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Suele argumentarse a favor de las priva-
tizaciones apelando a la razón del bolsi-
llo. Quien sólo cobra si hay beneficios ­se
arguye­ tiene el máximo interés en que
las cosas funcionen lo mejor y más racio-
nalmente que quepa; en cambio, quienes
viven a costa del erario pueden despreo-
cuparse de los beneficios y dilapidar a su
antojo.
El argumento, sin ser falso al 100%, es
muy tramposo. Porque no es verdad que
quien vive de los beneficios tenga interés
en que las cosas funcionen lo mejor posi-
ble. En lo que tiene interés es en que las
cosas le aporten el máximo beneficio posi-
ble. Y si para ello hace falta rebajar la cali-
dad de la producción (o del servicio, o de
lo que sea), lo rebaja.
Habrá que ver qué es lo que pasó el jue-
ves con la subestación eléctrica de Méndez
Álvaro, en Madrid, cuyo incendio dejó sin
electricidad a decenas de miles de usuarios,
pero el hecho de que éste no sea el primer
caso ­hubo otro muy similar en julio­
induce a sospechar que la compañía res-
ponsable de las instalaciones no invierte
en su modernización y mantenimiento
todo lo que sería necesario.
No se trata de una sospecha arbitraria.
Por las tierras levantinas por las que suelo
recalar, nos quedamos sin suministro eléc-
trico cada dos por tres. Cuando hace calor,
porque se les ha recalentado no sé qué.
Cuando hace frío, porque se les ha enfria-
do. Si llueve, porque se les ha humedeci-
do. Y si hay tormenta, ya ni cuento.
La razón es obvia: las labores de mante-
nimiento suponen mucho gasto. Y hay
que ahorrar, para que los beneficios sean
mayores.
Es cierto que la ley prevé castigar las
eventuales negligencias de las empresas
privadas que prestan (perdón: no prestan,
venden) servicios de primera necesidad.
Pero las sanciones que les imponen ­cuan-
do se las imponen­ no tienen realmente
un efecto disuasorio. Su importe es siem-
pre muy inferior al ahorro conseguido.
No es éste un mal que afecte sólo al
servicio eléctrico, ni mucho menos.
El Gobierno de Zapatero se está plan-
teando dejar vía libre a la Ley del Sector
Ferroviario, obra de la mayoría absoluta
del PP. Esa ley implantaría en España el
modelo británico, cuyos efectos son bien
conocidos: descenso de los niveles de segu-
ridad, eliminación de servicios, incremen-
to de las tarifas, cierre de las líneas menos
rentables con independencia de su interés
social, reducción de plantillas... Lo cual
corre el peligro de suceder en unos
momentos en los que lo que necesita la red
ferroviaria española es todo lo contrario:
más cuidado, más inversiones.
Pero, qué digo yo. Eso es lo que nece-
sitaría si se tratara de impulsar un tipo de
transporte que supusiera una verdadera
alternativa al automóvil.
Pero el objetivo real no es ése. De lo
que se trata es de hacer dinero.
Privado, por supuesto. Porque ya se
sabe que el dinero privado es más racional.
El racismo no es una actitud gratuita. Se insis-
te demasiado en cuestiones de ímpetu, de
soberbia o de pureza, y en realidad no son
más que manejos económicos de una parte
dominante para que haya otra dominada y
servidora. El sentido de la aristocracia es un
racismo; y el imperio del hombre sobre la
mujer es otro. El racismo aprovecha circuns-
tancias que aparecen con otro cariz para
medrar. Lo que se llama nuevo racismo ven-
gador se exalta a partir del asesinato en
Holanda de un racista europeo, y se multipli-
can ataques más o menos disfrazados contra
musulmanes o sus intereses o simplemente
sus tumbas; de paso, se profanan también
cementerios judíos. Y es que el asesinado y sus
compañeros predicaban también contra ellos.
Son nazionalistas. (Ci y Zi: igual sonido)
Está claro que los islamistas que atacan
son, también, racistas y, por lo tanto, viven
en la misma lucha de clases: incluso la quie-
ren elevar a una situación mundial. Los pue-
blos que no comen tienen para guerrear tantos
motivos como los que comen; puede ser que
tengan más si estudiamos a Toynbee y otros
filósofos de la historia que nos definen como
depredadores.
Están seguros de nuestro perfil canalla, y
nosotros segregamos de cuando en cuando
individuos que se alzan contra nuestra ini-
quidad. Yo mismo soy uno de ellos. Yo mismo
considero como un crimen nacional, y además
continental, los muros de agua ante los que
mueren los inmigrantes; y la facilidad con que
se les repatría y se les mete en el calabozo; no
digamos de la velocidad con que no se conde-
na a los asesinos de inmigrantes a las puertas
de los lugares de diversión. No hablo de Estados
Unidos, donde con su irracional racionalismo
aplican las medidas de seguridad para defen-
der su libertad, como dicen los hablistas sin
vergüenza.
Ah, y las religiones. La que manda aquí, por
ahora, más bien ayuda al inmigrante para com-
prarle su alma, y protesta por la enseñanza
pública de la religión islámica no sólo porque
le será más difícil hacer presa, sino porque
todo el dinero espiritual debe ser para ella. Yo
también protesto: considero igual de dañina
una religión que otra. La religión que manda
aquí se declara ahora perseguida por los rojos.
¡Zapatero, un rojo! Hombre, no. ¡Por favor!
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307
Diciembre 2004
VI época - Madrid
Racismo
Eduardo Haro Tecglen
Javier Ortiz
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Me presentaron a una osa de Rumanía que, cuando vio abrirse camino por el monte
al jefe de Protocolo de Cacerías de la Casa Real, exclamó a sus colegas de huida y
resistencia "creo que vuelven los asesinos". Según todos los medios de comunica-
ción que no quisieron publicarlo, el rey del Reino de España mató seis osos ruma-
nos seis con dos cojones y un puñado de petardos de escopeta. Otros matadores franceses
acribillaron a balazos a Cannelle, la última osa de los Pirineos; que no entendía de
fronteras e igual le daba que le quitara la vida un canalla español que un imbécil
de Mónaco. Bush ha ganado porque se sabe rodear de mejores cazadores, de los que
matan bien muertos, no de los de salón. Los amantes de matar pagan mucho dine-
ro para fomentar la economía del lugar, incluso para dar trabajo, así que habrá
que cuidarlos como benefactores sociales. Claro que, como informa Viajes Halcón,
no se entiende el empecinamiento con los animales. Arguyen que siempre sale más
barata la cacería de bípedos, homos, sean sapiens o floresiensis. El cadáver de ira-
quí o hambriento de Sudán, por ejemplo, está tirado de precio.
Jenofonte
Los matadores
la fotomatona
la fotomatona
Yo mismo considero
como un crimen
nacional, y además
continental, los muros
de agua ante los que
mueren los inmigrantes;
y la facilidad con que se
les repatría y se les mete
en el calabozo; no
digamos de la velocidad
con que no se condena a
los asesinos de
inmigrantes a las
puertas de los lugares de
diversión
Vicios privados,
públicas virtudes
Extraído de la página web de Javier Ortiz. 19/11/2004.
www.javierortiz.net
El País
Visto / Oído - 16/11/2004
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