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Opinión
Guillermo Pérez Álvarez
E
l asunto de la guerra de Iraq por su
potente difusión por los medios de
comunicación de masas y por la pre-
sencia en primera fila del gobierno
de EE.UU., nos ofrecen las claves
fundamentales para comprender la magnitud de
las manifestaciones, actos, proclamas, publici-
dad y demás expresiones
1
.
En principio, gracias a la intensiva y poten-
te difusión por parte de los medios de comu-
nicaciones de masas en esos días del 2003 y
basándonos en el principio chomskyano "una
mentira que se repite muchas veces se con-
vierte en verdad" -es evidente, la invasión de
Iraq no era mentira-, la inmensa mayoría de la
población estaba en contra de la invasión. Esa
opinión estaba vehiculada por los medios de
comunicación de masas (guías espirituales de
las sociedades enriquecidas, post-industriales,
post-modernas, según la terminología al uso).
Según las encuestas de opinión alrededor del
80-90% de los españoles no estaban de acuer-
do con la invasión de Iraq. Aunque resultaba
difícil estar en contra de esa opinión mayori-
taria, sobre todo cuando es tal.
Por suerte se vuelve a cumplir la máxima,
el tiempo pone a cada uno en su sitio, aunque
para ello tengamos que esperar. Y no es menos
cierto, los hechos concretos son jueces supre-
mos de las proclamas. De las proclamas, ideas
o programas de actuación. No se puede decir
sobre uno mismo que no es xenófobo y mirar
con mala cara a los hombres de "color" o vice-
versa. Algo falla necesariamente. De la misma
forma que un puente es recto porque a ambos
lados del río donde se construye están a la
misma altura, una proclama y su consecuente
acción presente y futura, deben ir a la par. Se
cual sea su orden cronológico, acción y pro-
clama, proclama y acción, al caminar juntos
nos aseguran rectitud. Si por ejemplo una per-
sona que no coordine su pensamiento y su
cuerpo a la hora de coger un objeto, decimos
que existe una disfunción. ¿Podremos señalar
lo mismo de los partidos políticos?
Como saben, casi toda la población espa-
ñola estaba en contra de la invasión por parte
del cuarteto de las Azores, con el gobierno USA
a la cabeza. La oposición encabezada por PSOE
e IU se afanaban en presentarla como una gue-
rra ilegal, sin resolución de la ONU y con una
justificación, las armas de destrucción masiva,
que con el tiempo se ha demostrado un cuen-
to chino. La CIA afirma que no tenía informa-
ción precisa
2
o el presidente Bush asevera que
la invasión de Iraq fue necesaria pese a que no
había armas de destrucción masiva
3
.
El pleno del Congreso (6 de julio de 2004)
aprobó sendas resoluciones de apoyo a la pró-
rroga y ampliación de la presencia de tropas
españolas en Afganistán, así como a la con-
tribución española a la misión de estabilización
de la ONU en Haití, en los términos aprobados
anterior Consejo de Ministros (2 de julio de
2004). PSOE, CiU, ERC, PNV y CC consensuaron
dos textos -uno relativo a Afganistán y otro a
Haití- que fueron apoyados por todas las fuer-
zas políticas, salvo BNG, EA y Na-Bai, mientras
que IU-ICV respaldó la resolución relativa a
Haití y votó en contra de la de Afganistán
4
. No
podemos menos que transcribir literalmente
las palabras del periodista Pascual Serrano,
fundador de la revista electrónica Rebelión
(www.rebelion.org) al comentar ciertos aspec-
tos de esta noticia afirmando que "participar
hoy en la fuerza multinacional que está ocu-
pando Haití supone una vez más legitimar un
intervencionismo militar de Estados Unidos y
el derrocamiento de un presidente que llegó al
poder por las urnas. Justificar esa presencia con
argumentos de ayuda humanitaria es el mismo
método con el que se participó en Iraq.
Pretender convencernos de que militares y
guardias civiles son las vías de ayuda huma-
nitaria con las que los países ricos deben ayu-
dar a los pobres es un insulto a la
inteligencia.
5
" Cualquier persona que haya
seguido fuera de los medios de comunicación
de masas o que conozca aunque sea por enci-
ma la historia de Haití, puede llegar a la misma
conclusión que Serrano. Y seguimos con él
cuando dice textualmente "Es triste que quie-
nes han mantenido durante toda su existen-
cia una posición coherente de oposición a
cualquier intervención militar comiencen ahora
a dar carta de legitimidad a políticas nortea-
mericanas que derrocan gobiernos elegidos en
las urnas. No quisiera pensar que se ha utili-
zado al pueblo haitiano como moneda de cam-
bio por quién sabe qué concesión del gobierno
[la negrita es mía], prefiero creer que se trata
de un grave error político que espero que expli-
quen a quienes seguimos pensando que no
existen intervenciones humanitarias para des-
pués de las intervenciones paramilitares pro-
movidas por Estados Unidos. Tampoco puede
eximir a Izquierda Unida el desconocimiento
de los sucesos que rodearon el derrocamiento
del presidente constitucional de Haití, entre
otras razones porque quien escribe este texto
es considerado por la organización asesor para
asuntos de América Latina. Izquierda Unida
sabrá si quieren tener como socios a los ciu-
dadanos que estamos en contra de las ocupa-
ciones militares o a quienes desean su voto
en el Parlamento para legitimar intervencio-
nes." (Idem, párrafos 16-18).
Aquellos partidos políticos que proclama-
ban un "No a la Guerra" ahora con sus hechos
dicen "Sí a la Guerra". Y no hay más verdad
aquella que se deriva de nuestros actos o como
los anarquistas, la propaganda por los hechos.
Y no sólo hablamos de la estafa de los promo-
tores de los distintos partidos políticos del `No
a la Guerra' en las ciudades de España en el
2003, ya que a la vista de los hechos ni ellos
mismos se creen sus propias proclamas, sino
que todas estas noticias no han tenido la más
mínima trascendencia mediática. ¡Así cual-
quiera!, gritarían los seguidores del PP... y no
les falta razón. Si niegas tus proclamas de hace
un año con los hechos del presente y no se
entera casi nadie, salvas la vergüenza de tener
que explicar al pueblo tu acción. ¿Quién por
las veraniegas fechas de finales de junio y prin-
cipios de julio se enteró de la noticia?
Otro hecho que es consecuente con la polí-
tica pro-guerra del PSOE son los Presupuestos
Generales del Estado del 2005. El 26,7% del
gasto público para investigación científica
corresponde a programas militares. El presu-
puesto para investigación militar supone casi
3 veces más que el dedicado a investigación
científica básica, fuente principal de financia-
ción de las Universidades y el CSIC; más de 5
veces el dedicado a investigación sanitaria; 22
veces más que el dedicado a investigación agra-
ria y 31 veces más que el dedicado a investi-
gación oceanográfica y pesquera, según señala
el "Informe 2005 sobre los Presupuestos para
I+D civil y militar en España" elaborado por
Fundació per la Pau
6
.
¿Alguien necesita más pruebas o no es sufi-
ciente demostrar que el principio de no con-
tradicción ha sido pisoteado por el PSOE, IU,
ERC y demás fuerzas parlamentarias al votar sí
al envío de tropas a Afganistán y Haití? En ese
sentido, la proclama repetida tantas veces por
las fuerzas parlamentarias pro-guerra se ha
demostrado falsa, y por lo tanto, por mucho
que gritasen en su momento "No a la guerra"
no han podido mostrar verdad en sus palabras
con los hechos en la mano a través de sus actos.
A día de hoy, PSOE, IU y ERC son partidos ins-
titucional y conscientemente pro-imperialistas
aun cuando en sus proclamas y bases aleguen
lo contrario.
Notas:
[1] www.nodulo.org/bib/drio/20030206.htm
[2] www.elmundo.es/elmundo/2003/11/30/
internacional/1070169101.html
[3] www.elmundo.es/elmundo/2004/10/07/
internacional/1097176048.html
[4] http://www.elmundo.es/elmundo/
2004/07/06/espana/1089147611.html
[5]http://www.rebelion.org/noticia.php?id=
1945, párrafo 14
[6] www.prouinvestigaciomilitar.org/docu-
ments/informes/Inf_I_D_2005_cast.pdf
Francisco Martínez, en nombre de los sin-
dicatos de Úbeda-Linares y Villacarrillo-
Villanueva (Jaén)
E
l caso más reciente es el de los asti-
lleros españoles. Visto por encima
parece la lucha típica y clásica de
los trabajadores por un derecho
justo, digno así mismo de la soli-
daridad de todos los demás trabajadores y sus
organizaciones. Esto puede que pueda ser así
dentro y desde los trabajadores y organiza-
ciones partícipes y que no cuestionan el sis-
tema, pero nosotros decimos que no, desde las
posiciones de la CNT y del mundo libertario.
La CNT ha marcado siempre, y lo sigue tra-
tando de hacer, una gran diferencia en plan-
teamientos, medios y fines en el movimiento
obrero, sus luchas y proyectos de futuro. Hoy
es además, mucho más importante mantener
una posición inequívoca, de principios, radi-
cal, sin concesiones al capitalismo y a su sis-
tema, que sea el punto de referencia para todo
el Movimiento Libertario y en general para
toda la sociedad.
Hemos llegado a ser los únicos que siguen
oponiéndose totalmente al sistema, por un
cambio absoluto del mismo y no meros parches
y compromisos que sólo le sirven a ese siste-
ma criminal, para su supervivencia. No olvi-
demos: un sistema que desprecia a todo aque-
llo que no produzca beneficio a corto plazo a
la minoría sustentora del poder económico y
por ende, de todo poder. Que causa miseria,
asesina y destroza el planeta. Todo esto no se
puede desligar de la lucha obrera sino que es
parte de ella. Nuestra actualidad nos conmi-
na a no retroceder en nuestras exigencias sino
en aumentarlas. Queremos esa UTOPIA de que
tanto nos hablan y hablamos. Más no podemos
perder, menos no podemos ser. Sólo queda el
camino adelante sin compromisos que empa-
ñarían nuestra credibilidad.
Somos radicales también en pensamiento
y él nos dice que no podemos solidarizarnos
con los que, por mantener su nivel consu-
mista como único objetivo, están dispuestos
a fabricar armas, y armas son los buques de
guerra. Esa carga de trabajo que se pide no
condiciona ni cuestiona el sistema. Quieren
fabricar, construir, lo que sea.
El buque más grande de la armada espa-
ñola será construido en la bahía de Cádiz.
Actualmente está terminándose un barco auxi-
liar y bienvenidos serían los submarinos para
Chile, fragatas para Noruega, etc., noticias que
todos conocemos. Nada en contra hemos oído
por parte de los trabajadores en todo este
tiempo de confrontación con la empresa, ni
tampoco antes, que nos facilite el pensar de
otra forma y poder ser solidarios. Lo más fue
lo que en algún periódico dijo un huelguista:
"...mayormente construcción de barcos civi-
les..." Pero no se niega ni se rechaza la cons-
trucción militar. Todos sabemos lo que direc-
tamente implica lo anterior dicho y por ello,
no nos vamos a extender en algo que debe
estar claro, por lo menos, entre nosotros y en
nuestra organización.
Por ello, no entendemos que hasta ahora
no se haya dicho nada al respecto sino que al
contrario, se llama a manifestaciones de
apoyo. Habrá compañeros que argumenten:
"¿Y los de los bancos y los de los seguros, o
los de la empresa tal?" A eso decimos que en
principio todos participamos y mantenemos el
sistema pues vivimos en él y como no nos
gusta, lo queremos eliminar. Poniéndonos en
esa posición estricta sólo nos quedaría el
ponernos en un hoyo y morirnos y la posición
contraria es: todo vale. ¡Viva la CGT! Ambas
igual de absurdas, fuera de quicio.
El punto de la CNT donde se dice que los
miembros de las fuerza represivas y repre-
sentantes del estado no pueden ser afiliados
en esta organización, es perfectamente exten-
sible a los que directamente, a sabiendas, fabri-
can armas, pues es lo mismo. Como individuos
podemos comprender la lucha de los trabaja-
dores por sus puestos de trabajo y su nivel de
consumo. Todos o casi todos de nosotros, qui-
zás haría lo mismo. Pero una cosa es la posi-
ción individual, personal y otra la posición
de la organización CNT.
cnt
n°307 diciembre 2004
2
222
Sí a la guerra
Sin perder el norte
¿Quién no recuerda las manifestaciones contra la guerra
de Iraq del 2003? Resulta difícil encontrar algún grupo,
colectivo, partido político, ONG o asociación en general
que apoyase dicha invasión salvo casos concretos.
Hemos considerado, desde nuestro punto de vista
anarcosindicalista la posición de de apoyo solidario a los
movimientos y luchas que surgen en el mundo obrero.
Nos parece que basándonos en un principio de crítica
razonada y argumentada, no podemos apoyar ni ser
solidarios con todo movimiento o lucha obrera.
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