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Editorial
cnt
n°309 febrero 2005
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3
Redacción
N
uevamente nos hemos desper-
tado con la tragedia clavada a
sangre y fuego en nuestras re-
tinas. Otros diez trabajadores
perdían la vida tras la explo-
sión del pasado 13 de enero en Burgos, 10
personas más que pasaban a engrosar las
frías estadísticas de accidentes laborales
ocurridas en España. Unas estadísticas en
las que seguimos batiendo todos los records.
Suponemos que no se refería precisa-
mente a eso el gobierno cuando nos con-
vocaba a un referéndum bajo el tendencioso
lema de "Primeros en Europa".
Y es que somos eso, cifras, números, me-
ros datos estadísticos... carne de cañón de
un capitalismo desaforado e irracional que
no duda en sacrificar vidas humanas al Mo-
loch de los beneficios empresariales, que
asume los accidentes como algo natural
dentro de los costes de cualquier obra, que
no duda en aumentar la precariedad con tal
de que siga generando suculentos beneficios
con que llenar sus arcas.
También otra vez hemos oído a políticos,
cargos públicos y sindicalistas oficiales afirmar
que se van a poner todas las medidas para evi-
tar hechos semejantes y que se van a redoblar
la labor de los inspectores de trabajo.
Palabras, palabras, palabras. Los mismos
mensajes que hemos tenido que tragarnos
una y mil veces. Lo hicimos cuando el "ac-
cidente" en los astilleros de Manises, cuan-
do el de Puertollano, ahora en Burgos... En
todos y cada uno de los dramas particula-
res que suponen cada nueva muerte, cada
nuevo trabajador lisiado.
Esta vez el la tragedia se produjo, según
primeras investigaciones, cuando uno de los
operarios encendió una máquina compre-
sora que se encontraba junto a una estufa.
El hecho habría producido la deflagración y
el posterior humo tóxico. Inmediatamente
se habló de error humano sin prestar aten-
ción a que la empresa utilizaba el local
como almacén de productos peligrosos a la
vez que de vestuario para sus trabajadores,
algo que viola las más elementales normas
de seguridad como bien explica Manuel An-
tonio Oliva en las páginas de prevención de
este número.
Y es que de nada sirven las buenas pa-
labras; de nada una Ley de Prevención de
Riesgos Laborales que se convierte en pa-
pel mojado al instante siguiente de salir pu-
blicada; de nada sirve tampoco, una
Inspección de Trabajo que no cumple sus
funciones más básicas; de nada unos sindi-
catos mendigantes de las subvenciones es-
tatales o las ayudas patronales.
Paradójicamente, esa incapacidad con-
trasta con la celeridad y eficacia con la que
la policía se dedicaba en días siguientes a
confiscar la propaganda con que los cene-
tistas burgaleses convocaban a la ciudada-
nía a una manifestación de repulsa por la
siniestralidad laboral.
Una vez más y de manera palmaria se
demuestra que nada podemos esperar de
quienes nos han demostrado su incapacidad
para solucionar el problema. Somos los tra-
bajadores, los directamente afectados por
los accidentes, los que debemos tomar car-
tas en el asunto y pasar a ser actores acti-
vos de lo que nos ocurre cada día hasta el
momento en que echemos definitivamente
el cierre a este sistema irracional donde pri-
man los dividendos sobre las vidas.
Somos los trabajadores,
los directamente
afectados por los
accidentes, los que
debemos tomar cartas
en el asunto y pasar a
ser actores activos de lo
que nos ocurre cada
día hasta el momento
en que echemos
definitivamente el
cierre a este sistema
irracional donde
priman los dividendos
sobre las vidas
Secretariado Permanente del Comité
Nacional de la CNT
S
e ha levantado un gran revue-
lo con la decisión de que par-
te del archivo que sobre la
guerra civil está en Salamanca,
se traspase a la Generalitat de
Cataluña. Sin embargo, lejos de un debate
apasionado, quisiéramos hacer algunas
precisiones que nos parecen fundamen-
tales para situarlo en su marco.
En primer lugar, este archivo no es
fruto de un trabajo de investigación,
búsqueda de documentación y trabajo
científico; es fruto del expolio sistemá-
tico que un levantamiento militar hizo
a todas las organizaciones y colectivos
sociales que consideraba enemigos; y su
primer propósito fue facilitar la repre-
sión posterior. Pasado ese infame perio-
do, es lógico el valor documental e
histórico que ha adquirido y su impor-
tancia para ilustrar e investigar ese tro-
zo nefasto de nuestra historia.
En segundo lugar, y consecuencia de
lo anterior, no es la Generalitat ni cual-
quier otro ente público el moralmente
legitimado para reclamar nada, en todo
caso podría reclamar lo que le concer-
niere directamente, sino las organiza-
ciones y grupos que fueron expoliados.
En tercer lugar, no se nos escapa la
importancia que tiene para la investiga-
ción y el estudio el hecho de contar con
unos archivos sobre un tema, ordenados
y centralizados. En nuestro caso concre-
to, tenemos la Fundación Anselmo Lo-
renzo donde se está haciendo un gran
esfuerzo por estudiar, divulgar y llenar
ese pedazo de nuestra historia que nos
fue arrebatado, cuando no tergiversado
y conscientemente ocultado.
En cuarto lugar, pensamos que la po-
lémica creada obedece a criterios eco-
nómicos, políticos y partidistas.
Por todo esto, como unos de los mo-
ral y en justicia acreedores de la devo-
lución de estos archivos, reclamamos un
diálogo entre las diversas partes donde
se hable en términos de bien público,
justa restitución de lo robado y mejores
condiciones de estudio y conservación.
Sin embargo, no creemos, siendo realis-
tas, que esta línea tenga mucha acepta-
ción, y, por ello, nos reafirmamos en
nuestro derecho a la restitución de lo
que es nuestro, y, en consecuencia, a la
decisión última sobre su destino y me-
jor ubicación.
Mutis
Comunicado de
prensa del
Secretariado
Permanente del
Comité
Nacional de la
CNT al respecto
de los Archivos
de Salamanca
Cifras, números, datos

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