CNT - Huesca
Según el Instituto Nacional de Estadística, en
el año 2001 eran 20.000 las personas que tra-
bajaban en la investigación científica median-
te becas de diversos tipos: las becas FPI
(Formación de Personal Investigador) las con-
cede el Ministerio de Ciencia y Tecnología; las
FPU (Formación de Profesorado Universitario)
las convoca el Ministerio de Educación Cultu-
ra y Deporte; también están las becas de la
AECI (Agencia Española de Cooperación Inter-
nacional) otorgadas por el Ministerio de Asun-
tos Exterioreres; las diversas Comunidades
Autónomas y algunas entidades privadas con-
vocan igualmente becas para investigación; y
por último, y quizá las más "precarias", las be-
cas "asociadas a proyectos de investigación" o
para "prácticas en empresas", asignadas "a
dedo" por profesores universitari@s, a través
de las OTRI (Oficinas de Transferencia de Re-
sultados de la Investigación) o mediante fun-
daciones u otro tipo de fórmulas de
colaboración entre la empresa privada, las ad-
ministraciones públicas y las universidades (en
Aragón serían un ejemplo las becas otorgadas
por FEUZ, CIRCE e ITA).
Algo tan obvio como que "investigar es tra-
bajar" es ignorado por las diferentes adminis-
traciones y universidades. Producir
conocimiento científico es como producir pan
o calzado, con la diferencia de que la labor in-
vestigadora lleva asociada una ingente tarea
de estudio y aprendizaje, dada la alta especia-
lización necesaria para el avance en el saber hu-
mano o en el desarrollo de nuevas aplicaciones
de tal saber. Es esta faceta de "formación con-
tinua" la que sirve de excusa a quienes de-
fienden los sistemas de becas en la
investigación, que aducen que l@s becari@s
son estudiantes, aunque peinen canas o so-
brepasen los 30 años con el Certificado de Vida
Laboral impoluto. Los defensores de las becas
suelen olvidar que aproximadamente la mitad
de la producción científica en el Estado Espa-
ñol la hacen l@s becari@s o que las becas ge-
neralmente contienen cláusulas que prohiben
firmar contratos de trabajo con otras entidades
y que suelen establecer dedicaciones de 40 ho-
ras semanales (que luego serán bastantes más
sin posibilidad legal de queja).
Los sindicatos "cazavotos" les suelen igno-
rar, pues l@s becari@s no son votantes po-
tenciales en las elecciones sindicales. Al carecer
del "status" de trabajador, l@s becari@s no
tienen derechos sindicales, lo cual no quiere
decir que no luchen, ni mucho menos. Una par-
te de quienes "disfrutan" de becas de convo-
catorias oficiales se organizan desde hace
tiempo en diferentes asociaciones locales y te-
rritoriales, que se aglutinan en la Federación de
Jóvenes Investigadores (FJI-Precarios). Sus jus-
tas reclamaciones ("ningún investigador sin
contrato") son esquivadas con bastante arte
por la clase política, aunque la lucha "preca-
ria" está consiguiendo algunas mejoras en las
condiciones laborales del colectivo.
En sus centros de trabajo son "exprimid@s"
con diversos grados de ensañamiento. No es
casualidad que FJI-Precarios haya elegido el
color "naranja" para su simbología. L@s beca-
ri@s, además de trabajar sin contrato, muchas
veces le enriquecen el curriculum a sus direc-
tores, le hacen la tesis doctoral, le preparan
prácticas y material docente, le vigilan exá-
menes, recalan en una empresa (que ahorra
costes poniendo becari@s en lugar de traba-
jadores) o en los servicios cualificados de las di-
ferentes administraciones (que también ahorran
de esta manera)...
El Estatuto de los Trabajadores y La Ley de
Prevención de Riesgos Laborales son papel mo-
jado para l@s becari@s. Sus condiciones la-
borales y los riesgos a los que se deben
enfrentar no están regulad@s (más allá del in-
sultante Estatuto del Becario, que aprobó el
gobierno anterior y que mantendrá el actual,
y que, además de insuficiente, es de adscrip-
ción voluntaria para el organismo "becante").
L@s becari@s no tienen derecho a una for-
mación específica sobre los riesgos a los que se
exponen, ni tiene cauces establecidos de de-
nuncia o queja.
El 6 de septiembre de 2004 hubo que la-
mentar la muerte del becario zaragozano César
Ballester Pinilla, de 23 años de edad. Falleció
por asfixia en el interior de una cámara de fru-
ta de "atmósfera controlada" (sin oxígeno) en
la empresa Hermanos Aguilar de Ateca (Zara-
goza). Trabajaba para el IRTA (Institut de Re-
cerca i Tecnologies Agroalimentaries), un
instituto perteneciente a la Generalitat de Ca-
talunya. Concretamente, César Ballester esta-
ba adscrito al STP (Servei Tecnic de Postcollita),
con sede en la Universitat de Lleida, aunque ofi-
cialmente "disfrutaba" de una beca OTRI diri-
gida desde la Escuela Politécnica Superior de
Huesca por un profesor universitario de dibu-
jo (que, dicho sea de paso, hace menos de un
año presentó su tesis doctoral elaborada ínte-
gramente por becari@s). El becario se había
quejado en su entorno familiar (único cauce
posible de queja) de la peligrosidad de su tra-
bajo, en el cual llevaba un mes. La muerte del
trabajador César Ballester ha sido olvidada, las
circunstancias concretas de su muerte se des-
conocen, no hay responsables, nadie sabe nada,
ni siquiera constará oficialmente como muer-
te por accidente laboral, pues era un becario.
En la empresa privada, y con una frecuen-
cia creciente, las becas se convierten en una for-
ma de contratación encubierta que resulta bas-
tante más barata para el empresario que un
contrato laboral "normal". Una entidad priva-
da no puede tener becari@s a su cargo, pero
para eso están las fundaciones diversas de tipo
mixto y otro tipo de organismos "becantes",
que proporcionan al empresario una mano de
obra barata y altamente cualificada a precio de
beca (con comisión para la "E.T.T. de becari@s"
correspondiente). De esta manera se hacen
"prácticas" en empresas sin contratos de prác-
ticas o de formación (ya de por sí excesiva-
mente precarios, pero contratos laborales al fin
y al cabo); además, en la mayoría de los casos,
las supuestas prácticas o investigaciones en
empresas mediante becas no son tales, sino
que son trabajos productivos "normales", pero
con la salvedad de que carecen de una rela-
ción laboral plasmada en un contrato de tra-
bajo.
L@s becari@s de investigación producen
ciencia, conocimiento, o desarrollan aplicacio-
nes y servicios en todos los campos del saber
humano (científico-técnico, bio-sanitario, so-
cial, humanidades). Qué lineas de investiga-
ción científica se han de priorizar y qué
aplicaciones y servicios se quieren desarrollar
a partir de los conocimientos científicos es un
capítulo que merece ser tratado aparte. Cabe se-
ñalar que la sociedad civil tiene usurpada la
facultad de decidir sobre estos aspectos, pues
la voraz investigación y desarrollo (I+D) mili-
tar es intrínseca al incuestionable modelo eco-
nómico capitalista (el mismo que aumenta sus
beneficios gracias a las becas). Para el año 2005,
el Estado Español dedicará unos 1.600 millones
de euros para I+D militar, ocupando el segun-
do puesto en cuanto a porcentaje del Produc-
to Interior Bruto dedicado a este capítulo (por
detrás de Estados Unidos). Entretanto, los prin-
cipales programas de I+D civil habrán de con-
formarse con 838 millones de euros, de los
cuales unas migajas acabarán en los bolsillos del
precario colectivo becario.
Fuentes:
- Manifiesto contra la precariedad en la in-
vestigación. 2004. Federación de Jóvenes
Investigadores (FJI-Precarios).
- Estudio bibliométrico de la producción cien-
tífica del Personal Investigador en Formación
y Perfeccionamiento en España. Octubre
2001. Federación de Jóvenes Investigado-
res (FJI-Precarios).
- Informe sobre los presupuestos para I+D ci-
vil y militar en España. Barcelona, octubre
2004. Fundació per la Pau.
cnt
n°307 diciembre 2004
Actualidad
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La trastienda de la ciencia:
las becas de investigación
La creciente precariedad laboral existente en todos los sectores productivos no
olvida a la investigación científica. En cada organismo público de investigación,
en cada Universidad o en cada centro dependiente del CSIC (Consejo Superior de
Investigaciones Científicas), existe un submundo: el de l@s becari@s. Trabajan
sin derechos, sin vacaciones ni horarios regulados, sin permisos por maternidad
o paternidad, sin cotización a la Seguridad Social ni cotización para prestación por
desempleo, sin antigüedad ni pagas extraordinarias, sin bajas por enfermedad o
accidente, sin cauces definidos de queja o reclamación, sin medidas de prevención
de riesgos laborales.... En una palabra: trabajan sin contrato.
César Ballester Pinilla In Memoriam
Algo tan obvio como que "investigar es trabajar"
es ignorado por las diferentes administraciones y
universidades
Los investigadores precarios se manifiestan en Madrid.
/ AGENCIAS