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Editorial
cnt
n°307 diciembre 2004
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3
Redacción
E
l pasado 2 de Noviembre, nada
más conocerse que George W.
Bush había logrado, contra
todo pronóstico, cuatro años
más para continuar con sus
guerras preventivas, sus políticas impe-
rialistas y su recorte de libertades ciuda-
danas, 120.000 estadounidenses
colapsaron la web del Ministerio de Inmi-
gración del vecino país canadiense, que
recibe desde entonces una media de
20.000 peticiones diarias de información.
Oficialmente no hay datos de un eventual
aumento migratorio, pero abundan cada
día en prensa, radio y televisión testimo-
nios de estadounidenses dispuestos a via-
jar a Canadá o a Europa sin billete de
vuelta.
¿A qué se debe este éxodo político, que
se plantea principalmente la clase media
alta, los profesionales liberales, los repre-
sentantes del mundo de la cultura, acto-
res como Redford o Sean Penn? ¿A qué le
temen estos súbditos del país de las li-
bertades, la cuna de la democracia? ¿Qué
más puede esperarse de un tipo que ha
asesinado a más de 20.000 civiles en poco
más de un año, que mantiene campos de
concentración ilegales en su territorio,
que ha permitido la tortura pasándose por
el forro los derechos humanos y asegu-
rándose que jamás se sentará en el Tribu-
nal de la Haya junto a sus homólogos
Sharon, Sadam Hussein o Milosevic?
Escuchar los testimonios de estos aspi-
rantes a inmigrantes ¿ilegales? no aclara
mucho este curioso fenómeno. Parece ha-
ber tantas razones como estadounidenses
dispuestos a abandonar su país. "Tengo
miedo de acabar en la cárcel por culpa de
la Patriot Act de Bush", explica en un re-
portaje una anciana de 72 años con las
maletas a punto para volar hacia su apar-
tamento de Estocolmo. Meses atrás, esta
estadounidense se manifestó y colaboró
económicamente en movilizaciones con-
tra la guerra de Irak y ahora teme que se
le aplique un artículo de dicha ley que
prevé penas de cárcel para quien colabo-
re consciente o inconscientemente con
grupos afines al terrorismo. "Psicológica-
mente, no soporto enfrentarme cada ma-
ñana a los desastres de la Administración
Bush", dice un profesor de matemáticas
dispuesto a trasladarse a Europa.
Huyen de Bush por temor a represalias,
por coherencia ideológica o por otros mo-
tivos. Y su actitud nos resulta loable se-
guramente porque llega desde un país del
que ya no esperamos nada. Menos aún
después de una segunda victoria de Bush.
Pero no es muy arriesgada que digamos.
Mientras se plantean instalarse en Ca-
nadá, en Europa, en Madrid, entre nues-
tros inmigrantes, los que ahora son
regularizados para cuadrar al alza las
cuentas de la Seguridad Social, persegui-
dos aquellos que no tienen utilidad eco-
nómica para el sistema y hasta enviados
a Irak por el Ministerio de Defensa de Tri-
llo sin papeles, sin seguro y por 40 míse-
ros euros diarios, en Faluya la gente
también huye de Bush. Un tercio de sus
300.000 habitantes escapaba de la ciudad
más o menos en la misma fecha en que se
conocía su victoria electoral ante el ase-
sinato en masa que se avecinaba. Tam-
bién huyen en Bagdag. Y en Tikrit. Y en
Ramala, en Gaza, en Jerusalén... huyen de
Sharon, o, lo que es lo mismo, de Bush.
Pronto no nos quedarán lugares a los que
escapar. Es momento de actuar, no de huir.
Mientras se plantean
instalarse en Canadá,
en Europa, en Madrid,
entre nuestros
inmigrantes, los que
ahora son
regularizados para
cuadrar al alza las
cuentas de la
Seguridad Social,
perseguidos aquellos
que no tienen utilidad
económica para el
sistema
Secretariado Permanente del Comité
Nacional de la CNT
L
uces, colorido, animación. Lle-
gan las navidades y tenemos
que estar contentos, se acaba
un año y empieza otro cargado
de buenos deseos y propósitos;
todos seremos mas altos, mas guapos, in-
cluso más jóvenes.
Y, para variar, siempre tiene que venir
un aguafiestas, un servidor en este caso,
para criticar y cuestionar unas fechas tan
bonitas y entrañables.
Como todos hemos visto o nos han
contado, en estas bonitas fiestas es cuan-
do se montan descomunales trifulcas fa-
miliares que, a veces, acaban en urgencias
hospitalarias. Es normal, eso de estar ale-
gre por narices rodeado de gente a la que
no vemos, o no queremos ver, el resto del
año, es duro; le añadimos un poquito de
bebida alcohólica y ¡fuera inhibiciones!,
sale a colación hasta la pelotita que te
quitó tu hermano de pequeño. Fiesta esta
del disimulo, la hipocresía y el bien que-
dar, si se puede.
Como todos vemos, o mejor, no vemos,
esos mendigos, esa basura humana que
nos acompaña en los días normales, tien-
de a desaparecer; ellos también se mere-
cen su trozo de alegría estúpida y se les
almacena en los albergues o similares.
También es verdad que fastidia un poco
salir de la copiosa cena o el cotillón y en-
contrárselos. El maquillaje festivo tiene
que ser para todo.
Y los niños, porque los niños disfrutan
mucho en su inocencia, pierden los ojos
tras tres fantoches reales, y un no menos
fantoche con campanilla, que les deslum-
bran desde cualquier esquina ofreciendo,
aparte del don de la ubicuidad, las mara-
villas del consumo desenfrenado.
Porque esto es la navidad; consumo
compulsivo, derroche grotesco e impúdi-
co, envidia, celos, disimulo.
Pues nada, a disfrutar, a endeudarnos
si es preciso; tenemos todo el año por de-
lante para arrepentirnos.
Mutis
Navidades
Huir de Bush
Porque esto es la
navidad; consumo
compulsivo, derroche
grotesco e impúdico,
envidia, celos, disimulo
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