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n°307 diciembre 2004
Internacional
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M. Íñiguez
SOV de Madrid
Esta batalla comenzó tras la tragedia que
tuvieron que vivir cuando el gobierno inglés,
con el consentimiento del gobierno austra-
liano, realizó unas pruebas de bombas nucle-
ares en el área donde varios grupos
aborígenes vivían. Su lucha no ha cesado. En
los últimos años, además de seguir adelante
con la denuncia de lo acaecido en los años
50, han tenido que enfrentarse al gobierno
federal que planeaba la construcción de un
vertedero nuclear
1
.
Ha sido hace unos meses cuando final-
mente el gobierno australiano ha tomado
una decisión: No construir el vertedero
nuclear.
A continuación transcribimos una carta
que las mujeres aborígenes de Kupa Piti han
querido enviar a toda la población.
Carta abierta de Kupa Piti Kungka Tjuta
Kupa Piti Kungka Tjuta (Mujeres de Coober
Pedy) siguiendo la decisión del gobierno
Federal de retractarse de sus planes para
construir un vertedero nuclear en las tierras
de Australia del Sur.
La gente dice que no se puede ganar con-
tra un gobierno. Sólo unas cuantas mujeres.
Nosotras hemos seguido hablando y dicién-
doles que se sacaran los oídos fuera de sus
bolsillos y que escucharan. Nosotras nunca
dijimos que nos daríamos por vencidas. El
gobierno tiene dinero grande para comprar
todo lo que quieran, pero nosotras nunca
nos rendimos. Nosotras le dijimos a Howard
que debía cuidarnos, no intentar matarnos.
Así sin más. Nosotras siempre hablamos de
forma directa. Al final, él no ha tenido el
poder, nosotras sí. Él sólo ha tenido dinero,
pero el dinero no gana.
Felices ahora - ¡Kungka ganadoras! Somos
las ganadoras por lo que hay en nuestros
corazones, no por lo que está sobre el papel.
Acerca del país, comida de la tierra, medici-
nas del bosque e Inma (canciones tradicio-
nales y bailes). Gran felicidad por haber
ganado al gobierno. Victoriosas. Y la familia
y todos los nietos y nietas también están
muy felices porque nosotras luchamos hasta
el final. Y nosotras estábamos todo el tiem-
po arriba y abajo. Los niños creciendo, los
bebés han nacido desde que empezamos. Y
todavía tenemos más familia por venir. Todos
aprendiendo sobre nuestra lucha.
Desde entonces hemos estado en todos
los sitios hablando sobre el veneno.
Camberra, Sydney, Lucas Heights, Melbourne,
Silverton, Port Augusta, Roxby Downs, Lake
Eyre. Lo hicimos por el camino duro. Siempre
acampando con frío. Viajando por todos los
sitios sin dinero. Lo suficiente para algún
refresco por el camino. Pasamos por ello.
Supervivientes. Incluso tuvimos un acciden-
te donde chocamos contra un bullock una
noche cuando íbamos hacia Roxby Downs.
Llegamos a ir al reactor nuclear de Lucas
Heights. Es un sitio peligroso, pero fuimos
allí "in boldly" para ver dónde ellos produ-
cen el veneno- la radiación nuclear. Siete
mujeres, siete hermanas, allí fuimos.
Perdimos nuestros amigos, y lo que es
más, los más queridos. Pero nunca nos ren-
dimos. Hemos sufrido demasiado.
Demasiadas cosas y todavía nos mantene-
mos en pie. Hemos luchado con todas y cada
una de las cosas más duras que se nos han
puesto en el camino. Gente intentando
meternos miedo para que no lucháramos...
pero nunca nos paramos. Cuando íbamos
hacia Sydney la gente decía "Vosotras
Kungkas quejicas, a lo mejor os ponen una
bomba", pero nosotras seguíamos. La gente
nos decía que los blancos nos estaban for-
zando a luchar, pero no, todo venía de nues-
tros corazones, de nosotras mismas.
Nosotras les enseñamos que los ecologis-
tas y Anangu (aborígenes) pueden trabajar
juntos. Los ecologistas pudieron venir y vivir
aquí, en Coober Pedy, y trabajar juntos para
parar el vertedero. Las Kungkas les enseña-
mos a los ecologistas sobre la tierra y la cul-
tura. Nuestras chicas ecologistas son lo mejor
de Australia. Nosotras les damos amor de
nuestros corazones. Como familia, ya sabes.
Trabajar juntos- eso es una familia. Muchas
gracias a ellas especialmente. Nosotras no
sabemos escribir. Ellas nos han ayudado a
escribir cartas, con la escritura, con los orde-
nadores, a transmitir la palabra.
Muchas gracias por ayudarnos en todos
estos años, por todo. Gracias al señor, a toda
nuestra familia y amigos, a la comunidad de
Coober Pedy, a los ancianos de Umooona, al
gobierno del Estado de Australia del Sur y a
todos nuestros amigos y amigas de Australia
y del mundo. Nos habéis ayudado a nosotras
y a nuestros hijos. Estamos felices. Ahora
podemos tomar un respiro. Queremos tomar-
nos un descanso y empezar con otras cosas.
Sentarnos alrededor del fuego y compartir
historias. Ahora ya no tenemos que hablar
del vertedero todo el tiempo, y andar aquí
y allá. Ahora podemos irnos juntas y acam-
par y coger plantas medicinales y comida
del bosque. Y cuidar de nuestros nietos y
enseñarles lo que hay ahí fuera.
Nosotras estábamos llorando por los más
pequeños y por los que están por venir. Con
toda la ayuda hemos ganado. Muchas gra-
cias a todos y todas por vuestra ayuda.
¡No más basura radioactiva en nuestra
ngura-en nuestra tierra!
Kupa Piti Kungka Tjuta, Ivy Makinti
Stewart, Eileen Kampakuta Brown, Eileen
Unkari Crombie, Emily Munyungka Austin,
Angelina Wonga, Tjunmutja Myra Watson.
Agosto de 2004, Coober Pedy, South
Australia.
Notas:
[1] Remitimos a los lectores al número en
que se publicó el primer artículo, cnt
nº296, diciembre 2003
Más información:
Irati Wanti Campaign Office
PO Box 1043
Coober Pedy - SA 5723
Australia
http://kungkatjuta@iratiwanti.org
http://www.iratiwanti.org
Como ya se informaba en el número de diciembre de 2003, un grupo de mujeres aborígenes de la
localidad de Kupa Piti (Coober Pedy) en el Estado de Australia del Sur, en Australia, ha llevado a cabo
una lucha contra la energía nuclear que dura ya más de 50 años
Una gran victoria para una
gran batalla que nunca cesará
"El gobierno tiene dinero
grande para comprar
todo lo que quieran,
pero nosotras nunca
nos rendimos. Nosotras
le dijimos a Howard que
debía cuidarnos, no
intentar matarnos. Así
sin más. Nosotras
siempre hablamos de
forma directa. Al final,
él no ha tenido el poder,
nosotras sí. Él sólo ha
tenido dinero, pero el
dinero no gana"
Niños aborígenes juegan en su campamento
/ M. ÍÑIGUEZ