N
o intento bajo ningún concepto
dar lecciones de nada, sólo deseo
que este artículo mueva las con-
ciencias de la militancia confe-
deral, que es sin lugar a dudas el
corazón y la sangre del sindicato, intento bus-
car la verdad allá donde se esconda, y para eso
hay que mirarla cara a cara aunque nos resul-
te doloroso.
En primer lugar, quisiera hablar de uno de
nuestros vicios nacionales, la guerra, indiscu-
tiblemente tenemos la obligación y el deber de
recordar nuestro pasado, pero precisamente
por eso la CNT tendría que estar presente en
todos los actos, así como en los movimientos
sociales que intentaran recuperar esa memo-
ria histórica. Cierto es que existe una funda-
ción, pero personalmente no lo creo suficiente,
si el problema es estar al lado de un comunis-
ta a la hora de reivindicar nuestros muertos es
poco coherente, pues los muertos, muertos son
y nosotros tenemos muchos que reivindicar, y
creo que se merecen algún sacrificio por nues-
tra parte, ellos lucharon y murieron como los
demás y si pudieron luchar al lado de comu-
nistas, relativamente, y socialistas, por qué
razón no podemos estar en los mismos actos
en los que están ellos, acaso nuestros muer-
tos son menos.
Por otra parte, nos perdemos en nuestro
pasado glorioso, si se luchó como jamás se
había luchado y perdimos, el pasado sólo es
eso, pasado, no significa que haya que olvidarlo
ni muchos menos, hay que estudiarlo, anali-
zarlo, pero siempre con la mirada objetiva,
comprendiendo la época, las circunstancias de
cada momento, y sobre todo las diferentes
opciones que había, que sinceramente tam-
poco eran halagüeñas. Si se hubiera declara-
do el comunismo libertario en Cataluña y
Levante habría significado seguramente un
desembarco de tropas francesas e inglesas en
Cataluña, y salvo que se hubiera dado un golpe
certero al comunismo, la situación habría sido
más o menos la del treinta y siete en el trein-
ta y seis, teniendo en cuenta que los fascistas
seguían ahí y que imponer el comunismo liber-
tario va contra nuestros principios no había
mucha opción, dado lo heterogéneo de la
izquierda en este país.
Respecto a la militarización, la guerra se
gana con armas y si no se tienen, como pudi-
mos comprobar, se pierde, tampoco hubo
mucha opción, la militarización significaba
armas, y cuando ves morir a un compañero
por la falta de las mismas o tienes que espe-
rar a que caiga tu hermano para coger su fusil,
tus conceptos suelen cambiar bastante.
En cualquier caso, es una lección que debe-
mos aprender y una vez aprendida empezar
de nuevo, pues ya no podemos, aunque que-
ramos, enfocar las cosas de la misma manera,
sé que en el fondo las cosas siguen igual, sólo
podremos avanzar y crecer si somos capaces de
doblarnos como los juncos, eso sí, sin que nos
arranquen nuestras raíces.
Muchas veces hablamos del pueblo de una
manera despectiva, están alienados, son gili-
pollas, son unos vendidos, cierto es que no es
el mejor de los momentos, pero si analizas la
situación comprendes la lógica de las cosas.
El Estado ha recuperado no sólo el poder
que tenía, sino que se ha hecho fuerte a base
del poder que la clase obrera ha perdido, no
tienen los medios de comunicación de masas
sino toda la información, que distribuyen y
transforman según les conviene.
Los sueldos no suben y la vida sube el tri-
ple, la gente tiene su mente ocupada en llegar
a fin de mes, en pagar las múltiples facturas que
llegan a casa, a no ser que vivas debajo de un
puente, pero personalmente mientras pueda
intentaré vivir en una casa. Este estado de
cosas obviamente te crea insatisfacción, pero
generalmente no te dan mucho tiempo para
pensar, y además por si se te ocurre pensar, te
bombardean día a día, hora tras hora con fút-
bol, culebrones y anuncios de coches.
Del otro lado estamos nosotros que creemos
ser la vanguardia del pueblo, cuando es el pue-
blo el que debe ser la vanguardia de sí mismo,
dogmáticos y encerrados en nosotros mismos,
miramos al pueblo por encima del hombro,
traicionándonos a nosotros mismos.
La presión a la que estamos sometidos es
enorme, y esa presión se nota en la gente en
los sindicatos, creemos estar libres de falta,
cuando como parte del pueblo la solución
empieza por nosotros mismos.
Una vez oí en una asamblea en la que
hablábamos de los medios de comunicación,
"no me importa lo que piense el vecino del
quinto". Pues es con el vecino del quinto, el
del sexto, con el que juntos crearemos ese
mundo nuevo que se supone llevamos en nues-
tros corazones, digo se supone porque el abur-
guesamiento, las rencillas personales y la
búsqueda de medallas han hecho de la CNT un
club social más que un sindicato de combate.
Es curioso la cantidad de anarquistas, o por
lo menos que se jactan de serlo, que hay en la
CNT mientras que la FAI está vacía, que es una
organización no sólo hermanada con la CNT sino
específicamente anarquista. No sé, quizás los
que sólo seamos obreros tengamos que irnos a
la FAI y dejar a los auténticos la CNT, quién sabe.
En cualquier caso, se nos llena la boca con
la autogestión, y en vez de utilizar nuestros
medios, pocos o muchos, de una manera cohe-
rente, sin ataduras, con un objetivo y estrate-
gia claras, nos aferramos al pasado, a fardos
llenos de arena que nos hacen ser lentos, pesa-
dos e inútiles, y sobre todo a alejarnos de nues-
tros objetivo, que es la mejora de las condiciones
de vida y la emancipación de los productores.
Para cambiar el mundo no se necesita un
rascacielos
Respecto de la militancia, corazón y sangre
del sindicato, sinceramente deja que desear.
Cierto es que todos tenemos una vida, y en jus-
ticia hay que decir que hay compañeros de
una valía reconocida, de hecho si no fuera por
ellos hace tiempo que esto habría pasado a la
historia, pero también es cierto que por la falta
de participación de la militancia, la desidia y
la falta de recambio en los comités sindicales
se han creado ciertas parcelas de poder.
Decimos que no queremos líderes, pero sin
embargo vamos al sindicato esperando que nos
lo hagan todo, de hecho esperamos que sean
los demás los que hagan la revolución, cuan-
do somos nosotros mismos, los que desde nues-
tro barrio, nuestro bloque, nuestra calle,
podemos hacerla, como entes independientes
y libres, como obreros que no necesitamos a
ningún patrón ni a ningún político que nos
diga lo que debemos hacer, con la audacia y
decisión que nos hizo desafiar una vez al fas-
cismo. Ése es el camino que debemos empren-
der, dejar de hablar de anarquía en los bares,
con cuarenta copas encima, demostrar al pue-
blo que puede confiar en nosotros, que todo
lo daremos cuando llegue el momento, que
somos serios y disciplinados, debemos ser un
ejemplo, hablar con seriedad y coherencia, no
ser unos monjes, pero tampoco dar el espec-
táculo que muchas veces damos por ahí, rei-
vindicando libertad con una borrachera del
quince, poniendo el nombre de nuestra orga-
nización por medio sólo conseguimos tirarla al
barro, y luego nos extrañaremos de que el pue-
blo no nos tome en serio.
El militante debe realizar una labor barrial,
mantenerse en contacto con las organizaciones
existentes en el mismo, así como con los obre-
ros que trabajen en las factorías de la zona. Eso
supone tiempo, pero para eso no se necesita
otra cosa que las ganas de hacerlo, debe pedir
cuentas a los comités de su sindicato, hacer una
crítica constructiva, participar de la vida de su
sindicato en todos los sentidos pues, ante todo,
el sindicato es un arma que debemos utilizar,
engrasarla, limpiarla y tenerla siempre a punto
de funcionar, por desgracia la militancia pre-
fiere estar en el bar hablando de anarquía antes
que llevarla a la práctica.
He intentado decir lo que pienso y ser cohe-
rente con mis pensamientos, yo también peco
de algunos de los defectos que he enumerado,
pero me gustaría superarlo, y realmente llevar
un mundo nuevo en nuestros corazones.
Nota de redacción:
El texto no viene firmado por un error de
esta redacción, ya que tiramos el sobre sin
darnos cuenta de que no venía firmado en el
interior. Si su autor nos hace llegar sus datos,
los publicaremos en el número siguiente.
Iñaki Astoreka - CNT Bilbao
Secretaría de Prensa y Propaganda
E
l día 20 de noviembre de 1936,
murió en la defensa de Madrid,
el compañero Buenaventura
Durruti, luchando contra los
facciosos que habían dado un
golpe de estado contra los trabajadores.
En este país en que se da tanto valor
a las simbologías, solamente se tiene en
cuenta el 20 de noviembre la figura del
dictador Franco, tanto por los antifran-
quistas como por sus partidarios y, tris-
temente, nos olvidamos de un luchador
por la libertad tan en las filas del anar-
cosindicalismo español así como de todos
los trabajadores de su época.
Junto a sus compañeros de la CNT y otros
trabajadores hizo fracasar el 19 de Julio de
1936 el golpe militar en Barcelona donde,
entre otros compañeros, murió Francisco
Ascaso su inseparable compañero.
Consciente de que la revolución y la gue-
rra en contra del fascismo eran compati-
bles y a pesar de que tenía serias
diferencias con los dirigentes republicanos
no dudó en trasladarse con sus compa-
ñeros allá donde fuese para defender unos
ideales que le costaron la vida.
Dada la compleja situación y los ava-
tares de la contrarrevolución, nos encon-
tramos con que Durruti se desplaza con
su columna al frente de Aragón. García
Oliver requiere su traslado a Madrid a pesar
de no estar consolidadas las posiciones
de Zaragoza. Este traslado se debe a que
la capital de España está en serio peligro
de caer ante las tropas sublevadas, lo cual
supondría un terrible mazazo para los lea-
les a la República y también, es eviden-
te, por el peso específico que tenía la
Columna Durruti para reforzar la moral de
los combatientes madrileños.A su llegada
son recibidos por los ciudadanos como
auténticos salvadores.
Es cierto que en la CNT y en el anar-
quismo en general el culto a la personali-
dad es algo que nos produce cierto rechazo,
pero es de justicia que en la fecha del 20N
recordemos a Durruti; así como a otros
compañeros que ofrecieron lo más precia-
do que tenían luchando contra militares,
civiles e iglesia aliados con el fascismo. Por
cierto y como anécdota, todavía podemos
contemplar en muchos de sus templos sím-
bolos de caídos por dios y por España.
Más allá de su de su corta pero aza-
rosa existencia ( 1896-1936 ), en este
hombre se plasma "la pasión que le carac-
terizó siempre, el medio social donde
emergió y que trató de transformarlo radi-
calmente. Durruti, como todo tipo huma-
no cuya virtud esencial es la de ser fiel
a si mismo no puede escapar a ese regla
general de los hombres que hacen histo-
ria"
1
por mucho que esta haya sido mani-
pulada y su figura utilizada por bastardos
intereses.
Bilbao 17 de noviembre de 2004
Notas:
[1] Del libro Durruti en la Revolución
Española de Abel Paz.
cnt
n°307 diciembre 2004
2
233
Haciendo autocrítica
El objetivo de este artículo no es otro que intentar analizar los problemas que están
acuciando no sólo a la CNT como organización sino al productor en general, así como
al movimiento libertario
Del otro lado estamos nosotros que creemos ser la
vanguardia del pueblo, cuando es el pueblo el que
debe ser la vanguardia de sí mismo, dogmáticos y
encerrados en nosotros mismos, miramos al pueblo
por encima del hombro, traicionándonos a
nosotros mismos
Decimos que no queremos líderes, pero sin
embargo vamos al sindicato esperando que nos lo
hagan todo, de hecho esperamos que sean los
demás los que hagan la revolución, cuando somos
nosotros mismos, los que desde nuestro barrio,
nuestro bloque, nuestra calle, podemos hacerla
Opinión
Durruti:
El gran
olvidado del 20-N