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Cine: Good Bye, Lenin! Un cine europeo políticamente correcto

Germinal

Entre los acontecimientos que han marcado la reciente historia europea está la reunificación de Alemania y, con ella, la caída del muro que dividía a Berlín. Acontecimientos que desde la tragicomedia retrata esta película recientemente nombrada mejor película europea del 2003. Premio que no ha hecho sino confirmar el éxito de público que desde su estreno ha tenido no sólo en Alemania sino también en el resto del continente.

Con toda seguridad Good Bye Lenin! tiene unos referentes que sólo los más directamente implicados en los sucesos pueden sacarle todo el jugo que tienen y, sobre todo, ser capaz de identificarse sentimentalmente. Porque la virtud, y el gran problema del filme es precisamente el tono lacrimógeno que le invade y que sitúa el espectador en un tiempo mucho más lejano del que realmente contemplamos. Perspectiva que no tendría mayor problema si no fuera porque de esta manera queda como una película excesivamente políticamente correcta. El argumento se va reduciendo a las vivencias del hijo que con amor filial quiere ayudar a su madre herida de muerte. Todo va apareciendo como inevitable. En primer lugar, el lógico derrumbe del socialismo de la República Democrática y la entrada de sus millones de ciudadanos en la única verdad posible: la capitalista.

No se trata, por supuesto, ni de defender, ni mucho menos añorar, el sistema del socialismo real impuesto durante largas décadas en lo que entonces se llamaba los países del "telón de acero". Sólo quiero decir que hoy día aparece como una verdad tautológica que fuera del mundo capitalista no sólo hay alternativa posible sino modo social. Seguramente con toda su buena intención, Wolfgang Becker, ha cargado las tintas en la relación madre-hijo y en las sucesivas invenciones de éste último para evitarle el disgusto a su madre de saber que la patria por la que tanto ha luchado ha dejado de existir. Pretensión que, al final, sabemos que es inútil porque nunca había estado engañada. Su marido no la había dejado por ninguna pérfida capitalista, sino que había huido del paraíso socialista, algo a lo que ella no se había atrevido.

Salvando las distancias Good Bye Lenin! recuerda a algunas de las películas de Capra. Del aspecto más casposo del mejor propagandista del modo de vida americano. El argumento y los personajes conectan con el espectador mediante unos guiños lacrimógenos que, excelentemente construidos, nos hacen cómplices de las pretensiones del protagonista. Son los mejores momentos de la película, sobre todo los que describen la construcción de una ficción televisiva por un aficionado que es capaz de construir un anuncio como homenaje al 2001 de Kubrick. Al lado, hay otros personajes que, al menos en la versión doblada, chirrían considerablemente. Como Lara, la enfermera rusa, cuyo doblaje, en la versión en español, nos recuerda los peores que retrataban a los perversos espías de la KGB soviética.

En definitiva una película que no dejaría de ser una más, buenas intenciones incluidas, de las que pasan por las pantallas cuando la industria norteamericana lo permite. Una película que por su mensaje directo al corazón del espectador, por su corrección narrativa, aunque a veces le falle el pulso, y, sobre todo, por su corrección política, ha gozado de todos los beneplácitos de la industria y la política europea hasta llegar a la concesión del premio a la mejor película del año. Son los tiempos que nos tocan vivir. En los que las viejas fórmulas del cine estadounidense reverdecen en la "locomotora europea". Con sus peculiaridades y tic propios, pero en el fondo con el mismo mensaje de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, o al menos en el menos malo.

Todos los acontecimientos históricos necesitan no sólo de su épica, sino también de su lírica. La reunificación alemana ya tenía algunas muestras de la primera. Ahora Good Bye Lenin! nos trae la segunda. Sensiblera y con un guión que a veces se estanca, la película tiene la virtud de que conecta con el espectador por su apelación a los sentimientos. Ya se sabe que, a pesar de lo que nos quieran decir, en nosotros predominan los buenos sentimientos sobre los malos.

N.B.

El mes pasado se publicó un comentario sobre la película La pelota vasca y los problemas de distribución que estaba teniendo. Ahora, quien escribe estas líneas puede decir que, finalmente, se ha estrenado en un cine de la ciudad en la que vive. No sé si algo ha tenido que ver el artículo que cierta "autoridad" socio-cultural de la ciudad publicó en un periódico local sobre la vergüenza que ello significaba para una sociedad que se pretendía democrática. Después de verla, no puedo menos que insistir en la recomendación de que es un ejercicio de salud mental ir a verla. Pocas veces un director, como en este caso Julio Medem, se ha comprometido con un problema que condiciona la vida de millones de personas. Sin esperar a que el toro pase, con honradez y nadando contracorriente. Todo lo contrario que el caso del Good Bye Lenin! comentada.

 

 

Dirección: Wolfgang Becker

Guión: Bern Lightenberg, Wolfgang Becker

Interpretes: Daniel Brühl, Katrin Sass, Chulpan Khamatova, Maria Simon, Florian Lucas

Montaje: Katja de Bock, WDR, Andreas Schreitmüll

Fotografía: Martin Kukula

Música: Mikel Laboa

Productor: Stefan Arndt

Alemania 2002

1h 58min

 

Arriba. ¡LUCHA ANTIFASCISTA!

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