíbles". La salida de allí es
purificadora y el estado máximo de tontería
y perfección podrá aún mejorarse en el cami-
no de vuelta, mientras el atasco en el coche
nos da tiempo holgado para convencernos de
que la felicidad era esto, qué bien que pode-
mos consumir.
Guerra contra el entorno
Un consumo más a nuestro alcance será, sin
duda, "Marina Dor, vacaciones todo el año".
Cientos de mentes y otras muchas alianzas del
mal trabajan para nosotros, por ello, de Oca a
Oca, perpetuarán la esencia de nuestra felici-
dad allá donde ellos quieran que queramos y
pondrán al alcance de nuestro coche y nues-
tras hipotecas lo mismo de lo que nos quere-
mos desprender, pero en otro lugar. El eje de
intereses entre propietarios del suelo, promo-
tores inmobiliarios, banqueros que saldrán en
las fotos arrojándonos el orgullo de trillones
de beneficios a la cara, arquitectos que firman
lo que les echen, gerentes de negociado, con-
cejales de urbanismo y encantadores del desa-
rrollo sostenible han plagado el territorio de
urbanizaciones aberrantes generadoras de tan-
to beneficio canalla como de subempleo mise-
rable en la construcción y en los servicios.
El desarrollo y el crecimiento sin medida se
hace muchas veces en nombre del empleo, de
la creación de migajas, de despojos económi-
cos que nadie pide pero que se nos da porque
los ideólogos lo necesitan. En época de terro-
res y de guerras, late, se extiende como una
mancha de aceite la guerra despiadada contra
lo que nos da la vida y que, por ahora, no se
puede defender por sí mismo, el entorno, y el
terrorismo ambiental del que se han converti-
do en colaboradores necesarios y agentes ar-
mados empresarios sin escrúpulos, políticos co-
rruptos y otros muchos seres camuflados,
silenciosos en todo tipo de administraciones,
instituciones o empresas, sean de estudio de im-
pacto ambiental, justicieros de aplicar la in-
justicia, sesudos universitarios, sindicatos que
cantaron "a desalambrar" y, ahora, "vamos a pi-
llar", y hasta ecologistas redimidos por el ne-
gocio del medio ambiente o por el sillón o silla
decisoria y a buen sueldo en la consejería apro-
piada de la Comunidad.
A cerrar el Mediterráneo
Ahora le ha tocado el turno a lo que quedaba.
Las constructoras, las inmobiliarias están ce-
rrando el círculo y terminarán de tapiar con
apartamentos y hoteles todo el Mediterráneo
ibérico. La única franja de costa que quedaba
virgen del desarrollo turístico masivo e incon-
trolado por urbanizaciones y hoteles está si-
tuada en el terreno del Parque Natural Cabo de
Gata-Níjar. La carrera por destrozarlo es veloz,
nada de trotes, y los ayuntamientos que lo ges-
tionan, Almería, Carboneras y Níjar, el con-
sentimiento solapado de la Junta de Andalucía,
y la ilegalidad manifiesta están intentando ga-
nar en milésimas de segundo en la "foto fí-
nish" del desmonte más aberrante y la coloni-
zación por grúas, camiones, hormigoneras y
escombreras que luego se pueden recalificar.
Da la impresión de que ya no hay quien lo pare,
de que casi, en realidad, se protegen los espa-
cios para que a continuación sea un reclamo
para los especuladores.
Nunca hubo tantas normas y leyes que pro-
tegieran determinadas cosas, pero parece que,
en el pulso, gana siempre el dinero fácil y los
intereses económicos de unos cuantos. En este
parque natural, los ayuntamientos piensan
que si los de al lado lo pueden hacer por qué
no ellos. Así, a imagen y semejanza de lo he-
cho en otras zonas del Mediterráneo, los pla-
nes de urbanismo de los municipios se están
saltando a la torera todas las normas de pro-
tección del parque. Entre otras protecciones,
el Cabo de Gata es Zona de Especial Protección
de Aves (ZEPA), Zona Especialmente Protegi-
da de Importancia para el Mediterráneo (ZE-
PIM), Lugar de Interés Comunitario (LIC),
todas normativas comunitarias, Reserva de la
Biosfera por la UNESCO (1997) y parte de la
Red Europea de Geoparques (European Geo-
parks, 2001). Siempre hay una norma ante-
rior a la norma de la norma que puede más que
lo estipulado por la Comunidad Autónoma,
por el Estado o por la Unión Europea. Y si no
es así, si en algún momento una denuncia
sale adelante y hay que volver atrás, senci-
llamente no se aplica la sentencia.
Uno de los casos más aberrante, es la urba-
nización con un hotel de 441 habitaciones cons-
truido por la promotora Azata, mas otro previsto,
encima materialmente de una playa hasta aho-
ra virgen, la de El Algarrobico, en el término mu-
nicipal de Carboneras y dentro del Parque
Natural. Esta misma empresa construirá los co-
rrespondientes apartamentos que poblarán de
cubos los alrededores de El Algarrobico. Ya no
venden las construcciones en primera o segun-
da línea de playa, sino materialmente sobre ella.
En este caso está, apenas, a 20 metros del are-
nal, con lo que no se respeta ni siquiera la Ley
de Costas de julio de 1988 que establecía un
área de protección mínima de 100 metros en las
que están prohibidas las edificaciones. El argu-
mento al que se acogen es que todo estaba pre-
visto hacerse antes de 1987, cuando el parque
natural aún no existía.
Este municipio, amparándose en un rim-
bombante y atrevido eslogan "Carboneras Viva",
prevé un plan de ampliación urbanística para
20 años con los que pretende fijar la población
en unos 20.000 habitantes, ahora tiene 8.000,
más unos cuantos miles más temporales por el
reclamo turístico. La publicidad de las urbani-
zaciones previstas se hace, curiosamente, ofre-
ciendo la magia idílica de un entorno que ellos
se van a encargar de destrozar.
Un caso entre muchos
El caso de este municipio, en medio del Par-
cnt
n°311 abril 2005
1
122
Las inmobiliarias terminarán
de tapiar el Mediterráneo
En Cataluña el 3 y en Murcia el 30 por ciento. Quizá nunca hubo algo tan claro que ni los más mentirosos se atrevan a
negar. Las comisiones que se cobran de tapadillo para permitir todo tipo de tropelías en lo que se conoce como
"actividad inmobiliaria" nadie las ve pero todo el mundo las conoce.
Uno de los casos más aberrantes, el hotel construido por la promotora Azata en la playa, hasta ahora virgen, de El Algarrobico. /
MGB
Nunca hubo tantas normas y leyes que
protegieran determinadas cosas, pero parece que,
en el pulso, gana siempre el dinero fácil y los
intereses económicos de unos cuantos.
Actualidad

INICIO |  SUSCRIBETE ||  INDICE |  PORTADA |  SINDICAL |  ACTUALIDAD |  INTERNACIONAL |  OPINIÓN |  CULTURA |  CONFEDERAL |  <<11 |   | 13>>

Comentarios

Añadir Comentario