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Cultura
cnt
n°309 febrero 2005
2
266
Germinal
J
uan José Campanella se ha hecho muy
conocido por su película El hijo de la novia.
Una obra de tintes autobiográficos que
relataba una conmovedora historia adoba-
da con tintes de crítica social. Ahora nos
ha llegado otro trabajo suyo, Luna de Avellaneda.
En esta ocasión las dosis de los ingredientes varí-
an: es el aspecto social el que prima. El director
argentino nos cuenta una historia de viejos ami-
gos de infancia y militancia, amores y desencuen-
tros y reconversiones industriales y especuladores.
Además de la cuestión de la emigración. Tanto la
de antes, la de los "gallegos" a la Argentina como
la inversa de la actualidad.
La película arranca con una espectacular
secuencia que nos muestra la época esplendorosa
del club de fútbol que le da nombre. Una entidad
cultural-deportiva, creada por emigrantes españo-
les en un barrio industrial que vive en un entor-
no de cierto bienestar. Después viene la
decadencia. El cierre de las fábricas, el paro, la
falta de perspectivas que lleva a la emigración a
jóvenes y mayores y el deterioro de la sociedad
que ve como disminuyen sus socios, se arruinan
sus instalaciones y termina siendo objetivo de
especuladores. Una realidad seguramente repetida
en más de dos ocasiones en la Argentina de esta
última década pasto del robo y la experimentación
capitalista.
Como El hijo de la novia este film es un melo-
drama en el que se busca, y reparte, la lágrima y
la sonrisa por igual. Los personajes principales
están tratados con una especial dulzura que busca,
y encuentra, la complicidad del espectador. Incluso
cuando trata sus facetas más negativas. Es lo que
ocurre con el personaje del alcohólico. Interpretado
por el mismo actor que encarna otro parecido en
la anterior película. Como también sucede con el
del protagonista. Ricardo Darín nos ofrece registros
y conocidos. Sin embargo, esta redundancia en la
forma interpretativa, incluso en el físico, no afec-
ta demasiado a la obra. Al contrario, ayuda a iden-
tificar el mundo propio que Campanella intenta
crear. Algo así como una marca de la casa. Su melo-
drama sería perfectamente identificable aun cuan-
do desconociéramos su autoría.
El planteamiento coral de la película ayuda a
que su larga duración, más de dos horas, no se
haga reiterativa. Un meticuloso trabajo de guión
consigue que la narración avance a través de unas
situaciones complejas que buscan un desenlace. No
hay ningún tipo de experimentación y se atiene a
los más clásicos principios de presentación-nudo-
desenlace. El final se aleja de cualquier veleidad
simbólica o "mágica" para ceñirse a la "realidad"
más cotidiana. Se impone que "venza" el político
agente de los especuladores y que los "soñadores"
se vean obligados a emigrar. Ni siquiera el final
abierto que se insinúa en la última secuencia amor-
tigua esta preferencia por el realismo. Una orien-
tación que aleja el trabajo de Campanella de los
claros referentes de una cierta clase de comedia ita-
liana que abundan a lo largo de las escenas.
Seguramente Luna de Avellaneda no alcanzará
el éxito de su antecesora. El público se suele mos-
trar más receptivo a la identificación personal ais-
lada que a atender a las cuestiones sociales que
están detrás de las conductas personales.
Esperemos que no sea así. Es una película intere-
sante de ver. Quizás demasiado amable. Su enfo-
que sentimental, de personajes y situaciones,
diluyen su impacto. Pero, aún así, quedamos atra-
pados por su encanto. Como si hubiera caído en
nuestras manos el ejemplar de la semana de la La
Novela Ideal
que se editaba en los años veinte y
treinta del siglo pasado. Ideología y acción junto
a lances amorosos e intriga. "Buenos" y "malos" en
medio de historias a veces inverosímiles.
Campanella termina su película como si cerrara
un círculo. Los fundadores, emigrantes españoles,
se fijaron en la luna una noche de desesperación.
Ya entonces no pudieron cumplir su deseo de levan-
tar las instalaciones del club en el lugar que pen-
saron por la especulación. Sesenta años después,
son otros emigrantes quienes van a crear otro club
también llamado Luna.
Luna de Avellaneda
Comedia, drama
Dirección:
Juan José Campanella
Guión:
Fernando Castets, Juan Pablo Doménech, Juan
José Campanella
Interpretes:
Ricardo Darín, Mercedes Morán, Eduardo
Blanco, Valeria Bertucelli, Silvia Kutika, J. L. López Vázquez
Montaje:
Camilo Antolini
Música:
Ángel Illarramendi
Producción:
Adrián Suar, Fernando Blanco, Jorge
Estrada Mora, Gerardo Herrero, Mariela Besuievsky
Argentina-España, 2004
2 h 26 min
La luna
siempre ilumina
cine
Como
El hijo de la novia
este film es un melodrama en el
que se busca, y reparte, la lágrima y la sonrisa por
igual. Los personajes principales están tratados con una
especial dulzura que busca, y encuentra, la complicidad
del espectador
gastronomía
J. Blasco
E
n algo me recuerda el referéndum sobre
la constitución europea al dicho popu-
lar de las lentejas: "si no te gustan las
dejas", vamos, los dejas seguir hacien-
do sus comidillas políticas sin molestar.
Qué democrático nos lo presentan, primero nos
preguntan a través de su entendida "democracia",
sobre la constitución, y nos guste o no, nos la
vamos a comer igual y mucho me temo que luego
sufriremos sus consecuencias con un tremendo
ardor de estómago.
Nos presentan su recetario político en dípticos,
trípticos y anuncios publicitarios con caras conoci-
das de todos los ámbitos, desde el "rebelde" loqui-
llo, pasando por ex futbolistas-empresarios, hasta
el radioemisor demagogo de carácter más intransi-
gente además de defensor del arte de subirse al
carro que corra en cabeza política, Luis del Olmo.
Tan sólo nos dejan ver el ingrediente más sucu-
lento de cada plato, camuflando aquellos que pue-
dan suponer un cierto desconcierto, unos acuerdos
no transparentes, bélicos y nada respetables con
nuestro entorno y nosotros mismos.
Aquellos que no muestren su rechazo, sufrirán
y nos harán sufrir a los demás las consecuencias
laborales, militares, medioambientales y demás
acuerdos bochornosos que seguirán maximizando
las diferencias entre ricos y pobres, pacifistas y beli-
cosos, ecologistas y destructores, amantes de un
mundo mejor y enamorados de la riqueza y el poder
propio. Esperaremos hasta darle la vuelta a la tor-
tilla y que caiga de nuestro lado, ahí nos los come-
remos con patatas.
Disfrutemos este mes con la receta que nos envía
un compañero de CNT-Málaga, que nos asegura el
placentero disfrute de este guiso.
ESTOFADO CRUJIENTE DE JUDÍAS
Y ARROZ
INGREDIENTES:
100 gr. de judías pintas
200 gr. de arroz integral
1 zanahoria
2 ramas de apio
100 gr. de soja germinada
4 cucharadas de aceite de ajo
50 gr. de nueces
50 gr. de almendras
25 gr. de piñones
1 cucharadita de salsa de soja
4 cucharadas de aceite de oliva
Sal marina
Elaboración:
Poner las judías pintas en remojo la noche ante-
rior. Cocerlas en agua con sal y escurrirlas cuan-
do estén tiernas.
Cocer el arroz integral. Pelar, lavar y picar la
zanahoria, el apio y la cebolla.
En una sartén grande con aceite, rehogar la
cebolla, la zanahoria, el apio, el ajo picado y
la soja germinada durante 5 minutos.
Cuando aún estén duras las verduras, se añade
el arroz cocido y las judías. Se rocía todo con
la salsa de soja y se remueve ligeramente.
Cubrir con las nueces, las almendras picadas y
los piñones enteros.
Servir caliente.
Nos la
comemos
con patatas

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