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Javier del Valle-Inclán Alsina
T
ras el atentado con bomba contra
una procesión del Corpus en
Barcelona, en la calle de Canvis
Nous, ocurrido en junio de 1896,
se desató en Catalunya una formi-
dable ola represiva que llevó a los talegos de
su Majestad de entonces a varios cientos de
sindicalistas y personas afiliadas a las socie-
dades de resistencia -léase sindicatos-, anar-
quistas, republicanos levantiscos de las esferas
federal y progresista, maestros racionalistas,
masones, librepensadores, etc. Entre ellos se
encontraba Federico Urales, detenido en su
localidad natal, Reus, donde regentaba una
escuela racionalista en compañía de Soledad
Gustavo. Pese a que nunca fue procesado ni
tampoco existían cargos en su contra, el caso
es que Federico Urales fue extrañado del Reino
hacia Inglaterra formando parte de un grupo
de 28 compañeros cuyo único delito era pro-
fesar las ideas anarquistas. Incluso
más. Algunos de los extrañados
habían resultado absueltos en el
Consejo de Guerra que se celebró
en el "castillo maldito" de Montjuïc
y no tenían ningún tipo de cuen-
tas pendientes con la justicia, lo
que no dejó de parecer superfluo
a los gobernantes del momento,
con el presidente Antonio Cánovas
del Castillo a la cabeza, que aca-
baría pagando con su vida las
atrocidades cometidas por un
grupo de Guardias Civiles en el
castillo de Montjuïc. Cabría pen-
sar que este grupo de forzados
exiliados, y otros que fueron
encaminados a Francia, Argelia
o Argentina, tuvieron suerte,
pues bien pudieron haber sido
pasados por las armas como le
ocurrió a los compañeros acusa-
dos de ser autores y cómplices
materiales del atentado de
Canvis Nous, y que eran fatal-
mente inocentes, tan inocen-
tes como usted o este menda.
Se llamaban Luis Mas, José
Molas, Antonio Nogués, Juan
Alsina y Tomás Ascheri, este
último considerado autor
material del lanzamiento de la
bomba y un confidente poli-
cial a sueldo del Gobernador
Civil de la provincia de
Barcelona.
Tras una estancia breve en
Londres, ciudad en la que
residía al anarquista Fernando
Tarrida del Mármol, otro de
los detenidos en la redada
que siguió al atentado de
Canvis Nous y que pudo salir
del castillo de Montjuïc tras
asegurar al teniente Portas
que aceptaba su ofreci-
miento para convertirse en
chivato, extremo que no
cumplió, naturalmente, y
una vez se hubo reunido
allí con su compañera
Teresa Mañé, nuestra pare-
ja de anarquistas catalanes
encaminaron sus pasos a París y después a la
frontera española. En Cataluña se separaron y
Urales se dirigió hacia Madrid con la intención
de iniciar, más bien continuar, una campaña
de prensa que desembocase en la revisión del
llamado "proceso de Montjuïc" y la liberación
de los compañeros anarquistas que todavía
continuaban presos, algunos de ellos cum-
pliendo la pena en los infectos talegos de las
plazas españolas del norte de África. A fina-
les de noviembre de 1897, Federico Urales se
planta en Madrid y se presenta ante el joven
director de un periódico republicano, El
Progreso
, llamado Alejandro Lerroux, que abrió
las páginas de la publicación para iniciar la
campaña pro-revisión en la que también cola-
boraron otras revistas y periódicos como
Germinal, El Socialista, Vida Nueva o El País
(era otro, no el de Polanco).
Antes de mayo de 1898, se produjo un giro
en la línea editorial de El Progreso que consistió
en presentar al general Valeriano Weyler, un
milico que inventó los campos de concentra-
ción mientras reprimía con saña a los inde-
pendentistas cubanos, como el émulo de Marte
que habría de traer la tan ansiada República a
tierras españolas. Aquello era mucho tragar,
debió pensar Urales, y le animó en su preten-
sión de crear una nueva publi-
cación que continuara la cam-
paña revisionista iniciada en El
Progreso
. Primero le dio vueltas
a un título para la cabecera,
Evolución Intelectual, pero acabó
por decantarse por el que ya
conocemos, La Revista Blanca, sin
duda acordándose de la publica-
ción francesa Revue Blanche, que
tantos y tan buenos servicios pres-
tó a la causa revisionista.
En julio de 1898 vio la luz el
primer número de La Revista
Blanca
, quincenal que vendría a
ocuparse de la sociología, el arte y
la ciencia desde un punto de vista
anarquista, en la línea de publica-
ciones ácratas anteriores como la
madrileña La Idea Libre o la barce-
lonesa Ciencia Social, y que perma-
neció en los quioscos hasta el 15 de
junio de 1905, alcanzando la esti-
mable cifra de 168 números.
Conviene aclarar que el ejercicio del
periodismo y el publicismo anar-
quista se encontraba reglamentado
por la llamada Ley de Represión del
Anarquismo, de junio de 1896, que
permitía encarcelar o extrañar a los
responsables de las publicaciones, a
los autores de los artículos e incluso
a quien se supusiera que podía ser
afecto a las ideas anarquistas, aunque
lo disimulase artificiosamente, de
modo que la situación era lo bastante
complicada como para no dar exce-
sivamente el cante y
pasar desapercibido. Esa
es la razón por la que
Federico Urales buscó la
firma de conocidos pen-
sadores, escritores o
republicanos progresistas
o federales, sin olvidar que
también solicitó el apoyo
de anarquistas tan signifi-
cados como Anselmo Lorenzo,
Fernando Tarrida del Mármol,
Ricardo Mella, Palmiro de Lidia,
Fermín Salvochea, Teresa
Claramunt, el príncipe Kropotkin
o Eliseo Reclús. También buscó el
amparo y la colaboración de Miguel
de Unamuno y de Leopoldo Alas,
Clarín, sin resultados en este últi-
mo caso, con quien mantuvo una
agria polémica durante varios años
desde las páginas de La Revista
Blanca y el Suplemento a La Revista
Blanca. En lo que atañe al catedrá-
tico salmantino, ambos mantuvie-
ron una relación epistolar en un
momento en que Unamuno se
encontraba enfrascado en una de sus
cíclicas crisis espirituales tras sepa-
rarse de la disciplina socialista y
Urales logró que publicara varios artí-
culos en La Revista Blanca.
La labor periodística de Soledad y
Urales no se circunscribió tan sólo a
la edición de La Revista Blanca, lo
que de por sí no es poco, sino que
también pusieron a la venta otras
publicaciones. En primer lugar, el
Suplemento a La Revista Blanca, de
periodicidad semanal, que pasó a lla-
marse Tierra y Libertad y se convirtió
en el diario vespertino del mismo nom-
bre en 1903, una experiencia que con-
tribuyó poderosamente a la
desaparición de La Revista Blanca a
causa de las numerosas deudas contra-
ídas, las denuncias de la fiscalía y los
secuestros de ediciones enteras, aun-
que no conviene obviar las malas rela-
ciones que mantuvo Urales con otros
cnt
n°309 febrero 2005
Cultura
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En junio de 2005, se cumplirán 100 años del cierre de una publicación anarquista editada
en Madrid entre los años 1898 y 1905 que animaron una pareja de libertarios catalanes
llamados Teresa Mañé y Juan Montseny, quienes usaron respectivamente y a lo largo de
su vida los seudónimos Soledad Gustavo y Federico Urales, entre otros muchos
pasa a la página 25
La Revista Blanca
En julio de 1898 vio la luz el primer número de La
Revista Blanca, quincenal que vendría a ocuparse
de la sociología, el arte y la ciencia desde un punto
de vista anarquista

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